Open-access ¿Cómo investigamos nosotras? Reflexiones sobre técnicas y experiencias de investigación en salud desde metodologías críticas con enfoque feminista

How do we research? Reflections on techniques and experiences in health research from critical methodologies with a feminist approach

Como nós pesquisamos? Reflexões sobre técnicas e experiências de pesquisa em saúde a partir de metodologias críticas com enfoque feminista

Resumen

Este artículo es una reflexión acerca del papel de la investigación desde enfoques feministas que utilizan metodologías críticas en el campo de la salud en América Latina. Partiendo de una revisión narrativa en las bases de datos más importantes (Scopus, WoS, LILACS, Latindex, Scielo y Pubmed) y en repositorios de universidades de la región, se identificaron y caracterizaron las técnicas y estrategias más utilizadas, así como los temas abordados. Los resultados muestran una baja presencia de este tipo de enfoques y técnicas en la investigación en el campo de la salud, lo que abre reflexiones acerca de los fines para los cuáles se hacen este tipo de investigaciones, sus circuitos de divulgación de conocimiento, las condiciones y posibilidades de la producción científica con enfoque feminista, así como las relaciones de poder en espacios académicos, entre otras posibles.

Palabras clave:
metodologías críticas; enfoques feministas; salud; ciencias sociales; América Latina

Abstract

This article is a reflection on the role of research from feminist approaches using critical methodologies in the field of health in Latin America. Based on a narrative review in the most important databases (Scopus, WoS, LILACS, Latindex, Scielo and Pubmed) and in university repositories of the region, the most used techniques and strategies were identified and characterized, as well as the topics addressed. The results show a low presence of this type of approaches and techniques in research in the field of health, which opens reflections about the purposes for which this type of research is done, its circuits of knowledge dissemination, the conditions and possibilities of scientific production with a feminist approach, as well as the power relations in academic spaces, among other possible issues.

Keywords:
critical methodologies; feminist approaches; health; social sciences; Latin America

Resumo

Este artigo é uma reflexão sobre o papel da pesquisa a partir de enfoques feministas que utilizam metodologias críticas no campo da saúde na América Latina. A partir de uma revisão narrativa nas bases de dados mais importantes (Scopus, WoS, LILACS, Latindex, Scielo e PubMed) e em repositórios de universidades da região, foram identificadas e caracterizadas as técnicas e estratégias mais utilizadas, assim como os temas abordados. Os resultados mostram uma baixa presença desse tipo de enfoque e técnicas na pesquisa em saúde, o que abre reflexões sobre os objetivos para os quais se realizam esse tipo de investigação, seus circuitos de divulgação de conhecimento, as condições e possibilidades da produção científica com enfoque feminista, bem como as relações de poder nos espaços acadêmicos, entre outras possíveis.

Palavras-chave:
metodologias críticas; enfoques feministas; saúde; ciências sociais; América Latina

Introducción

¿Cómo investigamos nosotras?1 Crítica feminista a la investigación

Históricamente, el positivismo ha sido la brújula y el canon de la ciencia. Este paradigma ha dominado la producción científica al establecer que la realidad podía conocerse mediante la observación empírica y la razón. Desde esta perspectiva, los conocimientos y saberes que carecían de evidencia científica fueron deslegitimados (Bonavitta 2024).

La crítica a este paradigma se ha preguntado por las bases de producción del conocimiento, tanto en sus formas como en el fondo, partiendo por las premisas que aún hoy lo sostienen: la objetividad, neutralidad, universalidad y replicabilidad. El paradigma construccionista, las teorías y prácticas provenientes del materialismo histórico y los enfoques cualitativos han contribuido a este cuestionamiento. En el siglo XX, a partir de la década de los ochenta, a las críticas en boga, se suman las del enfoque feminista, poniendo de relieve el posicionamiento político, cuestionando la neutralidad y dando cuenta de la presencia de sexismo y androcentrismo en la ciencia (Nogueiras 2023).

