Open-access De la era del testigo a la era del usuario: updatism y autoridad relacional en el testimonio digital

From the era of the witness to the era of the user: updatism and relational authority in digital testimony

Resumen:

Este artículo analiza las transformaciones en la autoridad epistémica del testimonio en la era digital, marcada por el updatism y las redes hiperconectivas. Plantea que, frente a las perspectivas inferencial y mimética del paréntesis de Gutenberg, emerge una autoridad relacional y comunitaria. Para ello, se examina cómo el conocimiento y la validación se configuran colectivamente en entornos digitales. Finalmente, se compara el testimonio holográfico de Lea Zajac, mediado institucionalmente, con su testimonio viral en TikTok, revelando las tensiones entre la estabilidad institucional y la fluidez participativa del presente.

Palabras clave:
Testimonio digital; Autoridad epistémica; Updatism

Abstract:

This article examines the transformations in the epistemic authority of testimony in the digital age, shaped by updatism and hyperconnected networks. It argues that, in contrast to the inferential and mimetic perspectives of the Gutenberg parenthesis, a relational and communal authority is emerging. To do so, it explores how knowledge and its validation are collectively configured in digital environments. Finally, it compares the holographic testimony of Lea Zajac - institutionally mediated - with its viral spread on TikTok, revealing the tensions between institutional stability and the participatory fluidity of the present.

Keywords:
Digital testimony; Epistemic authority; Updatism

Introducción

En los últimos 25 años, y especialmente con el peso creciente de las redes sociales en la vida cotidiana, la figura del usuario adquirió una centralidad crucial en las formas de vinculación con el pasado. En relación con el testimonio, esta situación inédita ha impactado de manera tal que algunos autores hablan de que la “era del testigo” (Wieviorka, 2006) dio paso a una “era del usuario” (Hogervorst, 2020).

Este trabajo propone una reflexión inicial sobre las nuevas formas de interacción entre usuarios y testimonios orales del pasado en el entorno digital. La hipótesis que intento desarrollar es que existe una relación estrecha entre el testimonio, su lugar como fuente de autoridad en la reconstrucción del pasado y la noción de temporalidad presupuesta. En el marco de lo que algunos autores han denominado “giro conectivo” (Hoskins, 2011), el testimonio digital pone en cuestión las formas tradicionales de construcción de la autoridad epistémica,1 al vincularse con nuevas configuraciones de la memoria y del tiempo. En concreto, estamos en presencia de un proceso de traslación de la autoridad del autor, sea este el historiador o el propio testigo en calidad de sobreviviente, a las redes hiperconectivas e impersonales propias de la memoria digital. Plantearé, entonces, considerar una perspectiva relacional o comunitaria del testimonio, estrechamente vinculada a los fenómenos actuales. A diferencia de las perspectivas previas que desarrollaré posteriormente - la inferencial, que situaba la autoridad del testimonio en el historiador, y la mimética, que la depositaba en el testigo -, este nuevo entorno hiperconectado favorece una forma de autoridad distribuida, donde el usuario adquiere un papel central. En este sentido, propongo una clasificación de esta relación novedosa entre testimonio, autoridad y temporalidad que intenta profundizar a partir de las transformaciones mencionadas. Para hacerlo, además, analizaré el testimonio digital de una sobreviviente del Holocausto, Lea Zajac de Novera. La particularidad de este testimonio es que está presente en internet desde dos lógicas distintas: como testimonio interactivo del proyecto New Dimensions in Testimony de la USC Shoah Foundation y como testimonio viral en la red social TikTok. Entonces, a partir del contexto y del marco teórico propuesto, podrán analizarse las tensiones generadas entre estas dos formas de vinculación con el testimonio en el marco de la “era del usuario”.

Este desplazamiento de la autoridad hacia el usuario, más que un mero cambio en los formatos de circulación, implica un replanteo profundo del lugar que ocupa el testimonio en nuestras formas de conocimiento y de su vínculo con la autoridad en las humanidades, proyectando consecuencias éticas y políticas que lo exceden.

Un contexto que se transforma: de la memoria colectiva a la memoria digital

En los últimos años, especialistas de diversos campos expresaron su disconformidad con los estudios de la memoria colectiva tal como se practicaron desde aproximadamente 1980.2 Menos de una década atrás, Andrew Hoskins (2018) compiló un trabajo que analiza críticamente el emergente campo de la memoria digital desde una perspectiva interdisciplinaria centrada en los medios de comunicación. Como marco teórico, retoma la noción de “paréntesis de Gutenberg” (Jarvis, 2023; Sauerberg, 2009), que considera el predominio de la lectoescritura como una excepción iniciada con la invención de la imprenta y extendida hasta finales del siglo XX. Previo al paréntesis, la comunicación humana era oral y, por lo tanto, los mecanismos del recuerdo colectivo estaban sujetos a las redes interpersonales que servían de soporte. Desde un punto de vista neurocientífico, argumenta Hoskins en relación con las reflexiones de Merlin Donald (1993, 1998), existía un solo “sistema de memoria” interno y biológico. La invención de la escritura habilitó un segundo sistema de memoria, en este caso externo, que posibilitó el almacenamiento y la durabilidad de la información. Donald plantea que la mente humana coevoluciona con la cultura material, en un proceso que califica de simbiótico (Donald, 1998, p. 181). La consecuencia del desarrollo de la memoria externa fue la modificación del cerebro humano: se transformó su arquitectura cognitiva, propiciando un aumento de la capacidad de recuerdo de la mente con nuevos recursos - accesibilidad, almacenamiento - (Donald, 1998, p. 186).

