Resumen
Este artículo pretende demostrar la dualidad urbana en Santiago de Chile, aclamándola como un ejemplo de fragmentación social y espacial característico de las metrópolis latinoamericanas. Esta infraestructura urbana segregada de la periferia oriental de Santiago se manifiesta dentro de sus fragmentos, dificultando la integración de diferentes sectores sociales. Para mitigar estos efectos, se propone una metodología de intervención que identifique y desdibuje los límites de la segregación, incluyendo estrategias que fomenten la cohesión social y la integración. Los enfoques prioritarios incluyen la creación de espacios públicos y el acceso a la educación como mecanismos clave para promover una ciudad más equitativa y un entorno donde las relaciones sociales sean armónicas, facilitando el acceso equitativo a oportunidades para todos Todo ello, contextualizado en el caso paradigmático de La Reina.
Palabras clave:
Dualidad urbana; Latinoamérica; Límite; Desdibujamiento; Estrategias arquitectónicas.
Resumo
Este artigo pretende demonstrar a dualidade urbana em Santiago do Chile, aclamando-a como um exemplo da fragmentação social e espacial característica das metrópoles latino-americanas. Esta infraestrutura urbana segregada da periferia oriental de Santiago manifesta-se nos seus fragmentos, dificultando a integração dos diferentes setores sociais. Para mitigar estes efeitos, propõe-se uma metodologia de intervenção que identifique e esbata os limites da segregação, incluindo estratégias que promovam a coesão e a integração social. As abordagens prioritárias incluem a criação de espaços públicos e o acesso à educação como mecanismos-chave para promover uma cidade mais equitativa e um ambiente onde as relações sociais são harmoniosas, facilitando o acesso equitativo às oportunidades para todos. Tudo isto é contextualizado no caso paradigmático de La Reina.
Palavras-chave
Dualidade urbana; América Latina; Limite; Indefinição; Estratégias arquitectónicas.
Abstract
This article aims to demonstrate urban duality in Santiago, Chile, hailing it as an example of the social and spatial fragmentation characteristic of Latin American metropolises. This segregated urban infrastructure of Santiago's eastern periphery manifests itself within its fragments, hindering the integration of different social sectors. To mitigate these effects, an intervention methodology is proposed that identifies and blurs the boundaries of segregation, including strategies that foster social cohesion and integration. Priority approaches include the creation of public spaces and access to education as key mechanisms for promoting a more equitable city and an environment where social relations are harmonious, facilitating equitable access to opportunities for all. All of this is contextualized in the paradigmatic case of La Reina.
Keywords
Urban duality; Latin America; Limit; Blurring; Architectural strategies.
Introducción
La metrópolis latinoamericana, debido a su desmedido crecimiento urbano, se ha convertido en el principal ámbito de estudio de los procesos económicos, sociales, culturales y arquitectónicos contemporáneos de la dualidad urbana. Esta dualidad se manifiesta en la ciudad a través de la elitización de la clase alta, el aumento de la pobreza, la segregación y el miedo, entre otros factores. Trabajar en los límites como espacios intermedios permite desdibujar esta dualidad, contribuyendo a reducir la segregación urbana.
La naturaleza global de una ciudad depende de su posición estratégica y del modelo de expansión asociado a una reestructuración de su economía, además del acceso a la tecnología e información (Castells, 1995, 1999; Sassen, 2009). El éxito del capitalismo como estructura urbana, instaurando modelos neoliberales por encima del estado de bienestar, favorece la aparición del fenómeno dual en las metrópolis latinoamericanas, dividiendo el sistema urbano-social entre los grupos altos, que toman decisiones y ejercen funciones, y los grupos sociales devaluados. Esto determina un modelo urbano fragmentado y polarizado, marcado por límites muy establecidos. Desdibujar estos límites mediante estrategias arquitectónicas que incorporen ambas realidades desde el paradigma de la integración contribuye a disgregar esta notable diferenciación entre los polos de la dualidad urbana.
En este contexto, Santiago de Chile se presenta como el paradigma del fenómeno dual de la ciudad latinoamericana. El excesivo centralismo del país monopoliza su desarrollo económico, social, cultural y mediático en su capital, provocando un crecimiento urbano excesivo que genera situaciones de segregación en límites muy identificables dentro de la trama urbana como sucede en La Reina. Este caso de estudio permite ejemplificar cómo la segregación urbana y social pueden ser abordadas mediante estrategias arquitectónicas específicas, centradas en la creación de espacios de encuentro, para facilitar la integración de diferentes sectores sociales, sirviendo como modelo para otras ciudades con problemáticas similares en América Latina.
Santiago: las dos caras de La Moneda
La importancia de la globalización, el desarrollo y el crecimiento
Diversos estudios sobre la realidad urbana chilena (De Ramón, 1978, 1985; De Mattos, 1999; Greene y Soler, 2004; Matas, 2004; Aylwin et. al., 2008; Martínez, 2011; Rosas et. al., 2011) afirman el carácter global Santiago de Chile debido a su crecimiento económico, su intensificación nodal y su gran escala. Por otro lado, Chile1, está configurado por 15 regiones, cuya superficie varía entre 15.000 y 45.000 km2, con una densidad muy baja (8-30 habitantes/ km2) en relación a la Región Metropolitana (475 habitantes/ km2) a pesar de ser la región con menos superficie en el territorio nacional. La lectura de la población por regiones (ver Figura 1) muestra cómo las ciudades chilenas aumentan su población cuanto más próximas están a Santiago, lo que demuestra que el crecimiento poblacional de estas está directamente relacionado con su proximidad a la metrópolis global.