Dicha crítica feminista, por una parte, denuncia que el conocimiento científico fue construido sin las mujeres hasta el siglo XX, puesto que “hubo una masiva oposición histórica a que las mujeres tuvieran a su disposición una educación, títulos y trabajos” (Harding 1996, 20); y por la otra, sostiene que las temáticas de investigación no abordaron ni los intereses ni las necesidades de las mujeres. En la misma línea, los métodos de investigación que se alejaban de esta perspectiva imperante no eran considerados científicos (Nogueiras 2023).

En vista de esta exclusión histórica, se desarrolla una “profunda crítica epistemológica hacia la ideología sexista del conocimiento y su papel en la perpetuación de la subordinación de las mujeres, así como la búsqueda de otros paradigmas que incorporen el punto de vista feminista y que transformen la ciencia” (Nogueiras 2023, 125). Ortiz Gómez junto a Cabré y Pairet señalan que

[…] la teoría feminista se centra en develar los valores patriarcales presentes en la ciencia, es decir, los valores del sistema de dominación masculino, con el objetivo de construir una ciencia y un mundo en el que las diferencias sexuales y de género no impliquen desigualdad social, económica, política o investigadora (Ortiz Gómez y Cabré i Pairet 1999, 84).

En este sentido, hacer investigación feminista implica posicionamientos epistemológicos que se aboquen a generar conocimiento desde una perspectiva que abarque experiencias, realidades y subjetividades inclusivas con foco en y desde las mujeres. Para ello se aplican metodologías que buscan visibilizar y cuestionar las desigualdades de género y de poder, y procurar una representación diversa, así como la reducción de jerarquías entre investigadoras y participantes, teniendo como fin último promover transformaciones sociales de amplio alcance en pos de los derechos de las mujeres especialmente. En función de lo anterior, la investigación feminista se distingue por su mirada crítica y reflexiva y un enfoque metodológico innovador que busca desmantelar y cuestionar las estructuras de opresión que han operado históricamente en el mundo científico, como también ofrecer una representación más amplia y comprensiva de la realidad social (Cortés 2021). Estudios recientes evidencian que la presencia de metodologías vinculadas a enfoques feministas en la academia ha aumentado en el último tiempo y no solo en las ciencias sociales (García-González 2021; Anigstein Vidal et al. 2022).

Un enfoque central en la epistemología feminista, estrechamente vinculado con la reflexividad, es el de conocimientos situados, propuesto por Donna Haraway (1995). Esta propuesta parte del reconocimiento de que el sistema sexo-género influye no solo en quien investiga, sino que también en quien es investigado/a, y en el conocimiento que se produce, lo cual permite visibilizar que existen perspectivas particulares y representaciones parciales de la realidad, condicionadas por las características sociales del sujeto investigador, el sujeto de investigación, así como del contexto en el cual estos se desenvuelven. Lejos de asumir una visión relativista, el conocimiento situado reconoce la imposibilidad de una neutralidad absoluta y plantea que la objetividad genuina se fundamenta en la parcialidad, la especificidad, la reflexividad y la responsabilidad ética (Nicolás 2009; Gandarias 2014). Desde esta perspectiva, generar conocimiento es siempre un acto político que requiere conciencia crítica y compromiso (Biglia 2015). Así, los conocimientos situados constituyen un puente entre la experiencia y la identidad de quien investiga y el sujeto u objeto de estudio, estableciendo una relación coherente entre el posicionamiento personal y el proceso investigativo (Pujol et al. 2003).

En cuanto a la dimensión metodológica, podemos decir que la investigación desde perspectivas feministas se caracteriza por su pluralidad y capacidad de adaptación. Palomo y Terrón (2014) argumentan que estas prácticas suelen considerar la diversidad de enfoques, con énfasis en la importancia de la interseccionalidad, esto es, la interacción entre diferentes formas de discriminación que enfrentan las personas en función de su raza, clase social, orientación sexual, entre otros (Crenshaw 1989). De este modo, la investigación feminista lejos de ser homogénea, se nutre de múltiples voces, tradiciones y experiencias, reflejando la complejidad y riqueza, no solo de los diversos campos disciplinares en los que se despliega, sino que también del entorno social y político en que se desarrolla.