Posteriormente, la invención y difusión de la imprenta en el siglo XV inauguró el período del paréntesis que se extendió hasta finales del siglo pasado, en el que la producción cultural se basó, predominantemente, en objetos cerrados y definidos.3 Estos bienes culturales fueron, durante siglos, casi exclusivamente libros.

Con la invención de la radio, el cine y la televisión, la producción de contenidos se adaptó a los nuevos medios, pero no se transformó de raíz: continuó siendo cerrada, constreñida y cada vez más concentrada en relativamente pocas personas. La difusión de estos contenidos se realizaba unilateralmente a través de medios audiovisuales. Hoskins denomina a esta fase broadcast era.4 En un proceso paralelo y relacionado, el fortalecimiento de los estados llevó a la paulatina creación de archivos y museos cuyo cénit se alcanza durante los siglos XIX y XX. En este contexto general, desde la década de 1980, los estudios de la memoria se alinearon con el paréntesis de Gutenberg: el segundo memory boom (1990-2000, según Hoskins) marcó la convergencia entre la voluntad pública de recordar y los medios técnicos existentes, que configuraron a la memoria como “archivo”.5 Esto supuso el dominio de las instituciones estatales y los grandes medios de comunicación, que controlaban el acceso y la difusión de archivos y materiales de prensa. En ese momento, el memory boom fue visto como una era de abundancia archivística y propició el auge de grandes proyectos audiovisuales: testimonios en video, series, películas y documentales centrados, especialmente, en el Holocausto (Baer, 2005, p. 129-150).6

Ya en la última década del siglo XX, con la difusión de internet, esta lógica comenzó a transformarse radicalmente. En la era post-paréntesis, el predominio de lo digital genera la recuperación de aspectos esenciales de la comunicación pre-letrada, es decir, oral. De esta manera, el campo de la memoria externa también se transforma: ya no tendría una matriz únicamente simbólica, sustentada en la lectoescritura y encerrada en archivos, sino que sería fundamentalmente hiperconectiva (Hoskins, 2018, p. 20). Como entonces, la producción cultural ya no estaría contenida ni mediada, sino que se articularía a través de experiencias de conexión interpersonal que conforman redes (Hoskins, 2018, p. 13-14). Se configuraría, de esta forma, una nueva ecología de la memoria.

A causa de estas transformaciones, la memoria experimenta un cambio ontológico. Como señala Hoskins, “fue liberada del espacio del archivo, de las instituciones, para distribuirse continuamente a través de la conexión de mentes, cuerpos y vidas privadas y públicas” (Hoskins, 2018, p. 2). La memoria colectiva muta en memoria de la multitud. A diferencia de la primera, que, en los planteos de Maurice Halbwachs, se sostenía en marcos sociales, es decir, grupos humanos que compartían recuerdos que les permitían reconocerse parte de una comunidad (Halbwachs, 2004, p. 33-36), la memoria de la multitud es inestable y fragmentada, en línea con las transformaciones propias de la era del post-paréntesis.

Estas transformaciones afectan también las dinámicas de circulación y validación de las memorias. Si durante la era de la radiodifusión el público no tenía forma de responder a los contenidos, un rasgo fundamental de las transformaciones del presente es la participación, a través “likes”, compartidas, ediciones, grabaciones y más. Como derivado de esto, la memoria de la multitud se vuelve omnipresente, “dispersa, pero simultánea y recuperable; conectada, en red, archivada” (Hoskins, 2018, p. 86) generando transformaciones que la exceden e impactan directamente en las formas del recuerdo, entre ellas, el testimonio.

Testimonio, autoridad epistémica y temporalidad

En este contexto de transformaciones profundas en las formas de memoria, y en el pasaje avizorado por Hoskins que va de la memoria colectiva a la memoria digital, el testimonio histórico no puede permanecer inalterado. Efectivamente, nuevas formas de testimonios circulan a través de estas redes hiperconectivas, al tiempo que viejas grabaciones se reactivan al viralizarse en redes sociales. Simultáneamente, repositorios digitales ponen a disposición de públicos ampliados una gran cantidad de registros para su consulta, con herramientas de indexación y búsqueda cada vez más sofisticadas.

Una consecuencia de este escenario es la transformación del concepto de autoría y de autoridad. El paréntesis de Gutenberg, afirma Jeff Jarvis (2023), inauguró también la era del “autor como autoridad”: al fijarse el texto, con la imprenta de tipos móviles, este se volvió permanente e inmune a ediciones idiosincráticas o errores de copiado. Su prestigio provendría de la estabilidad que el libro como obra cerrada y acabada le daría al conocimiento. El desarrollo de la digitalidad arremetería, entonces, contra la propia noción de autor al descentrar el conocimiento del individuo creador. El conocimiento circula, en este nuevo contexto, entre usuarios: es compartido, modificado y recreado. El valor de la autoría, concebida como propiedad al interior del paréntesis, disminuye (Jarvis, 2023, p. 4-5).

