Resumen
La presente investigación cualitativa, de enfoque socio construccionista y diseño narrativo-biográfico, tuvo como propósito comprender cómo la dictadura militar chilena afectó el desempeño ocupacional de personas, que hoy son personas mayores, en la Región del Biobío (Chile). A través de entrevistas semiestructuradas a ocho participantes y de un análisis basado en la semántica estructural, se identificó que el régimen operó como un oponente sistémico, generando profundas injusticias ocupacionales al truncar proyectos educativos y laborales, así como redes de soporte social. Los resultados evidencian que la violencia política y las restricciones del período, como los toques de queda y el exilio, forzaron a los sujetos a transitar desde la búsqueda de deseos personales hacia estrategias de supervivencia, fracturando identidades colectivas históricamente ligadas al trabajo y la organización social en diferentes territorios. No obstante, el rol de los “ayudantes”, encarnado por la familia, la iglesia y las organizaciones sociales, posibilitó la emergencia de ocupaciones colectivas y de actos de resistencia simbólica. Se concluye que el desempeño ocupacional actual de estas personas mayores no constituye únicamente un vestigio del trauma, sino un proceso de reescritura biográfica en la búsqueda de justicia ocupacional, relevando la responsabilidad ética de la terapia ocupacional en la visibilización de estas trayectorias vitales.
Palabras clave:
Terapia Ocupacional; Violencia; Actividades Cotidianas; Justicia Social
Abstract
This qualitative study, grounded in a social constructionist approach and a narrative-biographical design, aimed to understand how the Chilean military dictatorship affected the occupational performance of people who are now older adults in the Biobío Region, Chile. Through semi-structured interviews with eight participants and an analysis based on structural semantics, the regime was identified as a systemic opponent that generated profound occupational injustices by disrupting educational and work-related projects, as well as social support networks. The findings show that political violence and the restrictions imposed during the period, such as curfews and exile, forced participants to shift from the pursuit of personal aspirations to survival strategies, fracturing collective identities historically linked to work and social organization in different territories. Nevertheless, the role of “helpers”, embodied by family, the church, and social organizations, enabled the emergence of collective occupations and acts of symbolic resistance. It is concluded that the current occupational performance of these older adults is not merely a remnant of trauma but a process of biographical rewriting in the pursuit of occupational justice, highlighting the ethical responsibility of occupational therapy in making these life trajectories visible.
Keywords:
Occupational Therapy; Violence; Activities of Daily Living; Social Justice
Resumo
A presente pesquisa qualitativa, de abordagem socioconstrucionista e delineamento narrativo-biográfico, teve como objetivo compreender de que modo a ditadura militar chilena afetou o desempenho ocupacional de pessoas que atualmente são idosas na Região do Biobío, Chile. Por meio de entrevistas semiestruturadas com oito participantes e de uma análise fundamentada na semântica estrutural, identificou-se que o regime atuou como um oponente sistêmico, produzindo profundas injustiças ocupacionais ao interromper projetos educacionais e laborais, bem como redes de apoio social. Os resultados evidenciam que a violência política e as restrições do período, como os toques de recolher e o exílio, forçaram os sujeitos a transitar da busca por desejos pessoais para estratégias de sobrevivência, fraturando identidades coletivas historicamente vinculadas ao trabalho e à organização social em diferentes territórios. Contudo, o papel dos “ajudantes”, encarnado pela família, pela igreja e por organizações sociais, possibilitou a emergência de ocupações coletivas e de atos de resistência simbólica. Conclui-se que o desempenho ocupacional atual dessas pessoas idosas não constitui apenas um vestígio do trauma, mas um processo de reescrita biográfica na busca por justiça ocupacional, ressaltando a responsabilidade ética da terapia ocupacional na visibilização dessas trajetórias de vida.
Palavras-chave:
Terapia Ocupacional; Violência; Atividades Cotidianas; Justiça Social
Introducción
La presente investigación tiene como propósito comprender cómo la dictadura militar afectó el desempeño ocupacional de las personas que, en la actualidad, son mayores. Se busca generar, con esto, conocimiento sobre los impactos de este período en sus creencias, conductas y salud mental en la vida cotidiana, y concientizar sobre las vivencias históricas de esa época (1973-1989). Además, la investigación busca aportar a la terapia ocupacional (y a otras áreas relacionadas), proporcionando un aporte de conocimientos para entender cómo los eventos traumáticos han influido en la vida de estas personas en diversas áreas y contextos (Galheigo, 2012; Antezana & Cabalin, 2020).
Para contextualizar la investigación, resulta necesario situarla en el marco de la violencia política ejercida por el Estado durante la Dictadura cívico-militar en Chile (1973-1989), encabezada por el general Augusto Pinochet. Este período se caracterizó por la instalación del modelo neoliberal mediante el uso sistemático de la violencia estatal y policial como mecanismo de control y disciplinamiento de la población (Herrera & Valderrama, 2013).
Según Varas et al. (2019), la violencia política y policial corresponde a la articulación de mecanismos físicos y simbólicos destinados a sostener estructuras de poder hegemónicas y restringir la capacidad de acción de la ciudadanía. Para Lira & Castillo (1991), estas prácticas constituyeron un componente esencial del sistema político instaurado durante la dictadura, expresándose de manera multidimensional mediante diversas formas de represión.
En este sentido, planteamos que la violencia ejercida por el Estado durante la dictadura militar chilena constituyó una forma de terrorismo de Estado. Entendemos este concepto como una estrategia de guerra psicológica orientada a intimidar y someter a amplios sectores de la población mediante la desaparición forzada, la tortura, el exilio y el control de los medios de comunicación, con el propósito de imponer la aceptación pasiva de un régimen autoritario (Cabrera et al., 2017). Estas prácticas dejaron profundas secuelas en la salud mental y contribuyeron a perpetuar situaciones de injusticia ocupacional que continúan afectando a quienes vivieron este período (Rosenfeld, 2020).
Lo anterior nos lleva a cuestionarnos cómo la dictadura militar afectó el desempeño de las personas vulneradas por el Estado.