Otro aspecto central de las metodologías de investigación con enfoque feminista es que abogan por una relación horizontal y participativa entre investigadoras/es e investigadas/os (Sánchez Zapata y Caicedo-Muñoz 2016). Como antes señalábamos, el concepto de conocimiento situado, desarrollado por Donna Haraway (1995), se complementa con la propuesta de Mies (1991), quien sostiene que la experiencia personal es un punto de partida válido tanto para la teoría como para la metodología de corte feminista, puesto que incorpora la subjetividad de las mujeres como fuente legítima del saber. Este reconocimiento se vuelve particularmente importante al visibilizar las múltiples diferencias y similitudes entre las experiencias femeninas, determinadas por variables como la clase social, la etnicidad, la orientación sexual o la religión, etc. (Harding 1987; Delgado 2012).

La visibilización de la experiencia personal desde una perspectiva interseccional coincide también con los planteamientos de los feminismos decoloniales y comunitarios, que proponen transformar la realidad a través de marcos interpretativos arraigados en creencias y concepciones locales, en lugar de depender exclusivamente de marcos teóricos occidentales y hegemónicos (Curiel 2019; Lugones 2016; Cabnal 2019).

Una breve mención a las metodologías críticas y participativas

En América Latina, desde la década de 1970 la academia ha incorporado progresivamente metodologías participativas a partir de las críticas al poco potencial explicativo de las teorías y metodologías vigentes, que impedían una contextualización y la construcción de una ciencia propia (Pajares Sánchez 2020) que reforzaran la identidad y la pertenencia de la comunidad y las clases populares (Fals Borda, 1985). Las metodologías participativas y críticas se han posicionado como herramientas que promueven la inclusión, el pensamiento crítico y la justicia social (Oraisón et al. 2023), fomentando la participación ciudadana en la resolución de problemas locales y/o comunitarios (Pastor Seller 2004). Uno de los elementos centrales de aquellas metodologías, de igual forma que en las perspectivas feministas, radica en la transformación y desestabilización de la relación sujeto investigador-sujeto investigado, para pensar en formas de conocimiento colaborativo de tipo dialógico (Anigstein Vidal et al. 2023). Dicho de otro modo, “[…] lo central no es el objeto de estudio, sino el sujeto de estudio que participa y produce conocimiento” (Blazquez Graf et al. 2012, 103). En este marco, la finalidad de la investigación no es únicamente la producción de conocimiento especializado de tipo académico, sino que responde a necesidades y propósitos más amplios, en los que están involucrados las y los investigadores y la comunidad participante (Mercado-Martínez 2002).

Estas metodologías han sido enriquecidas con perspectivas decoloniales, en virtud del interés en la justicia cognitiva, entendida como la búsqueda de reconocimiento, validación, legitimación y derecho de otras formas de ser y conocer, especialmente aquellas de pueblos que han sido históricamente oprimidos por la ciencia y el paradigma occidental dominante (Porto et al. 2022). Estas miradas proporcionan las bases para la construcción de procesos emancipatorios mediante el diálogo intercultural como camino para integrar conocimientos en encuentros sensibles entre distintos lenguajes y epistemologías, para una ecología de saberes, aplicable a diversas áreas, tales como la agroecología, la educación, la salud, el desarrollo comunitario y políticas públicas (Rodríguez 2021).

En el ámbito de la salud, este enfoque ha sido de utilidad para integrar el conocimiento indígena y las prácticas tradicionales en los procesos de investigación y en procesos de diálogo intercultural (Oraisón et al. 2023) promoviendo la equidad y la inclusión en la atención de salud, fomentando la implicación directa de las comunidades afectadas (Fortuna y Oramas 2024) en procesos de diseño, implementación y evaluación de intervenciones sanitarias (Mercado-Martínez 2002). Este tipo de intervenciones no solo enriquece la pertinencia cultural de las acciones, sino que también incrementa su efectividad y sostenibilidad.