En paralelo, la dirección de nuestro conocimiento se ve alterada. El libro impreso dio comienzo a un proceso de lectura del mundo desde una perspectiva lineal y unidireccional que Jarvis ilustra con una cita de Marshall McLuhan: “La línea, el continuo, - esta frase es un ejemplo de primer orden - se convirtió en el principio organizador de la vida” (McLuhan; Fiore, 1969, p. 44-45). Esta linealidad tiene, como es esperable, su correlato temporal: el tiempo lineal, vacío y homogéneo de la historia.7

Ahora bien, con la salida del paréntesis se produce la transformación que describí anteriormente: la memoria, así como el conocimiento en general, se distribuye en redes hiperconectivas, fragmentadas y descentralizadas. Esto impacta, de igual manera que al interior del paréntesis, en las experiencias del tiempo. Hoskins reconoce que la memoria digital posee formas de temporalidad propias y distintas de la memoria colectiva, que están en línea con el giro conectivo que:

reconstituye y redistribuye fundamentalmente el pasado, también comprime más del presente en cada momento y en cada momento potencial, configurando un ‘ahora’ profundo o extendido. De este modo, el yo y la sociedad interconectados fomentan una visión que colapsa el pasado y el presente en una orgía de hiperconectividad: una fantasía imposible para las generaciones anteriores, con sus ahora olvidados imaginarios mediáticos cerrados y contenidos (Hoskins, 2018, p. 2).

Resulta evidente que las transformaciones en el régimen de memoria, que se plasman en el pasaje de la memoria colectiva a la memoria de la multitud, tienen un impacto en la producción y circulación de testimonios. Desde esta perspectiva, propongo distinguir tres formas en que se construye la autoridad epistémica, cada una asociada a una forma de experiencia del tiempo particular.8

La primera de ellas, la perspectiva inferencial, es propia de la historiografía del siglo XX hasta aproximadamente los años 1970, y se manifiesta tanto en la historia social de matriz annaliste como en los desarrollos más tardíos del movimiento de historia oral (Urteneche, 2022, p. 50-54). Esta perspectiva se encuentra en plena consonancia con el “paréntesis de Gutenberg”, en tanto la autoridad epistémica reside en el historiador, entendido como autor. Es el historiador quien interpreta las fuentes, que refieren a un pasado ya concluido y distinto del presente. Es decir, su presupuesto temporal es el de la ruptura entre pasado y presente.9 En esta lógica, los testimonios orales, epistémicamente indistintos del documento escrito, son incorporados a la obra histórica como evidencias: es decir, a condición de “ser hablados” por el historiador (Hartog, 2011, p. 199-200). La autoridad del testimonio, en consecuencia, se diluye en la figura del historiador.

La segunda perspectiva es la mimética. Por mímesis me refiero a la identificación que se produce entre la proliferación de los relatos testimoniales de sobrevivientes del Holocausto y la narración histórica. Por motivos éticos, en el proceso que se abre con el juicio a Adolf Eichmann - que inaugura la era del testigo (Wieviorka, 2006) -, la voz de los sobrevivientes, concebidos desde ese momento como víctimas, cobrará una preeminencia fundamental. En este sentido, el testimonio es entendido como experiencia antes que como evidencia. Así, autores provenientes de la psicología (Felman; Laub, 1992) e historiadores que recurren a nociones psicoanalíticas (LaCapra, 2005), particularmente la de trauma, verán en este tipo de testimonios una forma de acceso más “pura” al pasado. Como consecuencia, el pasado es traído de vuelta al presente, produciendo un colapso o presentificación del testimonio (Urteneche, 2022b, p. 54-60). En este contexto, se produce el pasaje de la autoridad epistémica del historiador al testigo/víctima, pero sin correrse completamente de la configuración del paréntesis de Gutenberg. De hecho, se trata del mismo período de la broadcast era que Hoskins identifica con el segundo memory boom e incluye dentro del paréntesis. En este caso, la legitimidad del testigo no reside en su carácter como especialista o científico, sino, sobre todo, en su autoridad moral como víctima. En calidad de sobrevivientes, muchos de ellos se convierten también en autores de testimonios escritos, como Primo Levi, Jean Améry o Jorge Semprún.

Queda claro entonces que las perspectivas anteriormente descritas participan, aunque desde lógicas distintas, de la matriz del paréntesis de Gutenberg. Ahora bien, en el cambio de las prácticas de producción y transmisión del saber - y, en particular, en la transición de la memoria colectiva a la memoria digital -, el testimonio oral se ve profundamente afectado. Por ello, propongo introducir la noción de una perspectiva relacional o comunitaria, propia de la era post-paréntesis y en estrecha conexión con los fenómenos que atraviesan el presente. En contraste con las perspectivas anteriores - la inferencial, que ubicaba la autoridad del testimonio en el historiador, y la mimética, que la trasladaba al testigo -, en este nuevo escenario hiperconectivo emerge un tipo de autoridad descentralizada y relacional, en la que el usuario asume un rol protagónico.