En primer lugar, es necesario contextualizar el lenguaje disciplinar, como en el caso del desempeño y la justicia ocupacional. Para autores como Guajardo (2020), muchos de los conceptos desarrollados por la terapia ocupacional tienen sesgos etnocéntricos asociados a sus contextos de producción. En relación con esto, se plantea que la disciplina ha construido términos como desempeño o justicia ocupacional en función de marcos sociales y subjetivos asociados al primer mundo. Guajardo (2020) sostiene que gran parte de los conceptos desarrollados por la terapia ocupacional presentan sesgos etnocéntricos derivados de los contextos en que fueron producidos. En esta línea, plantea que nociones como desempeño y justicia ocupacional han sido construidas desde marcos sociales propios del Norte Global. De manera complementaria, Gándara (2019) advierte sobre el riesgo de universalizar categorías occidentales para comprender a cualquier sujeto. Coincidimos con Valderrama Núñez (2019) al señalar que las ocupaciones constituyen prácticas históricas y situadas, forman parte de procesos de subjetivación y participan en la construcción de la identidad. En consecuencia, no existen ocupaciones ni desempeños ocupacionales universales, sino experiencias configuradas por contextos históricos y sociales específicos.
El desempeño ocupacional ha sido conceptualizado como el resultado de la interacción dinámica entre la persona, el entorno y las ocupaciones, posibilitando la participación en la vida cotidiana y contribuyendo al bienestar (Baum et al., 2015). Desde esta perspectiva, el desempeño ocupacional no se reduce a la ejecución de actividades, sino que emerge de la relación entre las características de los sujetos, las ocupaciones que realizan y los contextos en que estas tienen lugar. Sin embargo, desde una perspectiva crítica, resulta necesario ampliar esta comprensión, reconociendo que dicha interacción se encuentra atravesada por condiciones históricas, sociales y políticas. Tal como señala Valderrama Núñez (2019), las ocupaciones constituyen prácticas históricas y situadas, mientras que los aportes críticos desarrollados por Guajardo (2020) permiten comprender que las posibilidades de participación no son neutras, sino que se configuran a partir de relaciones de poder que amplían o restringen las oportunidades de hacer, ser y pertenecer. En este sentido, si bien la participación constituye un constructo amplio y relevante para comprender las experiencias ocupacionales, en este estudio se opta por el concepto de desempeño ocupacional, ya que el interés analítico no radica en examinar la participación como fenómeno general, sino en comprender cómo un contexto histórico específico transformó las formas concretas de hacer de los participantes a lo largo de sus trayectorias de vida. Así, el carácter situado del desempeño no constituye una limitación conceptual, sino precisamente el fenómeno de interés de esta investigación, permitiendo comprender las transformaciones experimentadas en ocupaciones significativas.
Desde una perspectiva crítica y emancipadora, Galheigo (2020) reflexiona sobre cómo la vida cotidiana constituye el espacio en el que los procesos históricos, sociales y políticos adquieren materialidad en la experiencia de las personas y en el que se construyen relaciones sociales, proyectos de vida y formas de resistencia. En este sentido, la vida cotidiana no se limita al conjunto de actividades realizadas diariamente, sino que representa una dimensión central para comprender cómo las relaciones de poder configuran las posibilidades de participación de individuos y comunidades. Bajo esta mirada, la violencia política y la violencia de Estado no sólo vulneran derechos fundamentales, sino que también intervienen en las formas de vivir, participar y organizarse socialmente, afectando las condiciones que hacen posible el desarrollo de ocupaciones significativas y la construcción de proyectos de vida.
Otro aspecto relevante que se recaba es el silencio al que alude Piper (2005), quien señala que el silencio sobre la dictadura militar ha permitido que su recuerdo ocupe un lugar importante en el orden social chileno. Esta omisión activa ha afectado profundamente la vida cotidiana y las ocupaciones de las personas, que han tenido que abandonar sus actividades diarias por miedo a represalias.
Según Oyarzún et al. (2009), la dictadura militar restringió significativamente las posibilidades de organización y de participación social mediante la represión política y el control de los espacios comunitarios. Estas transformaciones no solo afectaron a las organizaciones sociales y sindicales, sino también a las formas cotidianas de participación de las personas, modificando sus posibilidades de encuentro, acción colectiva y construcción de redes de apoyo. Sin embargo, frente a este contexto surgieron formas alternativas de organización comunitaria, muchas de ellas desarrolladas de manera clandestina junto a organizaciones eclesiales y ONG, que se constituyeron en espacios de resistencia y participación social. En este escenario, algunos terapeutas ocupacionales comenzaron a incorporarse al trabajo comunitario, contribuyendo al fortalecimiento de procesos colectivos en contextos marcados por la exclusión y la violencia política (Oyarzún et al., 2009).
En la investigación de Sharim et al. (2011), se propone una metodología teórica para examinar el impacto social de la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura en 2004. Su enfoque biográfico busca recopilar los relatos de profesionales que escucharon directamente a las víctimas, lo que permite un reconocimiento mutuo y la inclusión de los investigadores como nuevos oyentes. Este abordaje y análisis no sólo permiten conocer el impacto específico en estos profesionales, sino que también facilitan una comprensión más amplia de la construcción social de la memoria de los traumas asociados a la violencia estatal.
Además, Guajardo & Simó Algado (2010) analizan la evolución de la terapia ocupacional ante escenarios de opresión en Latinoamérica, enfatizando su rol ético y terapéutico durante el régimen militar chileno en la reparación de víctimas de violaciones a los Derechos Humanos. Se pone de relieve la inserción activa de terapeutas ocupacionales en entidades como el Centro de Salud Mental y Derechos Humanos (CINTRAS), donde la intervención con supervivientes del terrorismo de Estado se centró en restituir la cotidianidad fracturada y facilitar la recuperación del proyecto vital mediante el hacer ocupacional
En consecuencia, es inevitable reconocer que existe la presencia de ciertas injusticias ocupacionales que definen y/o reconocen a los individuos como seres ocupacionales, en donde cada individuo tiene deseos, hábitos y necesidades ocupacionales específicos, los cuales dependen del contexto de cada persona, de sus oportunidades y de sus capacidades, con el fin de prosperar en la sociedad (Durocher et al., 2019). Esta definición debe complementarse en función de lo planteado por Guajardo (2020), quien señala que es imposible hablar de justicia ocupacional sin reconocer el contexto sociopolítico que da origen a la transgresión de dicha justicia, pues de lo contrario se corre el riesgo de que las relaciones de poder que sostienen la injusticia ocupacional no sean consideradas y, por lo tanto, la potencialidad crítica del concepto quede reducida a un mero tecnicismo.