Tanto las metodologías críticas como los enfoques feministas coinciden en ofrecer un marco teórico y práctico que permite cuestionar y desafiar las estructuras de poder existentes en el campo de la salud, visibilizando experiencias de actores sociales, lo que tiene la potencia de fortalecer las distintas agencias y miradas involucradas, pudiendo catalizar cambios en contextos de violencia y desigualdad (Palumbo y Vacca 2020). Se trata de perspectivas situadas y críticas sobre las relaciones de poder, el conocimiento y las prácticas sociales (Anigstein Vidal et al. 2023; Curiel 2019; Lugones 2016), que contribuyen a validar sistemas de conocimientos y saberes de pueblos originarios, populares y comunitarios históricamente subalternizados por racismos epistémicos, proponiendo una ecología de saberes (Lugones 2016), como aspiración a la justicia cognitiva (Porto et al. 2022).

El presente artículo no pretende realizar una revisión exhaustiva de la literatura, sino que más bien se propone describir de manera selectiva (Forero 2024; Icart Isern y Canela Soler 1994) el uso de enfoques y metodologías críticas y feministas en investigación en salud en Latinoamérica.

Metodología

Empleamos un enfoque cualitativo por medio de una revisión de artículos académicos publicados a partir del año 2000 hasta la actualidad (2025). La revisión implementada fue de carácter narrativo, cuyo “[…] objetivo es identificar, analizar, valorar e interpretar el cuerpo de conocimientos sobre un tema específico” (Guirao Goris 2015) e identificar las lagunas de conocimiento (Gálvez Toro 2001).

La búsqueda se concentró en las bases de datos Scopus, Web of Science (WoS), LILACS, Latindex, Scielo y Pubmed. Asimismo, recurrimos a repositorios académicos priorizando aquellos estudios desarrollados en países latinoamericanos con el objetivo de situar el análisis en contextos socioculturales y políticos afines, como también contrarrestar la hegemonía del Norte global en la producción de conocimiento. Designamos las siguientes palabras clave: “metodologías críticas”, “metodologías participativas”, “feminista”, “salud”, “salud colectiva”. La búsqueda preliminar arrojó un número limitado de resultados, por lo que afinamos la estrategia buscando de manera individual técnicas de metodologías específicas, tales como “investigación acción participativa (IAP)”, “fotovoz”, “cartografía participativa” y “etnografía”. Posteriormente, para ampliar el alcance de la pesquisa, incluimos las palabras clave en inglés y portugués. Para acotar los resultados a América Latina, delimitamos los países incorporando directamente sus nombres en la sintaxis de búsqueda, lo que permitió garantizar la pertinencia territorial de los artículos recopilados. La búsqueda arrojó un total de 81 artículos académicos. En la Tabla 1 se presenta un resumen.

Tabla 1
Publicaciones revisadas.

A pesar de la escasa cantidad de publicaciones que señalan trabajar desde perspectivas feministas con metodologías críticas y participativas en el campo de la salud, pudimos identificar ciertos métodos y técnicas que están siendo más utilizadas, así como describir objetivos, poblaciones, y premisas que se encuentran en estos trabajos.

Resultados

Las estrategias metodológicas más utilizadas en los artículos revisados son: Investigación-acción participativa (IAP), cartografías feministas, etnografías feministas, fotovoz y talleres participativos.

Investigación-acción participativa (IAP)

Cerca de la mitad de los artículos (41) declaran trabajar desde este enfoque, siendo el más utilizado en este tipo de publicaciones. De estos, una gran mayoría (37) señalan incluir otras técnicas como talleres, cartografía y etnografía principalmente. Los países en los que se utilizaron son Brasil (7), México (6), Argentina (5) y Chile (4). Los temas más frecuentemente abordados son: cuidados, salud sexual y reproductiva, resistencia territorial y violencia de género. Este enfoque se caracteriza por involucrar activamente a la comunidad, especialmente organizada, en el proceso de investigación, permitiendo la co-creación de conocimiento y soluciones.

El término “investigación participativa” se aplica a una amplia gama de procesos de investigación [....] que reconoce la riqueza de los recursos que los miembros de la comunidad aportan a los procesos de conocer, crear conocimiento y actuar sobre ese conocimiento para lograr un cambio (Loewenson et al. 2014, 12).