El testimonio digital en el post-paréntesis: updatism y autoridad relacional

La crisis de la autoridad epistémica, entendida en los parámetros propios del paréntesis de Gutenberg, es evidente. La proliferación de sistemas de mensajería y chat, las redes sociales y el flujo incesante de publicaciones están contribuyendo a debilitar la autoridad de los “antiguos guardianes de la memoria”. Como señala David Lowenthal al respecto del pasado, en una cita recuperada por Hoskins: “Ya no es lo que las élites y los expertos nos dicen que fue; el pasado se convierte en lo que cualquier persona elige aceptar como verdadero” (Hoskins, 2018, p. 89). Este pasaje refleja la descentralización de la autoridad en la memoria digital, donde el conocimiento se construye en un espacio más horizontal y accesible, a través de interacciones en plataformas sociales y digitales. La autoridad del autor se ve necesariamente socavada.

Tanto la perspectiva evidencial como la mimética comparten una matriz de autoridad propia del paréntesis de Gutenberg, a la vez que una noción de temporalidad lineal, aunque propongan sentidos opuestos en su recorrido. Mientras la primera supone un pasado ausente, recuperable a través de huellas que permiten realizar inferencias, la segunda permite, a través del testimonio entendido como experiencia, remontar el tiempo para hacerlo presente.

En el caso del testimonio digital, la situación difiere. Hoskins, al respecto de la temporalidad propia de la nueva ecología de la memoria, habla de un presente “profundo y extendido”. El concepto de updatism, propuesto por Mateus Henrique Faria Pereira y Valdei Lopes de Araújo (2024), busca explicar nuestra experiencia del tiempo en la era digital y muestra vasos comunicantes con estas reflexiones. El actualizacionismo se define por la actualización constante y un presente que se repliega sobre sí mismo, percibido como una sucesión ininterrumpida de novedades efímeras (publicaciones, tuits, reels, fotos etc.) sin conexión sustantiva con el pasado o el futuro.10 En su forma ideal, el updatism exige que todo esté siempre actualizado, sin espacio para lo no actual. Los autores abordan esta idea desde diversas perspectivas, tanto filosóficas como aplicadas. Analizan, por ejemplo, cómo el término update, “actualización”, reemplazó progresivamente a otros como “progreso” o “revolución” a lo largo del siglo XX (Pereira; Araújo, 2024, p. 3-4), y cómo la obsesión por la actualización perpetua puede entenderse como una forma de existencia inauténtica en sentido heideggeriano (Pereira; Araújo, 2024, p. 35). Lo que diferencia al updatism de otros conceptos, como el de presentismo, es que, para los autores brasileros, el presente no debe pensarse como extendido o como carente de futuro. Se trata de un presente lleno de novedades, pero desprovisto de eventos: la actualidad se actualiza en función de la actualidad misma. Por lo que no se trata de una ampliación del presente, sino incluso de un incremento de las referencias al pasado y al futuro, pero siempre en modo actualizacionista (Pereira; Araújo, 2024, p. 99).11

En este marco, resulta crucial volver al fenómeno específico del testimonio. ¿Qué ocurre cuando el acto testimonial - tradicionalmente situado en un régimen de autoridad epistémica y temporalidad lineales - se reconfigura en el entorno hiperconectado y actualizacionista?

Lo que surge es una nueva forma de validación y autoridad, caracterizada por su naturaleza relacional, al igual que la memoria digital. En general, las humanidades tienden a mantenerse al margen de estas redes hiperconectadas, donde el valor del testimonio no depende de la posición del testigo ni de la validación de los expertos, sino de su circulación y recepción colectiva. Sin embargo, esto no significa que carezcamos de herramientas para repensar la autoridad epistémica en el contexto digital y contribuir al desarrollo de la historiografía y las humanidades. Propongo explorar dos enfoques posibles: uno basado en una perspectiva filosófico-teórica y otro centrado en aspectos prácticos. Ambos abordan la cuestión del conocimiento y la autoridad como construcciones comunitarias. Por último, analizaré los alcances y límites del testimonio digital utilizando un ejemplo concreto, el testimonio de Lea Zajac de Novera producido en dos situaciones distintas: en el marco de New Dimensions in Testimony de la USC Shoah Foundation y a partir de una serie de clips difundidos por la red social TikTok.

Una posible herramienta para construir una autoridad propia del testimonio en el marco de las redes hiperconectadas es la epistemología comunitaria del testimonio, desarrollada, entre otros, por el filósofo Martin Kusch (Kusch, 2002; McMyler, 2011; Tozzi, 2012). En Knowledge by agreement (2002), Kusch sostiene que el conocimiento no debe entenderse como una entidad objetiva, externa y estable, sino como un estatus social que se configura comunitariamente a través de actos de habla. Estos actos son, fundamentalmente, testimonios de tipo performativo. El testimonio performativo no solo comunica información, sino que participa en la creación de instituciones sociales, que van desde el saludo cotidiano hasta la familia, y, de manera particular, el conocimiento mismo. En este sentido, el conocimiento no se transmite como un contenido estático en una cadena progresiva del tipo “a sabe que p, a le dice a b que p, entonces b sabe que p”, sino que se manifiesta como una práctica social que crea realidad (Kusch, 2002, p. 64-65). Esta práctica no implica tampoco una forma “coral” de consenso, sino que está fragmentada y distribuida en múltiples actos de habla. Por ejemplo, la institución social del saludo se produce y reproduce cuando las personas hablan sobre saludar a otros, efectivamente saludan o critican a quien no lo hace. Todos estos actos de habla, muchos de ellos descriptivos más que performativos, contribuyen a sostener el acto performativo comunitario (Kusch, 2002, p. 67).