Cabe señalar que Ramugondo & Kronenberg (2015) desarrollan paralelamente el concepto de ocupaciones colectivas, el cual resulta relevante, pues, al igual que los autores anteriores, se sitúa desde una crítica a la idea de la ocupación como una categoría individual y funcionalista, proponiendo la existencia de ocupaciones orientadas bajo un sentido compartido y orientadas hacia la superación de las condiciones en las que se desarrollan las ocupaciones.
Por último, es necesaria la caracterización del sujeto de esta investigación, considerando la intersección entre su historia política, su identidad territorial y su pertenencia a sectores obreros de la Región del Biobío (Chile), una región del sur del país donde las comunidades mineras y obreras desempeñaron un papel relevante en los procesos de organización social y en las resistencias locales durante la dictadura cívico-militar (1973-1990). Las personas provenientes de comunas como Curanilahue, Arauco y Cañete construyeron sus trayectorias vitales en contextos de trabajo precario, de organización comunitaria y de lucha social. En particular, en Curanilahue, durante la década de 1980, se desarrollaron formas locales de resistencia frente a la dictadura, visibles en organizaciones comunitarias y políticas clandestinas, especialmente en torno al plebiscito de 1988, vivido como un hito de politización cotidiana y esperanza colectiva, con lugares específicos del territorio que funcionaron como "ayudantes" de la comunidad. Espacios de educación popular como el CADEP (Centro Abierto de Educación Popular) y las sedes de los propios sindicatos se utilizaron de manera clandestina para burlar el control militar, proteger a los vecinos y mantener activa la deliberación política (Resumen, 2020; Reyes et al., 2014).
Esta estructura identitaria se vio fracturada por lo que Reyes et al. (2014) denominan una acumulación de eventos adversos, que se inicia con la violencia política de 1973. Donde la represión no solo afectó la integridad física, sino que también desarticuló los espacios de participación, la mina y el sindicato, produciendo una quiebra en las redes de soporte social y cotidiano. La imposición de un modelo basado en el individualismo forzado chocó frontalmente con la naturaleza colectiva de estos sujetos, sumiéndolos en un sufrimiento social derivado de la obsolescencia de su saber productivo y la pérdida de sus referentes ideológicos tradicionales (Reyes et al., 2014).
Como plantean Ramugondo & Kronenberg (2015), la ocupación es una herramienta de transformación, por lo tanto, el rescate de sus historias biográficas frente a la invisibilidad sufrida tanto en dictadura como en el posterior cierre de las minas permite transitar desde un sujeto sumido en el dolor y la "espera" hacia un sujeto de derechos que busca justicia ocupacional a través de la reescritura de su propia historia.
Desde esta perspectiva, las injusticias ocupacionales pueden comprenderse como aquellas condiciones históricas, sociales y políticas que restringen las posibilidades de las personas para desarrollar ocupaciones significativas y ejercer sus derechos mediante la ocupación. En el contexto chileno, Lara et al. (2020) señalan que el ejercicio ocupacional se encuentra estrechamente vinculado con principios fundamentales como la dignidad, la autonomía y la igualdad, los cuales pueden verse limitados por condiciones estructurales e institucionales que generan exclusión. Esta comprensión converge con la perspectiva crítica propuesta por Guajardo (2020), quien plantea que la justicia ocupacional debe analizarse desde las relaciones de poder y los procesos históricos que configuran las oportunidades de hacer, ser y pertenecer. En consecuencia, las injusticias ocupacionales trascienden las limitaciones individuales y remiten a procesos sociales que condicionan el desempeño ocupacional y la posibilidad de construir proyectos de vida en condiciones de equidad y reconocimiento de derechos.
Método
Se realizó una investigación de enfoque cualitativo. La elección de este método se basa en lo planteado por Cedeño (2022), ya que permite explorar, describir y comprender las interpretaciones de la realidad social elaboradas por los sujetos en función de su contexto.
El paradigma que sustenta esta investigación es el socio-construccionista, que propone que el conocimiento no es un reflejo del mundo objetivo, sino que se construye a través de las prácticas relacionales, los procesos históricos y el lenguaje (Gergen, 1996).
Esta investigación se desarrolla a partir de un diseño narrativo-estructural, que se diferencia de otros enfoques narrativos. La centralidad del modelo greimasiano está asociada más que a la memoria de los sujetos como fuente de datos, al análisis de la “narratividad” como una gramática de carácter inmanente y universal que articula los relatos (Sánchez Antillón, 2022). Bajo esta premisa, los testimonios no se analizan como anécdotas, sino como unidades de significación donde los actores se transforman en actantes (funciones abstractas) que revelan la lógica del conflicto social (Bertetti, 2016).
Esta investigación estuvo dirigida principalmente al estudio de personas adultas mayores de entre 60 y 90 años de edad que han sufrido algún tipo de violencia política u otras vulneraciones de derechos tras la dictadura militar chilena. Se consideró a personas que estuvieron presentes y en territorio chileno durante la dictadura militar en la Región del Biobío. Por otro lado, es importante que las personas no tengan ningún compromiso cognitivo relevante ni alteraciones de la realidad, para recabar con mayor precisión la información narrativa solicitada a los participantes.
En torno a la recolección de participantes, esta se organizó mediante un tipo de muestreo de casos tipo, porque el objetivo que se pretendía era recabar la riqueza, profundidad y calidad de la información, y no la cantidad ni la estandarización de datos informativos para la investigación (Fernández et al., 2014). Dado que el diseño es narrativo-estructural, el interés no reside en la acumulación cuantitativa de casos, sino en la identificación de las leyes lógicas que organizan el mundo narrado (Pimentel, 1998). La cantidad de participantes se justifica por la detección de una redundancia en la estructura narrativa latente, donde los actores se transforman en actantes que revelan una gramática inmanente del conflicto, permitiendo tratar el corpus como un universo semántico cerrado y autosuficiente para el análisis de la significación. El detalle de los participantes se puede revisar en la Tabla 1.
Los datos de la investigación fueron recogidos mediante una entrevista semiestructurada, en la que el/la entrevistador/a presenta un guion temático que permite explorar temas adicionales o seguir las preguntas que surjan durante la entrevista (Fernández et al., 2014). Esta técnica es especialmente útil para la investigación debido a la profundidad a la que se busca acceder en las respuestas y al entendimiento más amplio de las percepciones y experiencias de los entrevistados. El instrumento consta de un guion de entrevista semiestructurada compuesto por 12 ítems agrupados en torno a tres ejes temáticos que se desprenden de los objetivos de investigación, las cuales fueron:
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Eje 1: Desempeño ocupacional pre-dictadura: orientado a identificar las ocupaciones significativas, roles y hábitos de los participantes antes del quiebre institucional.