En este sentido, implica a la comunidad desde la identificación de problemas hasta la implementación de soluciones, creando un sentido de empoderamiento y autoeficacia entre las y los participantes (García-Rodríguez et al. 2022). Desde un enfoque feminista, la IAP busca empoderar a las mujeres y darles voz en la toma de decisiones sobre su salud. Esto se alinea con la necesidad de una mayor participación comunitaria para mejorar la equidad en Latinoamérica (Hinostroza Robles et al. 2024). La IAP ha sido utilizada en diversos contextos, como en programas de fortalecimiento de las capacidades, competencias y saberes de mujeres para mejorar su salud y bienestar (Valencia et al. 2025).

Etnografía feminista

De los artículos revisados, 10 estudios utilizan etnografía feminista como metodología principal, distribuidos en: México (3, Chile (2), Argentina (1), Brasil (1), Colombia (1), Perú (1) y Guatemala (1). Destacan trabajos en contextos rurales, indígenas y urbanos, con enfoques interseccionales que vinculan género, raza y clase. La etnografía feminista en estos estudios se caracteriza por una inmersión de campo prolongada, la convivencia con comunidades para documentar prácticas cotidianas y violencias estructurales; un enfoque participativo donde las investigadoras asumen roles activos, como acompañantes o militantes, rompiendo la jerarquía investigador/a-sujeto, la combinación con otras técnicas como observación participante, entrevistas narrativas, talleres y herramientas visuales (ej. fotovoz), además de un declarado compromiso político, cuyo objetivo es transformar realidades, no sólo describirlas, priorizando voces de mujeres marginadas y/o subalternizadas.

Su propósito político es develar violencias y el análisis de género, la etnicidad y la clase y cómo se intersectan en opresiones como la medicalización, el despojo territorial o la criminalización; la documentación de estrategias de resistencias y visibilizar estrategias de cuidado, organización comunitaria y reivindicación de saberes ancestrales. Un ejemplo paradigmático se encuentra en el trabajo de Távara y Lykes (2022) con mujeres quechuas en Perú, que usa etnografía para documentar cómo sus asociaciones de tejido resisten al capitalismo, mostrando que la metodología es tanto una herramienta de análisis como de acompañamiento en luchas concretas.

Fotovoz

En la revisión solo 6 artículos declaran trabajar con está técnica, con una clara distribución en países de Centroamérica (Perú, Costa Rica, México, Guatemala, Nicaragua, Colombia). En los artículos revisados aparece en combinación con otras técnicas como talleres participativos, entrevistas e IAP, abordando temas como violencia de género, derechos humanos, medio ambiente, salud sexual y reproductiva y participación social.

Dentro de las metodologías audiovisuales y discursivas, la técnica se presenta como una herramienta para conocer la realidad social desde una perspectiva participativa (Gubrium y Harper 2016). Wang y Burris (1997), sus precursoras, lo definen como “un proceso a través del cual las personas pueden identificar, representar y mejorar sus comunidades por medio de una específica técnica fotográfica” (369). En términos prácticos, consiste en invitar a las personas participantes a tomar fotografías sobre aspectos relevantes de su vida cotidiana, contemplando su entorno y en este caso sus experiencias en salud. Estas imágenes permiten identificar recursos, necesidades y preocupaciones, acompañadas de una descripción personal que da sentido a cada fotografía. Luego, en conjunto con el equipo investigador, se discuten las imágenes como punto de partida para reflexionar sobre sus condiciones de vida y generar propuestas que puedan orientar políticas públicas (Martínez-Guzmán et al. 2018). El enfoque de esta técnica ha estado influenciado fuertemente por el feminismo, particularmente por su “[…] marcado interés por el uso de esta metodología para el estudio de las condiciones y experiencias de las mujeres, particularmente en el ámbito de la salud, la educación y el desarrollo comunitario” (Martínez-Guzmán et al. 2018, 159).