Puede establecerse un vínculo entre esta perspectiva del testimonio comunitario y el entorno digital actualizacionista. En la nueva ecología virtual, los actos de habla digitales (posteos, comentarios, testimonios, entre otros) constituyen la forma básica de circulación del conocimiento. Aunque estos actos son efímeros y están en constante actualización, generan una validación colectiva a través de mecanismos como los “likes”. De este modo, surgen verdaderas comunidades digitales que producen conocimiento, no a partir de una validación objetiva, sino a través del reconocimiento comunitario y reiterado, como los memes. Sin embargo, es innegable que las redes sociales están dominadas, en muchos casos, por el ruido y la presencia de trolls, lo que dificulta el intercambio comunitario armónico. En este sentido, aunque los actos de habla digitales pueden crear comunidades y conocimiento, a menudo carecen de instituciones sólidas que regulen y sostengan estos procesos. En este punto, resultan útiles las reflexiones de Jeff Jarvis sobre las condiciones del mundo post-paréntesis.

Una de las preocupaciones que inspiran los capítulos finales de The Gutenberg parenthesis: the age of print and its lessons for the age of the internet es la conversación pública. Jarvis sostiene que, durante el paréntesis de Gutenberg, el diálogo público perdió vitalidad, especialmente a partir de lo que Hoskins denomina la broadcast era. En ese período, instituciones y autores limitaron el debate (Jarvis, 2023, p. 166) y monopolizaron las voces en discusión. Para Jarvis, salir del paréntesis implica un proceso de reaprendizaje: recuperar la conversación tras décadas en las que la mayoría permaneció pasiva.

En este sentido, resulta revelador que Jarvis recupere ejemplos de los primeros tiempos de internet, antes del auge de las redes sociales, cuando los foros temáticos ofrecían espacios de diálogo estructurado y contaban con usuarios que actuaban como moderadores. Más cerca en el tiempo, destaca a Wikipedia como un ejemplo virtuoso de construcción colectiva de conocimiento y autoridad. La pregunta y el desafío que, en mi opinión, resumen la postura de Jarvis frente a la salida del paréntesis son la necesidad de crear nuevas instituciones, adecuadas a la ecología de la conversación digital y la abundancia de voces (Jarvis, 2023, p. 149). Estas nuevas formas comunitarias de validación no contradicen la perspectiva comunitaria del testimonio sino, al contrario, creo que son una vía para pensar su complementariedad. En un entorno dominado por el updatism - en el que la información se consume y reemplaza de manera constante -, las instituciones deben ofrecer un marco que permita dar sentido a la abundancia de voces y garantizar cierta estabilidad en medio del flujo.12

Pensando en estas nuevas coordenadas epistémicas y temporales, quisiera ahora presentar un ejemplo que permite observar los límites y posibilidades en torno al testimonio enmarcado en la nueva ecología de la memoria, para ponderar cómo estas transformaciones se concretan en una práctica específica. Me refiero al proyecto llamado New Dimensions in Testimony (NDT), de la USC Shoah Foundation. NDT tiene por objetivo la creación de testigos holográficos a partir de grabaciones extensas en las que los sobrevivientes responden cientos de preguntas ante múltiples cámaras. Mediante un sistema de reconocimiento de voz, estos testigos digitales proyectados pueden interactuar con el público. En el Museo del Holocausto de Buenos Aires, se exhibe el testimonio de Lea Zajac de Novera, quien aparece en una pantalla,13 de cuerpo entero, sentada, con movimientos inquietos que sugieren una espera por la pregunta. Quienes participan del encuentro pueden interactuar con Lea preguntando en voz alta y ella responde, demorando un instante, de manera amable. Las respuestas, si bien suelen ajustarse temáticamente a lo preguntado, al estar pregrabadas, se sienten poco “naturales” y limitan el fluir de la conversación. Las temáticas sobre las que se puede dialogar con Lea son las usuales en este tipo de testimonios: recuerdos personales vinculados a los momentos de deportación, encierro, la vida en los campos, el viaje hacia la Argentina, en este caso.

Si bien es cierto que en las últimas décadas proliferaron archivos digitales con posibilidades de búsqueda indexada, con un alto nivel de profundidad (Hogervorst, 2020), el proyecto de testimonios holográficos va un paso más allá: en lugar de búsquedas, propone una conversación en lenguaje cotidiano con el público. Sin embargo, Corey Kai Nelson Schultz sostiene que este tipo de experiencias inhibe más que alienta la empatía (Schultz, 2023, p. 3), ya que resulta sencillo asociar a los testigos digitales con asistentes virtuales como Siri, de Apple, o personajes no jugables de videojuegos (NPCs). Retoma la noción de valle inquietante, según la cual las figuras antropomórficas demasiado realistas, pero no indistinguibles de un humano, generan rechazo (Schultz, 2023, p. 9). Por otro lado, Kansteiner señala que, aunque estos testigos holográficos logran “dominar el pasado”, no pueden manejar el presente: al no ser actualizables, solo responden sobre hechos pasados y evidencian así su no simultaneidad (Kansteiner, 2018, p. 122). Esto aumenta la distancia con los testigos, ya que ante una pregunta que alude al presente suelen manifestar la imposibilidad de responder.