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Eje 2: Injusticias ocupacionales durante el período militar: enfocado en relevar las privaciones, restricciones de libertad (toques de queda) y actos de violencia que alteraron el cotidiano.
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Eje 3: Transición y desempeño post-dictadura: destinado a comparar la vida cotidiana tras el retorno a la democracia y la resignificación de sus proyectos vitales en la actualidad
En cuanto al proceso de validación del instrumento, esta se realizó mediante la técnica de validación a través del juicio de expertos bajo los criterios expuestos por Escobar-Pérez & Cuervo-Martínez (2008), los cuales son: a) poseer experiencia y juicio en decisiones basadas en la evidencia; b) reputación en la comunidad; c) disponibilidad a participar, y d) imparcialidad. Además, con miras a asegurar la confiabilidad de la investigación, se realizaron entrevistas piloto a personas que cumplían la mayoría de los criterios de inclusión.
En cuanto al análisis de datos, se realizó mediante un enfoque narrativo. Este tipo de análisis se elige porque nos permite comprender la intencionalidad de la narrativa en relación con los contextos y los sujetos a los que se dirige (Capella, 2013). Dentro de la diversidad de análisis narrativos existentes, la presente investigación utiliza el Modelo semiótico de Greimas, propuesto en su obra Semántica estructural (1966/1971). El autor referido comprende el proceso de semiosis a partir de criterios de disyunción y conjunción al interior de los símbolos, y es a partir de esta lógica de diferenciación que se construyen las categorías de análisis que permiten definir los significados propuestos por los sujetos. Una de las particularidades del análisis greimasiano tiene que ver con que comprende los textos narrativos no como una simple sucesión de hechos, sino que más bien atiende a la dimensión polémica del relato y, por lo tanto, a una confrontación de itinerarios narrativos que buscan un mismo objeto (Penalva & Mateo, 2000).
En este marco, el esquema actancial resulta una herramienta adecuada para evidenciar el conflicto, ya que el eje conformado por el Ayudante y el Oponente constituye explícitamente el conflicto al interior de la narración (Saniz Balderrama, 2008). Aplicado al análisis de los testimonios sobre violencia política, este modelo permite comprender que las acciones narradas no dependen únicamente de los personajes en sí mismos, sino de las relaciones de apoyo, resistencia y confrontación que se establecen entre ellos. De este modo, en lugar de analizar a los actores de manera aislada, el esquema actancial hace visibles las tensiones sociales, políticas e ideológicas que estructuran la experiencia relatada y otorgan sentido a los acontecimientos narrados.
En la misma línea, el surgimiento de los significados parte de una dialéctica entre el hecho ocurrido y las relaciones con su contexto de producción, así como de las relaciones de oposición entre los elementos que componen el relato. En este sentido, los relatos se constituyen en un universo cerrado en el que se busca el desarrollo de una semántica inmanente, anclada a las situaciones traumáticas vividas por los sujetos. Dentro de esto, se utilizaron herramientas propuestas en la obra de Greimas, siendo particularmente relevante el uso del “Cuadrado semiótico”, el cual permite descomponer una narrativa en actantes y esquemas de acción que dan cuenta de las relaciones profundas entre los elementos que componen, lo que permite reconocer las conjunciones y disyunciones entre los diversos elementos en relación dentro de la misma (Sánchez Antillón, 2022).
El procedimiento de análisis supuso los siguientes pasos:
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Objetivación y Reducción del texto: Para Greimas, el primer paso es despersonalizar el texto. En este sentido, el texto se toma como una unidad cerrada en sí misma, más allá de las características individuales del sujeto.
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Análisis predicativo: se toman los predicados de las acciones y se categorizan en relación con dos tipologías de predicados. El primer tipo tiene que ver con las funciones, que representan el “hacer” dentro del relato, es decir, las acciones. La segunda tipología es denominada cualificaciones, y tiene que ver con las cualidades del ser. Una vez identificados los predicados, estos se agrupan en función de categorías descriptivas, las cuales agrupan términos idénticos, equivalencias sémicas y equivalencias sintácticas. En el modelo de Greimas, los personajes no son las personas en sí, sino que más bien son la sumatoria de lo que hacen (función) y lo que son (cualificación). De esta forma, los actores dentro de la narrativa se reducen con base en estos elementos encontrados y, con base en ello, constituyen al actante, que son las fuerzas que mueven el relato. Por último, estas categorías que hemos ido asociando a los actantes se reducen a sustantivos que resumen las acciones que se realizan y los estados que se constituyen (Greimas, 1971).
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El modelo actancial: la teoría del esquema actancial propone una estructura analítica que comprende diversos componentes fundamentales para comprender las dinámicas de la acción en los relatos. En este marco, el sujeto se define como el agente que lleva a cabo la acción principal, el cual se plantea objetivos a lograr y que tienen como base un objeto de deseo (no necesariamente concreto), que permite el desarrollo de la trama, siendo este el eje del deseo (Sánchez Riaño, 2012). El destinador actúa como el motor que impulsa al sujeto, en contraste con el oponente, quien representa el obstáculo a superar. Finalmente, el destinatario se identifica como el beneficiario o afectado por la acción, y el ayudante se configura como el apoyo que facilita el desarrollo de la misma. Esta organización permite un análisis profundo de las interacciones y motivaciones en cualquier narrativa (Sánchez Antillón, 2022). Los elementos clave del análisis narrativo, como las acciones, roles y oposiciones, pueden ayudar a descomponer los testimonios de las personas afectadas por la represión, el trauma y la pérdida de derechos ocupacionales.
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Aplicación del esquema narrativo canónico: Posterior al desarrollo del esquema actancial, se procedió a desarrollar el esquema narrativo, el cual supone la sucesión de estados por parte de los personajes, y nos permite revisar el proceso de cambio durante la narración. Este esquema se desarrolla en cuatro fases:
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a
Contrato: el destinador propone una misión al sujeto bajo la estructura de hacer-hacer;
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b
Competencia: el sujeto debe adquirir una aptitud para desarrollar la tarea encomendada (saber-hacer);
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c
Performance: en esta etapa el sujeto debe pasar de un estado de disyunción a uno de conjunción;
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d
Sanción: el destinador actúa en este caso como juez y establece el balance entre el estado inicial y los cambios que se han ido desarrollando en torno al sujeto (Sánchez Antillón, 2022).