Cartografía participativa

La búsqueda arroja un total de 21 artículos, en uso principal o como herramienta secundaria. Los países con mayor presencia son Argentina (5 artículos), Chile (5), Brasil (3), México (3), Colombia (3), Ecuador (1), Perú (1). Se abordan temáticas como salud menstrual, violencia de género, cuidados, derechos territoriales y salud reproductiva, utilizando metodologías participativas y enfoques teóricos feministas decoloniales, interseccionales y comunitarios. Argentina y Chile lideran en uso de cartografías corporales (menstruación, parto, cuidados). Brasil y México enfatizan en cartografía social y textil (luchas territoriales, violencias), Colombia destaca en aplicaciones postconflicto armado y maternidades. La cartografía feminista es flexible: se utiliza para trabajar con temas de afectación subjetiva (cuerpo) hasta lo colectivo (territorio), permite visibilizar experiencias subjetivas. Destacan los mapas corporales, que exploran cómo el cuerpo-territorio registra marcas de opresión y agencia.

El concepto de cartografía feminista, emerge como una herramienta metodológica y política para mapear violencias y resistencias desde una perspectiva encarnada. Estudios como los de Bonavitta (Argentina) (Bonavitta 2019) y Morón-Tadic (Chile) (Morón-Tadic y De-la-Fuente-Véliz 2023) la definen como un proceso colectivo que visibiliza cómo el cuerpo-territorio registra opresiones (ej. división sexual del trabajo, medicalización) pero también prácticas de cuidado y reexistencia. La cartografía participativa, técnica que proviene de la geografía, puede utilizarse para visibilizar experiencias no presentes o silenciadas en la cartografía oficial, para desestabilizar relaciones de poder, repensar, imaginar e incluso, plantear alternativas a la realidad (Font 2018). A partir de la premisa anterior, el feminismo interpela las lecturas hegemónicas mediante una apropiación crítica, reflexiona, aprende y actúa contra el mapa oficial que ha definido qué se considera ciencia y quiénes tienen derecho a producirla (Ojeda 2020).

En función de lo planteado, la cartografía participativa feminista se define como un proceso de creación narrativa que desafía los relatos dominantes sobre los territorios a partir de saberes y experiencias cotidianas (Risler y Ares 2013; Cazorla-Becerra y Gamboa-Morales 2023). Cabe mencionar que la cartografía no solamente se encarga de la dimensión espacial, sino también de las dimensiones corporales, sociales y afectivo-emocionales de las vivencias de quienes no ocupan lugares hegemónicos (Bonavitta 2024; Cabnal 2019; Anzaldúa 2015; Espinosa Miñoso 2010; Pisano 2010). Esta estrategia implica que las comunidades creen mapas que reflejan su conocimiento del territorio, experiencias, recursos y amenazas a su salud. Permite una aproximación dialógica entre saberes, pues permite expresar y compartir saberes sobre la realidad (Soares et al. 2022; Silva y Verbicaro 2016). Uno de los elementos más importantes radica en que la cartografía es una herramienta de conocimiento social y autoconocimiento individual que “permite dar luz a aquello que permanece en las sombras, desde un lugar amoroso y creativo, con la intención de construir y ampliar las miradas” (Bonavitta 2024, 9).

Entre las experiencias identificadas, Parra-Valencia (2023) realizó una cartografía comunitaria de saberes y prácticas para sanar en Sucre, Colombia. En este se identificaron fortalezas y saberes populares de mujeres campesinas en torno a las plantas medicinales. En términos metodológicos, se integraron estrategias colectivas como las entrevistas comunitarias, los recorridos veredales, los encuentros en torno al fogón de leña, el jardín de flores, las huertas y los diálogos abiertos. Estas experiencias muestran que la cartografía puede ser usada no sólo como técnica, sino como un medio de resistencia social y de integración de conocimientos diversos (Soares et al. 2022).

Talleres participativos

Se identificaron 8 artículos que emplean talleres participativos como metodología principal, distribuidos en: Argentina (2), Chile (2), México (1), Brasil (1), Colombia (1) y Costa Rica (1). Estos estudios se enfocan en contextos urbanos, rurales e indígenas, con énfasis en la construcción colectiva de conocimiento. Los talleres se caracterizan por un diálogo horizontal, construyendo espacios donde participantes e investigadoras co-construyen saberes, rompiendo jerarquías académicas, el uso de técnicas creativas, como cartografía corporal, fotovoz, dramatizaciones y bordado para expresar experiencias, procesos iterativos con sesiones repetidas que permiten profundizar en temas como violencia de género, salud menstrual o defensa del territorio y un enfoque emancipador que busca generar acciones concretas, como manuales de autocuidado o políticas públicas locales.