El proyecto se enfrenta, aparentemente, a una contradicción: al estar disponible online, formaría parte de las nuevas redes de memoria que desafían el paréntesis de Gutenberg, pero, al mismo tiempo, su incapacidad para manejar el presente le impide estar verdaderamente actualizado. En este sentido, NDT queda a medio camino en tanto no logra encarnar el ideal de actualización constante ni tampoco proponer una alternativa en términos de la construcción de la autoridad epistémica. Los testigos holográficos son actuales en forma, realizados con las últimas tecnologías disponibles, pero no en contenido: este permanece anclado al momento de la grabación y no puede actualizarse. Nuevamente Kansteiner ofrece un argumento que permite comprender por qué esto es así: el constreñimiento institucional del proyecto, enmarcado dentro de los límites de la Shoah Foundation, hace que el poder de la interpretación esté confinado, de la misma manera que lo estaba en el período del paréntesis (Kansteiner, 2018, p. 122).

La propia Lea Zajac es protagonista de una serie de videos editados de una entrevista realizada en el medio argentino Infobae y compartidos en forma de clips a través de la red social TikTok (Infobae [@infobae], 2025). Frente a la rigidez institucional de proyectos como NDT, plataformas como TikTok encarnan la lógica opuesta. Permiten la circulación y viralización de testimonios de sobrevivientes recortados en clips de corta duración y habilitan “likes” y comentarios de los usuarios. A diferencia del testimonio holográfico, los videos de TikTok no participan de lógicas institucionales como la del Museo del Holocausto de Buenos Aires ni la Shoah Foundation, es decir, carecen de un marco interpretativo o curaduría. Su autoridad ya no depende de ser sujeto de la experiencia ni del patrocinio de estas instituciones, sino de la viralidad y la participación. Esto acarrea, por supuesto, algunos riesgos ya que, como señalé anteriormente, el pasado inmerso en las redes sociales no depende de lo que los expertos sancionan sino, en cambio, de lo que los usuarios eligen creer. Queda clara esta situación cuando se accede a los comentarios que generan los clips. Estos, básicamente, pueden agruparse en tres tipos a partir de la observación de las interacciones. Están los que manifiestan algún tipo de empatía y recuerdan algún caso familiar cercano a los padecimientos de Lea Zajac o simplemente piden que nunca más suceda un hecho de estas características. Por ejemplo: “en la escuela deberíamos enseñar estos testimonios, nunca más el Holocausto” o “para todos los negacionistas, mi abuelo, que no era judío sino español republicano, murió en Dachau en el 44. Mi abuela lo sabía, mi padre lo sabía, yo lo sé, mis hijas lo saben… y se sabrá porque sí pasó”. En segundo lugar, una gran cantidad de comentarios negacionistas, que objetan la existencia misma del Holocausto, la relativizan o descreen del relato personal de la protagonista. Es corriente el uso de apelativos como “holocuento” e incluso la incredulidad frente al recuerdo, en muchos casos, por la longevidad de Lea Zajac. Y, por último, numerosos comentarios que traen al presente el relato de Lea y se manifiestan en favor del pueblo palestino y en contra de las políticas de Israel: “eso no es nada a comparación de lo que pasa en Palestina” es una frase que, con variantes, se repite.

Lo que resulta interesante en este contrapunto es observar las tensiones en las que el testimonio digital se encuentra inmerso en la era del usuario. Las lógicas contrapuestas que gobiernan el testimonio de una misma persona según el medio son esclarecedoras. Por un lado, un proyecto que intenta ser parte pero no satisface las nuevas lógicas actualizacionistas y digitales al no desprenderse de las coordenadas establecidas al interior del paréntesis de Gutenberg. Por el otro, un testimonio expuesto a que los usuarios elijan libremente creer o descreer, generando ruido e interacciones que encarnan lo que Hoskins llama “memoria de la multitud”: inestable, fragmentada y dispersa (Hoskins, 2018, p. 86). Esta dualidad presenta un desafío, no solo para el trabajo con testimonios, sino para el conjunto de las humanidades. Los alcances de las transformaciones que la transición hacia formas de memoria digital acarrea son apenas incipientes, pero ya revelan la necesidad de repensar los mecanismos de validación, autoridad y sentido en un contexto donde las voces se multiplican y la memoria se redefine constantemente.

Consideraciones finales

A lo largo de este trabajo, he explorado cómo las transformaciones propias de la era digital impactan en la autoridad epistémica del testimonio, entendida como la capacidad de un sujeto o institución para ser reconocido como fuente válida de conocimiento. La salida del paréntesis de Gutenberg - concepto clave para comprender el contexto actual - produjo un desplazamiento de la autoridad del autor, ya sea el historiador o el testigo, hacia la multitud. Las transformaciones en la memoria colectiva han generado una descentralización de la autoridad, que se dispersa entre los usuarios, cada uno responsable de validar el contenido que circula en las redes. Además, analicé cómo estas nuevas formas de autoridad se entrelazan con el updatism, una experiencia temporal propia de las redes y la realidad digital. Para ello, recurrí a la propuesta de Martin Kusch sobre la epistemología comunitaria del testimonio y a las reflexiones de Jeff Jarvis, quien destaca la necesidad de institucionalizar la conversación en redes. Ambos enfoques ofrecen herramientas para pensar el testimonio en esta nueva ecología digital. Finalmente, el estudio del testimonio de Lea Zajac me permitió analizar cómo, en la actualidad, el testimonio digital oscila entre la rigidez institucional y la fluidez participativa de la viralización.