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a
En coherencia con la naturaleza cualitativa y el enfoque de justicia ocupacional de esta investigación, se aplicaron estándares éticos para garantizar la protección de los participantes. El estudio se desarrolló en un marco de docencia universitaria, contando con la supervisión directa de un docente psicólogo especialista en Derechos Humanos, lo que permitió resguardar la integridad metodológica y el manejo sensible de la información recolectada. El proceso se rigió por los principios fundamentales de la Declaración de Helsinki (Asociación Médica Mundial, 2013), lo que aseguró el respeto a la dignidad humana y el resguardo de los derechos e intereses de los sujetos.
El proceso de vinculación se realizó mediante el uso de un Consentimiento Informado, el cual fue explicado de forma verbal y entregado por escrito, lo que aseguró la voluntariedad de la participación y el derecho al retiro en cualquier etapa del proceso sin represalias. Para salvaguardar la integridad de los relatos biográficos, se garantizó el anonimato y la confidencialidad de los datos mediante el uso de iniciales y códigos para identificar a los participantes, evitando cualquier riesgo de estigmatización o de vulneración de la privacidad.
Asimismo, considerando la sensibilidad de la temática vinculada a la violencia política, la supervisión del docente fue fundamental para la aplicación de criterios de exclusión específicos para personas con compromiso cognitivo o alteraciones en la realidad. Esto tuvo como fin asegurar que el proceso de narración biográfica no resultara revictimizante y que se llevara a cabo con pleno discernimiento por parte de los entrevistados. Finalmente, los resultados fueron compartidos con los participantes para asegurar la transparencia y el reconocimiento de su propia historia en el análisis final.
Resultados
Los resultados de la presente investigación están organizados en función del modelo actancial propuesto por Greimas, los cuales fueron explicados anteriormente en la sección de Metodología. En primer lugar, se pueden apreciar los elementos del modelo actancial organizados en función de los ejes a los cuales pertenece cada componente (eje del poder, de la comunicación y del deseo). Dichas identificaciones son acompañadas de fragmentos textuales que ejemplifican el desarrollo de las categorías analizadas. Posterior a esto, se desarrolla el análisis de la narrativa canónica, pudiendo ver cómo se desenvuelven estos mismos componentes del modelo actancial a través de la narrativa. Se incluye un desglose sintético de los contenidos encontrados para cada categoría desarrollada (véase Tabla 2).
Análisis del cuadro, según los elementos del modelo actancial de Greimas
Eje del deseo
Desde la perspectiva del eje del deseo, los sujetos de esta investigación son los adolescentes que vivieron en el período de la dictadura. Su objeto de deseo principal se bifurca: por un lado, anhelan la continuidad de su formación académica para adquirir mayores conocimientos, y por el otro, buscan la realización laboral en roles que les generen satisfacción y les abran nuevas oportunidades.
Eje del poder
En estas narrativas, el oponente principal es la dictadura militar, que se manifiesta mediante un conjunto de privaciones y actos de represión. Estos incluyen:
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Toques de queda: restricciones directas que impedían el libre movimiento y el desarrollo normal de sus ocupaciones;
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Intervención de las Fuerzas Armadas: el abuso de poder ejercido por militares, que generaba un clima de miedo y obligaba a los adolescentes a postergar sus actividades cotidianas y adaptarse a un orden impuesto.
Frente a estas fuerzas, los ayudantes son los aliados que facilitan el avance de los sujetos hacia sus metas. Estos se dividen en varios grupos:
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Familiares y amigos: sus vínculos más cercanos, que ofrecen un apoyo directo y un compromiso afectivo crucial;
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Organizaciones sociales: entidades como la iglesia, agrupaciones como las juventudes comunistas y redes vecinales y laborales, que brindaban un apoyo auxiliar fundamental para que los sujetos pudieran alcanzar sus propósitos.
Eje de la comunicación (destinador y destinatario)
El destinador es la fuerza que motiva al sujeto a actuar. En este caso, el impulso principal es la motivación intrínseca de los propios adolescentes, un ímpetu interno que los lleva a:
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Buscar activamente alternativas para su desarrollo personal y profesional;
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Tomar decisiones autónomas, como salir de su zona geográfica o seguir sus principios, a pesar del contexto represivo;
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Adaptarse al entorno, demostrando resiliencia y la capacidad de modificar sus estrategias para sobrevivir y prosperar.
Por otro lado, los destinatarios son los beneficiarios finales de la acción del sujeto. En esta historia, los destinatarios son, en gran medida, los propios seres queridos del adolescente. El deseo de superación no es solo personal, sino que tiene un propósito colectivo:
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La familia, a la cual buscan proteger y proveer un futuro mejor;
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La estabilidad económica, la recuperación de oficios y la tranquilidad en el hogar, que son los objetivos concretos que esperan lograr a través de su esfuerzo;
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La libertad y la seguridad de sus seres queridos, que son la motivación más profunda y urgente ante la situación contextual.
Los relatos de los participantes revelan un claro patrón de oportunidades truncadas en el ámbito educativo y laboral durante la dictadura. La falta de acceso a la educación superior y la interrupción de proyectos de vida son constantes en sus testimonios.
Una vez definido el esquema actancial y, por consecuencia, las fuerzas que intervienen en las narraciones, podemos identificar el esquema narrativo canónico, mediante el cual se puede apreciar la sucesión de hechos que conforman el relato y cómo las fuerzas del esquema actancial interactúan entre sí.
El esquema narrativo canónico, tal como mencionamos previamente, comienza con la fase de contrato, en la cual se evidencia el hacer-hacer, siendo el destinador las aspiraciones personales y sociales que se ven enfrentadas a un “contrato negativo” impuesto por la Dictadura. En este sentido, podemos apreciar que esta interacción emerge a partir de la interrupción violenta de las trayectorias educativas y laborales de los participantes, que son desarticuladas y se alejan del proyecto de vida original, lo cual se puede apreciar en los siguientes fragmentos:
Terminamos la enseñanza media y obviamente tuvimos muchos problemas porque no había muchas posibilidades de estudios... tenías que tener dinero porque tampoco existía el crédito aval del Estado ni existían otras becas... entonces, el que no tuvo la posibilidad, simplemente nos dedicamos a hacer otras cosas. Yo evitaba soñar (Participante 2).