Sus objetivos principales apuntan al empoderamiento para fortalecer capacidades de mujeres y disidencias para identificar y denunciar violencias, la producción de conocimiento situado, documentar saberes ancestrales o estrategias comunitarias. La incidencia política es otro elemento en común, apuntando a crear herramientas pedagógicas o levantar demandas institucionales.

Estos espacios permiten construir colectivamente conocimiento y fomentar el intercambio de ideas. Calafell (2019) describe cómo la Ginecología Natural se ha desarrollado como una expresión sociocultural emergente en América Latina, con talleres vivenciales donde se recuperan y comparten saberes entre pares. Ejemplos de estas experiencias se encuentran en Perú (Fanzine Colectivx 2015) y Colombia (Mujeres al Borde 2016), donde se crearon fanzines como herramientas pedagógicas. En estos talleres se cuestiona la hegemonía de la biomedicina en la ginecología y se reivindican epistemologías ancestrales y populares desde una mirada feminista y decolonial.

Las publicaciones revisadas demuestran el valor de las metodologías feministas y participativas en la investigación social crítica, la importancia de la interseccionalidad y del trabajo colaborativo. Visto de este modo, el enfoque feminista no solo actúa como un marco teórico, sino también como una práctica transformadora y de resistencia que impulsa procesos de empoderamiento en el ámbito de la salud.

Las metodologías participativas son un camino posible para el diseño de políticas públicas, puesto que permite incorporar las voces de los actores y atender de manera más adecuada sus necesidades en materia de salud (Betancurth Loaiza et al. 2020). La participación tanto en los diagnósticos, análisis, potenciales soluciones y toma de decisiones se fortalece la democracia, representatividad y legitimidad de las acciones políticas (Mojica Acevedo et al. 2020).

Dicho esto, el diálogo, la construcción de consensos y el entendimiento entre distintos sectores se constituyen como elementos clave para avanzar hacia una atención sanitaria más equitativa y justa.

Algunas reflexiones acerca de la investigación en salud desde perspectivas críticas, participativas y feministas

Los artículos revisados muestran que la inclusión de enfoques críticos, participativos y feministas en la investigación en América Latina, han permitido el desarrollo de una variedad de metodologías que amplían el espectro de las metodologías convencionales, demostrando capacidad de adaptación a distintos contextos, necesidades, preguntas y desarrollos teóricos (Blazquez Graf et al. 2012). Son enfoques que han ganado notoriedad en el campo de las ciencias sociales, implementando medios efectivos para generar conocimiento desde perspectivas locales, colectivas y emancipadoras (Palumbo y Vacca 2020; Oraisón et al. 2023). Al incorporar el enfoque feminista a la ecuación de metodologías críticas y salud, se introducen nuevos elementos teóricos que enriquecen y complejizan el análisis, orientándolo a la transformación social (Biglia 2015; Araya y González 2022; Ochoa 2019). A pesar de estas aperturas teórico-conceptuales, técnico-prácticas y metodológicas que se han traducido en la visibilización de la articulación de opresiones como el género, el racismo, la clase o el colonialismo en procesos de salud-enfermedad-atención (Basile y Íñiguez 2023; Viveros 2023), son pocas las ocasiones en que se las vincula de manera explícita en el campo de la investigación en salud.

La justificaciones para el uso articulado de estas estas perspectivas metodológicas en los artículos revisados radican por una parte en su capacidad para involucrar a las comunidades en toda su diversidad en la identificación de sus necesidades y en la formulación de soluciones, lo que contribuye a generar un sentido de apropiación sobre los procesos relacionados con la salud; y por otra, en su capacidad de cuestionar y replantear las dinámicas de poder presentes en los sistemas de atención en salud, promoviendo la equidad, la justicia social y la comprensión de las experiencias de mujeres y poblaciones históricamente excluidas (Guerrero Márquez 2021; Biglia 2015; Araya y González 2022).