En conclusión, la autoridad del testimonio ya no depende de su origen (quién habla) ni de su respaldo institucional (quién lo certifica), sino de su capacidad para circular, ser compartido y generar interacción. Esto plantea la necesidad de repensar formas de autoridad alejadas del modelo tradicional, basado en la figura del autor como fuente única y estable. En su lugar, he propuesto formas relacionales o comunitarias que, considero, se ajustan mejor al entorno hiperconectivo del mundo digital.

Sin embargo, esta reconfiguración también exige un proceso de creación de nuevas instituciones que no dejen al testimonio librado al puro devenir de la viralización y la lógica de la actualización constante. Las instituciones deben ofrecer marcos de sentido que garanticen cierta estabilidad y permitan distinguir entre conocimiento, ruido y desinformación. Jarvis resalta iniciativas como Wikipedia, sin embargo, existen proyectos de origen académico que vienen ensayando nuevas formas de construcción colectiva basadas en el crowdsourcing, esto es, proyectos de colaboración masiva con curaduría experta.14

En este sentido, problematizar la autoridad del testimonio y sus vínculos con la temporalidad en la era digital permite extender la reflexión hacia un ámbito más amplio: el de las humanidades en general. Durante el paréntesis de Gutenberg, la autoridad del especialista, de la obra y de la institución universitaria se consideraba incuestionable. Esta autoridad se sustentaba en formas establecidas de temporalidad lineal, que separaban pasado y presente y habilitaban la noción de progreso. Sin embargo, el presente hiperconectado y actualizacionista pone en cuestión esa mediación, impulsa formas de validación colectiva y promueve contenidos que a menudo carecen de autoría definida.

El contenido mediado institucionalmente, la revisión cerrada entre pares y el peso del autor son prácticas profundamente arraigadas en la actividad académica. No propongo su abandono, pero resulta evidente que parte del descrédito de las humanidades se relaciona con el anacronismo, cada vez más notorio, frente a prácticas que resultan ajenas a las sociedades actuales. Los cuestionamientos políticos, que se manifiestan incluso en el desfinanciamiento de universidades, entidades científicas y proyectos de investigación, encuentran un terreno fértil en esta inadecuación.15

Sin embargo, una apertura sin mediación también entraña riesgos considerables. Desde la mercantilización del saber - donde corporaciones como Google o plataformas como Academia.edu adquieren un peso cada vez mayor en los mecanismos de validación - hasta su fragmentación casi total, reflejada en la proliferación de contenidos negacionistas o teorías conspirativas. Las humanidades, por lo tanto, se enfrentan al desafío de reconfigurar su autoridad sin perder su capacidad crítica y su compromiso con el conocimiento riguroso. En este sentido, las tensiones existentes entre el testimonio holográfico de Lea Zajac, mediado institucionalmente y anclado al pasado, y los clips de su testimonio compartidos a través de TikTok, expuestos a la validación comunitaria y al flujo constante del presente, ilustran con claridad los desafíos que enfrenta la autoridad epistémica en la era digital.