Yo en ese momento lo que quería era estudiar... quería ser ingeniero forestal. Es que siempre la vida mía fue alrededor de los bosques... pero mi hermana mayor estaba estudiando Medicina y después del golpe perdió la beca y se quemaron todos los papeles... después ya se cerró esa cuestión, se cerraron los hogares y ya ¿dónde tenían la plata? (Participante 4).
Éramos perseguidos por parte de la jefatura, todos los que ya los miraban de otra forma... éramos discriminados. Mi intención era seguir subiendo en la mina, hacer otro estudio y seguir aumentando,pero no pude hacer ningún curso (Participante 1).
A veces trabajamos y a veces no, ya que no podíamos entrar al negocio, ya que tiraban bombas,agua que tiraban, lágrimas lacrimógenas, así que, a veces entrábamos a trabajar y a veces no, ya que quedamos todas mojadas, esperando que se terminara la revuelta que había en la plaza (Participante 7).
En relación con esto, podemos apreciar aspectos como la postergación de los sueños y proyectos de vida, la clausura institucional en términos educativos y laborales e incluso la discriminación y persecución laboral como punto de partida y contrato narrativo para las narraciones de los participantes. Por lo tanto, el horizonte postergado se configura como una vulneración ocupacional que trasciende al periodo en sí y termina afectando la capacidad de proyectarse a futuro, siendo uno de los efectos más persistentes producto de la Dictadura.
Posterior a esto, nace la Fase de Competencia, la cual va ligada al saber-hacer, en esta parte, como mencionamos previamente, se genera la adquisición de herramientas por parte del sujeto en función de la historia. En el marco de los resultados obtenidos, se puede apreciar un aprendizaje forzado y adaptación a la base de ese saber-hacer. Ese aprendizaje nace desde la autonomía y se constituye como refugio ante las situaciones vividas, en otros casos, nace desde la obligación de asumir funciones laborales a temprana edad, o desde la frialdad del exilio.
En la municipalidad empecé a aprender sola, porque nadie te decía 'hace esto o lo otro'. Yo vi una posibilidad y la tomé para poder educarme sola, leía y leía e iba aprendiendo... También aprendí de la tierra, de las plantas, a tejer, a bordar... en eso encontraba un entretenimiento para no pensar en lo que estaba sucediendo (Participante 2).
Llegué allá [Australia] y empecé a estudiar inglés, pero trabajaba. Estudiaba en la mañana y en la tarde trabajaba haciendo aseo. Tenía dos o tres trabajos... Trabajaba en las construcciones y después en Motorola, en servicio técnico, porque ya hablaba inglés (Participante 1).
Empecé a trabajar jovencito, como a los 10 años, cosas livianas, pero me ganaba mi moneda. Desde el liceo para adelante me compré todos los uniformes yo solo, trabajaba los meses de verano para tener plata para los cuadernos y la ropa (Participante 4).
Este tránsito forzado hacia labores de subsistencia a temprana edad obligó a los sujetos a moldear un "saber-hacer" ligado directamente al entorno geográfico rural. Ocupacionalmente. recalca esta asunción de responsabilidades en la cotidianidad de los sectores más apartados de la provincia: "Porque como era de campo, tú llegabas de la básica y llegabas a la casa a hacer cosas, ya sea de huerta, de plantar papas, lo que fuera, porque se hacía de todo" (Participante 3).
Las actividades manuales, el aprendizaje autodidacta, el trabajo desde edades tempranas y el desarrollo de nuevas habilidades permitieron a los participantes enfrentar las dificultades impuestas por la dictadura. Más que decisiones individuales, estas experiencias reflejan la necesidad de organizar la vida cotidiana frente al contexto que limitaba sus oportunidades. De esta forma, las ocupaciones adquirieron un nuevo significado, transformándose en estrategías para sostener la subsistencia, mantener la estabilidad familiar y continuar proyectándose frente a la adversidad.
Sin embargo, estas estrategias no deben comprenderse únicamente como mecanismos individuales de resiliencia, sino también como expresiones de una reconfiguración forzada del desempeño ocupacional a nivel colectivo. Las ocupaciones adquirieron un valor que excedía la productividad o el desarrollo personal, convirtiéndose en herramientas de estabilidad emocional, subsistencia económica y preservación de la propia identidad. Así, la adaptación se constituye simultáneamente como una estrategia de sobrevivencia y como una forma de resistencia frente a la imposibilidad de desarrollar los proyectos originalmente deseados.
La tercera fase corresponde a la Performance, la cual es el acto central de la narración y se encuentra centrada en el Hacer. En esta parte, se aprecia cómo la ocupación se transforma en una herramienta política y de sostenimiento de la vida, el sujeto en este caso, se ve enfrentado a la Dictadura mediante acciones colectivas de organización y cuidados. Podemos evidenciar cómo ese hacer fue transformando el proyecto de vida truncado en participación política activa en contra del régimen.
Participaba en partidos políticos, pero clandestinos, porque si te agarraban estabas preso. Lo hacíamos camuflado con el club deportivo; no lo tomábamos como partido político sino como club y hacíamos cosas comunitarias: hacíamos puentes, limpiábamos las cunetas y las dejábamos limpiecitas. Trabajábamos para ganar las cosas (Participante 4).
Me fui de acá con mis tres hijos y mi señora. Yo mantenía mi casa bien, mi señora también trabajaba y nos llevábamos bien. Mis hijos hoy están allá, están trabajando bien... pero acá en Chile nos sentíamos presos en vida, nos restringían hasta para conversar en la calle (Participante 1).
Hoy mi actividad es lucha social. Trabajo organizando programas habitacionales para familias vulnerables; eso significa evaluar a una familia, convencerla de que ponga su ahorro y no lo saque hasta que tenga su casa. Es un logro que, si yo no tuviera la escuela de lucha que tuve, no podría hacerlo (Participante 2).
Las experiencias de Participante 1 muestran que el exilio, aun cuando en algunos casos fue presentado como una decisión voluntaria, surgió dentro de un contexto donde las alternativas reales estaban profundamente condicionadas por el miedo, la persecución y la inseguridad. Desde una perspectiva ocupacional, el exilio implicó una ruptura del arraigo construido a través del trabajo, las relaciones comunitarias y las prácticas cotidianas. La pérdida del territorio, de los vínculos sociales y de las ocupaciones significativas produjo procesos de desarraigo que continuaron presentes incluso cuando las condiciones materiales mejoraron. De este modo, la experiencia del exilio evidencia cómo la restricción de la libertad afectó no sólo la movilidad de las personas, sino también su capacidad de sostener identidades ocupacionales construidas históricamente.