Es posible afirmar que la mirada feminista sobre las problemáticas de salud abre campos temáticos largamente excluidos e ignorados de las preocupaciones habituales que se han atendido desde el paradigma cientifico convencional. Esta apertura epistemológica no se restringe solo a los objetos de estudio, sino que se extiende a las metodologías, objetivos, sujetos, y propósitos de investigación, involucrando activamente a investigadoras y participantes en la co-creación de conocimiento para la transformación de desigualdades sociales, visibilizando y poniendo en valor las estrategias locales de resistencia y deconstruyendo los engranajes estructurales que sostienen y perpetúan las exclusiones, extractivismos y malestar que se encarna en las subjetividades.

Desde este campo de producción del conocimiento, se cuestiona profundamente el para qué de la ciencia, lo que tiene consecuencias directas en la praxis, las metodologías descritas en este artículo son reflejo de la búsqueda de herramientas creativas que se proponen horizontalizar la creación de saberes, dar relevancia a las trayectorias vitales de sujetos subalternizados y contribuir a la transformación social de sus condiciones de existencia como estrategia central para mejorar la salud de los colectivos.

Por otra parte, la escasa producción académica que se encuentra en los motores de búsqueda mejor rankeados, muestra de forma patente la posición subalterna del enfoque feminista respecto de la ciencia convencional en salud. Si pensamos que el enfoque feminista cuestiona las bases que sustentan dicho paradigma, sumado al alcance más bien local/territorial de las investigaciones, y el uso de herramientas participativas y declaradamemente políticas, no es un resultado que sorprenda. A esto se debe agregar una vasta producción de conocimiento por fuera de los cánones de la academia, creado desde, por y para los colectivos sociales, sin que su objetivo esté orientado a la publicación científica, y que, por lo tanto, no se encuentra en este radar. Este tipo de resistencias, deliberadas, son una crítica explícita al marco de producción científica neoliberal, elitista y egocentrada, y cuya confrontación no ha sido acusada como se merece.

Las metodologías participativas implican una temporalidad y recursos económicos, pero también afectivos, que cuestionan los estándares actuales de producción de conocimiento científico y que se reflejan tanto en las temáticas, como en los plazos y el tipo de productos esperados en los proyectos que son comúnmente financiados por las agencias de investigación científica a nivel nacional e internacional.

En un panorama mundial caracterizado por la reemergencia de tensiones que parecían superadas, como los conflictos bélicos, y la agudización de crisis ecosistémicas que siempre impactan aún más desfavorablemente a los colectivos subalternizados, las metodologías críticas, participativas y feministas son necesarias para la construcción de sistemas de salud inclusivos e interculturales; si la respuesta desde las estructuras macrosociales no se sostiene ni es consistente en el tiempo, las resistencias y existencias cotidianas, la pequeña escala del tejido social, -la materia prima de estos trabajos- dan una luz de esperanza, y probablemente, el trabajo de visibilización, defensa y articulación de estos esfuerzos, sea una contribución no bien ponderada desde la academia al sostenimiento de la vida.

Algunas interrogantes que se presentan para la reflexión, a partir de los cánones impuestos por la ciencia hegemónica y los trabajos aquí revisados son: ¿Cómo podemos empujar los límites y las posibilidades reales de prácticas metodológicas feministas como las descritas en este trabajo? ¿Queremos disputar ese campo, con qué fin, subvertirlo, transformarlo, es aquello posible? ¿Cuáles son los retos de romper con las metodologías hegemónicas? ¿Qué logramos aplicando metodologías feministas en los campos que investigamos? ¿Cómo podemos crear entornos académicos receptivos a la experimentación metodológica, que a su vez, cuestionan profundamente el para qué y el cómo del quehacer científico?

  • 1
    El título de este artículo conversa con una provocación que investigadoras chilenas hicieron hace unos años cuando se preguntaron ¿Qué investigamos nosotras? (Campos et al. 2020).
  • Declaración de datos:
    Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del documento.

Referencias bibliográficas

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Editado por

  • Editor-chefe:
    Sergio Carrara
  • Editor Associado:
    Regina Facchini

Disponibilidad de datos

Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del documento.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    27 Mar 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    20 Jul 2025
  • Acepto
    19 Nov 2025
Creative Common - by 4.0
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