Referencias

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  • WIEVIORKA, Annette. The era of the witness Ithaca: Cornell University Press, 2006.
  • WINTER, Jay. Remembering war: the great war between memory and history in the twentieth century New Haven: Yale University Press, 2006.
  • 1
    Por autoridad epistémica me refiero al rol que otras personas, instituciones o fuentes cumplen en el proceso de justificación por la adquisición de conocimientos y creencias. En este sentido, el conocimiento a través de testimonios supone una relación de dependencia personal particular, distinta de otras formas de conocimiento fundamentalmente impersonales (McMyler, 2011, p. 5).
  • 2
    Los estudios de la memoria se desarrollaron desde 1980 a partir del rescate de la obra de Maurice Halbwachs por parte de Pierre Nora. Someramente, la distinción tajante entre historia y memoria es uno de los rasgos distintivos de la teoría de Halbwachs, en particular a partir de su noción de memoria colectiva. Una de las principales revisiones que lleva adelante Hoskins es la de la posibilidad de imputar la memoria a los grupos humanos entendidos como “colectivos”. En cambio, propone que, en el contexto de lo digital, la memoria pasa a ser de la multitud, como desarrollo posteriormente.
  • 3
    Jarvis no desconoce que durante la fase temprana de desarrollo del paréntesis la conversación pública continuó siendo posible, más allá de la irrupción de la imprenta (Jarvis, 2023, p. 150-166). Esta simplificación no pretende borrar matices señalados por el autor sino evitar la apertura de problemas que exceden lo que intento plantear en este trabajo.
  • 4
    Colocar la broadcast era al interior del paréntesis de Gutenberg es una decisión de Hoskins que contrasta con la mirada de otros autores. Para él, el hecho de que los contenidos de la radio, el cine y la televisión sean producidos y difundidos de manera centralizada y mediada, lo acerca a la experiencia del paréntesis antes que a la hiperconectividad del mundo digital (Hoskins, 2018, p. 14)
  • 5
    El nombre de memory boom refiere a un contexto general que, desde los años 1980, impregnó los estudios históricos. Fue acuñado por Jay Winter a comienzos del siglo XXI y designa este período abierto por Pierre Nora y el redescubrimiento de la obra de Halbwachs, como mencioné anteriormente. Otros autores han denominado al mismo fenómeno como “mundo musealizado” o “exceso de memoria”. Hoskins distingue tres etapas en este memory boom atravesadas por su faceta técnica. El tercer boom memorial se correspondería con el mundo actual, mediado digitalmente y que intento describir en este trabajo (Hoskins, 2018; Runia, 2007; Winter, 2006).
  • 6
    El mismo fenómeno se produjo en América Latina con algunos años de diferencia. Desde los años 1980 proliferaron las producciones audiovisuales, películas y testimonios sobre las dictaduras de las décadas inmediatamente anteriores, profundizándose la tendencia en las décadas de los 1990 y 2000. Tal vez, dos de los textos que mejor reflejan la reflexión al respecto son los clásicos de Beatriz Sarlo (2005) y Elizabeth Jelin (2002).
  • 7
    El tiempo lineal, asociado al historicismo, ha sido un tema largamente tratado por la teoría de la historia, especialmente en el último cuarto de siglo. La tesis clásica al respecto es la que entiende su origen como producto del quiebre del espacio de la experiencia y el horizonte de expectativas a partir del proceso de doble revolución en el siglo XVIII, elaborada por Reinhart Koselleck (1993). En las últimas décadas, la naturalización de este tiempo lineal fue criticada desde diversas perspectivas, destacándose las producciones vinculadas al problema de la “presencia” o los pasados que no pasan como así la crítica poscolonial al historicismo (Bevernage, 2010; Bevernage; Lorenz, 2015; Chakrabarty, 2000; Hartog, 2007).
  • 8
    La inclusión de testimonios orales en la historiografía se sostiene en presupuestos temporales, no siempre explícitos, que actúan como políticas del tiempo (Fabian, 2006; Mudrovcic, 2019). Estas acciones de tipo performativo califican a los sujetos que testimonian en términos temporales. Así, los historiadores colocan en el pasado o tornan presentes a esos “otros” que son los testigos y permiten u ocluyen, a través de estrategias textuales, sus voces en la obra de historia resultante.
  • 9
    La noción de ruptura o de diferencia es lo que sostuvo a la disciplina histórica en su proceso de consolidación profesional. Para Michel de Certeau, la historia supone, necesariamente, un acto de separación que transforma al pasado en un “otro” (Certeau, 2006, p. 16).
  • 10
    En idioma portugués, los autores denominan a este fenómeno atualismo. En el caso del castellano, creo que la traducción que refleja más cabalmente el sentido es la de “actualizacionismo” y no “actualismo”. El primer vocablo refiere directamente al proceso de “actualización” y no se confunde con lo actual, que podría ser interpretado como una forma más o menos cercana al presentismo de François Hartog.
  • 11
    Creo que la idea de actualización constante logra captar la experiencia temporal de la época mejor que la noción de presentismo. La categoría hartogsiana ha sido cuestionada por su carácter vinculado a una historia de las ideas antes que a una antropología del tiempo histórico (Hannoum, 2008). Esto implica una mirada centrada en las élites antes que los sectores subalternos o las masas populares. Es en este sentido, insisto, en que la noción de updatism permite comprender mejor una relación generalizada de las sociedades con respecto a lo digital y lo temporal: aun siendo parte de los sectores que se ven imposibilitados de acceder a la tecnología (alrededor de un 38% o 240 millones de personas en América Latina según cifras del Banco Mundial), la incapacidad de estar actualizados define, por la negativa, sus vínculos con lo que está “al día”. En el caso afirmativo, el restante 62% de los latinoamericanos formaría parte de esta nueva ecología digital. Los datos pueden consultarse en Hernández (2023).
  • 12
    Una de las instituciones propias del post-paréntesis es el hashtag. Esta herramienta fue propuesta en el año 2007 para reunir comunidades en Twitter (Jarvis, 2023, p. 192). La clave del hashtag es que nadie lo posee ni lo controla, se produce de abajo hacia arriba y las comunidades contribuyen a llenarlo de contenido sin la necesidad de especialistas ni tecnócratas. El ejemplo que retoma es el de la comunidad afroamericana y los hashtags vinculados, por ejemplo, al Black Lives Matter.
  • 13
    También puede consultarse desde internet e interactuar a través de la pantalla de la computadora o el celular. Puede consultarse en: https://iwitness.usc.edu/dit/leanovera.
  • 14
    Por ejemplo, el proyecto Transcribe Bentham, patrocinado por la University College London: https://blogs.ucl.ac.uk/transcribe-bentham/.
  • 15
    Os dados de pesquisa estão disponíveis no corpo do texto.

Editado por

  • Editores responsáveis:
    Fabrina Magalhães Pinto (https://orcid.org/0000-0001-5088-9125), Karla Carloni (https://orcid.org/0000-0001-7586-3802) e Norberto Osvaldo Ferreras (https://orcid.org/0000-0003-3801-0418)

Disponibilidad de datos

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    29 Jun 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    13 Mayo 2025
  • Acepto
    26 Jun 2025
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