Dicho hacer, nos lleva directamente a la Fase de Sanción (Ser del Ser) y Justicia Ocupacional. Podemos encontrar en los relatos patrones comunes de balances de las narraciones que develan una tensión entre el logro personal y la búsqueda de una justicia histórica que aún no llega. Hay un elemento común en los relatos revisados y que guarda relación directa con que la reparación se encuentra incompleta en la medida en que persisten las secuelas del régimen.
Me siento conforme con lo logrado en Australia, pero acá en Chile no. Acá nunca podría haber logrado lo que logré allá. La dictadura nos echó a perder el país y hay daños que nunca se van a poder recuperar, como lo que hicieron con las AFP, robándoles a los trabajadores (Participante 1).
Me siento plena, orgullosa de todos los logros. A mí esto me emociona porque, sabiendo de dónde vengo, dónde no había nada, haber logrado que mis hijos estudien es un logro maravilloso. Si hoy no participo en la comunidad, sería como negar por lo que luché (Participante 2).
Me he sentido realizado en lo que hago. Después de la vuelta a la democracia se abrieron más oportunidades. Aunque dicen que la alegría no llegó, para mí sí... Aproveché la instancia de la reconversión laboral para dedicarme a la mueblería, que es lo que me gusta (Participante 4).
Es decir, que se evidencia que no hay reparación posible a nivel individual, sin una reparación de carácter social, esto no es un final trágico, sino que coexiste con el orgullo de poder haber desarrollado un camino propio. Dicho camino propio, del cual hacemos mención, es la manifestación del desempeño ocupacional y cómo, a través del desarrollo de ocupaciones colectivas y prácticas de resistencia y cuidados, fue reorientándose en función de su carácter histórico y contextual. En este sentido, se evidencia la relación intrínseca entre desempeño y justicia ocupacional, y cómo esta relación se volvió posible con base en las estrategias de resistencia y cuidados implementadas por parte de los participantes.
Discusión
Los relatos de los participantes revelan cómo la violencia política y la violencia de Estado incidieron directamente en las posibilidades de participación social, transformando su vida cotidiana y sus proyectos de vida. La privación de sus ocupaciones y su quehacer cotidiano, impuesta por la dictadura, constituye una vulneración de derechos fundamentales. Este contexto de violencia no solo se manifiesta en la falta de libertades, sino también en actos directos de agresión, como el uso de lacrimógenas y los golpes, tal como lo confirman los testimonios. En este sentido, cobra suma importancia la propuesta de Guajardo (2020) en relación con la justicia ocupacional, no entendida netamente como la ausencia de un bien ocupacional, sino más bien como una ausencia que emerge desde condiciones sociopolíticas concretas. En este caso, la noción crítica de justicia ocupacional se torna fundamental para el análisis del desempeño ocupacional y sus modificaciones, pues conforme a lo revelado en el cuadro actancial, la dictadura, en su rol de oponente, no solamente modifica un momento de la vida de las personas en su cotidiano. Por lo tanto, tal como señala Valderrama Núñez (2019), al ser modificadas las ocupaciones, entendidas como prácticas históricas y situadas, se modifica también la identidad de los sujetos, evidenciándose de manera patente en los relatos de las y los participantes.
Al contrastar los hallazgos con la literatura, se evidencia que las restricciones observadas adquieren una dimensión colectiva que trasciende el sufrimiento individual, fracturando el tejido social, la identidad minera y las trayectorias de los sujetos mediante el control, el exilio forzado y la violencia directa en empresas como ENACAR (Reyes et al., 2014). Tal como sistematizan las experiencias clínicas en dictadura (Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo, 1989; Guajardo, 1992; Guajardo & Simó Algado, 2010) el terrorismo de Estado funcionó como un dispositivo que cercenó la participación ocupacional colectiva. La clausura de espacios comunitarios y la instauración del miedo transformaron las ocupaciones cotidianas en actividades de supervivencia o riesgo, obligando a la terapia ocupacional a intervenir en la reparación del daño transgeneracional y la restitución de la cotidianidad en víctimas de violencia política (Guajardo, 1996; Guajardo & Simó Algado, 2010). En este sentido, podemos señalar que se produce una situación de apartheid ocupacional (Moraga, 2017), debido a que un gran grupo de la población se encuentra despojado de la posibilidad de generar ocupaciones en base a las condiciones político-sociales del entorno. Al mismo tiempo, se genera una marginación ocupacional (Townsend & Wilcock, 2004) dado que además de los aspectos sociopolíticos, a partir de las normas sociales se genera una restricción de la capacidad de elección de los sujetos respecto a sus ocupaciones.
Los hallazgos de esta investigación permiten, además, problematizar la noción de desempeño ocupacional utilizada tradicionalmente utilizada en terapia ocupacional. Si bien este concepto suele asociarse a la capacidad de una persona para desempeñar roles y participar en ocupaciones significativas, los relatos analizados evidencian que dichas posibilidades no dependen exclusivamente de atributos individuales. Esta perspectiva, alineada con la crítica de Guajardo (2020) sobre la aparente neutralidad de la disciplina, converge con el Paradigma Social de la Ocupación de Morrison et al. (2011), para quienes las ocupaciones no pueden aislarse de los contextos sociales que configuran la acción humana. En este marco, las restricciones vividas durante la dictadura militar, tales como la interrupción de trayectorias educativas y laborales, la persecución, el exilio y la desarticulación comunitaria, no representan meras alteraciones de rutinas o roles, sino expresiones de violencia estructural e injusticia ocupacional que afectaron profundamente el hacer, ser, pertenecer y proyectarse de los sujetos. Cuestionando las aproximaciones funcionalistas centradas en la sola adaptación, las estrategias colectivas de resistencia, solidaridad y organización comunitaria reflejan un ejercicio de agencia activa; tal como plantea Valderrama Núñez (2019), las ocupaciones constituyen prácticas históricas donde se construyen la identidad y el vínculo social. De este modo, el desempeño ocupacional trasciende la ejecución individual de actividades para consolidarse como un espacio donde se expresan, disputan y transforman las condiciones políticas que configuran los proyectos de vida. Las prácticas anteriores deberían operacionalizar la relación interseccional entre la ocupación/lo cotidiano y los derechos humanos y sociales
Las experiencias relatadas por los participantes permiten comprender que las respuestas ocupacionales desplegadas frente a la violencia política trascendieron estrategias individuales de afrontamiento, configurándose como procesos colectivos orientados a sostener la vida cotidiana y preservar el tejido social. La reorganización de las dinámicas familiares, la conformación de redes de apoyo, la participación en organizaciones comunitarias y religiosas, así como las distintas formas de resistencia desarrolladas durante la dictadura, evidencian que las ocupaciones adquirieron un carácter social y político. Esta interpretación dialoga con el Paradigma Social de la Ocupación (Morrison et al., 2011), donde las ocupaciones se comprenden como fenómenos inseparables de los contextos históricos y de las relaciones de poder que las configuran. Asimismo, los planteamientos de Balanta-Cobo & Padilla-Muñoz (2019) permiten comprender que estas experiencias deben analizarse reconociendo la diversidad de las historias ocupacionales y las condiciones estructurales de inequidad, exclusión y discriminación que atraviesan la vida cotidiana (Balanta-Cobo & Padilla-Muñoz, 2019). Desde esta perspectiva, las transformaciones descritas por los participantes no corresponden únicamente a interrupciones de ocupaciones específicas, sino a modificaciones profundas en sus trayectorias ocupacionales, determinadas por un contexto de violencia política que restringió sus posibilidades de participación, organización comunitaria y construcción de proyectos de vida. En este sentido, los hallazgos muestran que, aun en escenarios de profunda injusticia ocupacional, las personas desarrollaron ocupaciones colectivas que favorecieron la reconstrucción de vínculos, la preservación de identidades compartidas y la generación de espacios de agencia frente a la opresión, ampliando la comprensión del desempeño ocupacional como un proceso dinámico, histórico y socialmente situado.
Los hallazgos permiten comprender que las injusticias ocupacionales experimentadas durante la dictadura cívico-militar chilena no solo se expresaron en las restricciones impuestas a la participación y a la organización colectiva, sino también en los modos en que dichas experiencias han sido posteriormente significativas y recordadas. En este sentido, Bustamante & Carreño-Calderón (2020) advierten que las narrativas de reparación y memoria desarrolladas en el contexto de la transición democrática han tendido a privilegiar el sufrimiento y la victimización individual, relegando las trayectorias políticas, las formas de resistencia y las experiencias colectivas de quienes fueron parte de estos procesos. A la luz de los relatos analizados, esta reflexión permite comprender las injusticias ocupacionales no solo como consecuencias derivadas de la vulneración de derechos, sino también como procesos que afectan la capacidad de los sujetos y comunidades para preservar, transmitir y otorgar sentido a sus historias, saberes y formas de participación social. En este marco, recuperar estas experiencias contribuye a una comprensión más compleja de la memoria histórica y de las dimensiones políticas y colectivas que han configurado el desarrollo de la terapia ocupacional en Chile (Bustamante & Carreño-Calderón, 2020).
Frente a este panorama de opresión, la participación comunitaria emergió como un pilar fundamental de resistencia y apoyo. En el marco del análisis actancial, estos grupos pueden ser entendidos como los ayudantes que trabajaron junto a los sujetos para fomentar un sentido de emancipación. Estos esfuerzos clandestinos buscaban recuperar la esencia de la convivencia social a través de diversas instancias:
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Vínculos comunitarios y religiosos: La Participante 2 menciona cómo la iglesia sirvió como un espacio de encuentro y refugio;
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Organizaciones políticas y sociales: Se reconoce la labor de agrupaciones como las Juventudes Comunistas y organizaciones no gubernamentales (ONG) como CINTRAS, las cuales, según Guajardo & Simó Algado (2010), ofrecieron apoyo y estrategias de rehabilitación a través de la resignificación de ocupaciones;
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Movilización social: La participación en acciones como la campaña del "Sí y el No", como destaca Oyarzún et al. (2009), propició un sentido de eficacia y lucha por el bien común.
Estos esfuerzos colectivos se manifestaron en la preocupación por el bienestar de las familias, evidente en la organización para conseguir alimentos en un contexto de escasez. La coordinación para realizar filas, compartir información y generar mecanismos de apoyo mutuo visibiliza el trabajo comunitario como un factor clave para la subsistencia y el desarrollo de agencia social en medio de la adversidad. En este sentido, dichas prácticas pueden comprenderse como ocupaciones colectivas (Ramugondo & Kronenberg, 2015), entendidas como acciones desarrolladas en torno a objetivos compartidos y orientadas al bienestar común. Desde una perspectiva crítica, estas ocupaciones no solo permitieron responder a necesidades inmediatas, sino también sostener formas de participación, identidad y resistencia frente a las condiciones impuestas por la dictadura, configurándose como espacios donde el desempeño ocupacional adquirió una dimensión colectiva y política (Lopes, 2018).
Conclusión
Este estudio permitió comprender que la dictadura militar chilena produjo profundas transformaciones en el desempeño ocupacional de las personas que vivieron este período, afectando sus proyectos de vida, posibilidades de participación, identidad y vínculos sociales. Los relatos evidencian que la violencia política restringió el acceso a ocupaciones significativas, interrumpió trayectorias educativas y laborales y modificó la vida cotidiana de quienes experimentaron estas vulneraciones.
El análisis mediante el modelo actancial de Greimas permitió comprender que la dictadura operó como un oponente sistémico que reorganizó las trayectorias ocupacionales de los participantes. Paralelamente, las redes familiares, comunitarias y organizaciones sociales actuaron como ayudantes, favoreciendo estrategias de resistencia, cuidado y reconstrucción de los proyectos de vida. Desde esta perspectiva, el desempeño ocupacional se comprende como un proceso histórico y socialmente situado, configurado por relaciones de poder y no únicamente por características individuales.
Los hallazgos fortalecen una comprensión crítica del desempeño ocupacional y aportan evidencia sobre la relación entre violencia política, derechos humanos e injusticia ocupacional. Asimismo, evidencian que las ocupaciones colectivas desempeñaron un papel central en la preservación de la identidad, la memoria y la agencia de las personas frente a contextos de opresión, ampliando la comprensión del hacer humano como una práctica también política y colectiva.
Finalmente, esta investigación refuerza la responsabilidad ética de la terapia ocupacional en la producción de conocimiento sobre las consecuencias de la violencia política y en la visibilización de trayectorias históricamente silenciadas. Futuras investigaciones podrían profundizar en las diferencias de género, así como en los efectos intergeneracionales de las injusticias ocupacionales derivadas de la dictadura militar.
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Referencias
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