Densidad de las regiones chilenas. Fuente: elaboración propia a partir de los datos del INE, Compendio Estadístico 2015, Instituto Nacional de Estadísticas, Santiago de Chile, 23 de octubre de 2015. Fuente: elaboración propia (2017).
El fortalecimiento de Santiago como ciudad global atrae empresas extranjeras y capital nacional, ofreciendo bajos niveles de desempleo y buenas condiciones laborales. No obstante, Santiago se sitúa en el noveno puesto atendiendo al índice de calidad de vida urbana (Orellana, 2015) y excesivamente debajo de la media en transporte y vivienda. La explicación de este hecho atiende al análisis macroeconómico de la globalización, en lugar de considerar factores más complejos como la desigualdad salarial, la precariedad laboral y su informalidad, la desprotección de los contratos y el acceso al empleo, entre otros (De Mattos et. al., 2014).
La lectura urbana de Santiago, de oeste a este, muestra como el oriente concentra la mayoría del trabajo y el poniente los barrios de los trabajadores. Este hecho acucia aún más si cabe con la fragmentación de estos espacios diferenciados. Por ello, trabajar estratégicamente en los límites entre estos fragmentos, se presenta como una posibilidad real para contextualizar una metodología innovadora que busca la integración en espacios donde las condiciones de borde no son extremas.
Condiciones que impulsan la segregación
Los cambios que han sufrido las grandes ciudades tras la Revolución Industrial, en base a las lógicas del capitalismo, han favorecido el establecimiento de la sociedad del bienestar, facilitando el desarrollo urbano a partir de su crecimiento y la reestructuración del capitalismo. Además, la globalización ha intensificado el fenómeno de la segregación urbana al vincularse al acceso a la información. Sin embargo, el origen de la segregación en Santiago radica en su fundación en 1541 como ciudad colonial, donde a pesar de no tener una muralla construida, sí se definen unos límites bien marcados entre aquellos que pertenecen a la ciudad y aquellos que no.
La ciudad se funda sobre asentamientos precolombinos, incidiendo en su carácter dominante. No obstante, tras las invasiones para recuperar el territorio a escasos 200 días de su fundación, Pedro de Valdivia, decide cercar la ciudad, hacer de su casa un fuerte para los vecinos (Martínez, 2011). De este modo, la Plaza Mayor pasó a ser Plaza de Armas y el damero fundacional queda acotado por dos límites casi paralelos: por el sur, la cañada, límite del crecimiento de la ciudad hacia ese lado; por el norte, el río Mapocho, barrera de control natural de la ciudad informal que existía al otro lado. Así, desde sus inicios, la ciudad ha crecido con una estructura urbana segregada: lo urbano y lo agrícola, lo formal y lo informal, lo genérico y lo identitario. Debido a esto, Santiago desde siempre ha estado formado por diversos barrios separados y pasar de uno a otro, supone una transgresión (Franz, 2011), la cual va asociada a las clases sociales.
Existen tres puntos de inflexión en la historia de la ciudad que son inherentes a su transformación (Rosas et. al., 2011):
1. Vicuña Mackenna: la construcción del muro invisible entre los fragmentos urbanos de Santiago.
Durante las décadas de 1850 y 1860, Santiago experimentó una expansión económica impulsada por las exportaciones de trigo, plata y cobre. Esto facilitó mejoras laborales y promovió la independencia cultural del país. En 1872, Vicuña Mackenna, nombrado Intendente de Santiago, ideó una nueva ciudad basada en los preceptos urbanos parisinos del Barón Haussmann (Orrego, 1951). La influencia francesa transformó la ciudad colonial, caracterizada por vías sin pavimentar y casas de adobe, en una ciudad con infraestructuras modernas y embellecida con proyectos culturales y de saneamiento.
El plan de Vicuña Mackenna incluyó la construcción de infraestructuras de canalización, pavimentación de calles, dotación de agua potable y saneamiento, así como la demolición de viviendas insalubres. Además, se desarrollaron proyectos culturales como la construcción de escuelas, mercados y la reinauguración del Teatro Municipal. La arborización de la Plaza de Armas, el diseño del parque Cousiño y la reconversión del Paseo Santa Lucía fueron parte de los esfuerzos por jerarquizar el espacio público urbano (Vicuña Mackenna, 1873). Sin embargo, la remodelación de la ciudad se realizó desde concepciones segregadoras, marcando una dualidad urbana. Se separó a los 'bárbaros' de aquellos que aceptaron el estilo de vida parisino a través del 'camino de cintura', delimitando una zona central representativa y aburguesada, beneficiada por el auge económico, en contraste con una periferia homogénea y pobre (De Ramón, 1985). Este límite marcaba el fin de la ciudad formal y el inicio de la informal, creando un muro invisible entre los fragmentos urbanos de Santiago (Vicuña Mackenna, 1872).
El propósito del proyecto era diverso: una operación vial (Pérez, 2011) con carácter de cordón sanitario para la higienización de la ciudad (Rosas et. al., 2011), incorporando árboles de gran porte. Esta barrera sanitaria también delimitaba el avance urbano (Palacios, 2010), potenciando la dualidad mediante un proyecto arquitectónico y urbano intencionado (De Ramón, 1978).
El éxito industrial asociado al salitre transformó la trama urbana de Santiago de manera polarizada. La minoría acomodada buscaba alejarse del pasado colonial mediante una arquitectura más europea, imitando (Child, 1891) y variando estilos (Matas, 2004), y embelleciendo ciertos sectores de la ciudad. Por otro lado, el abandono del centro por parte de las clases acomodadas favoreció la incorporación de las clases populares a la trama urbana (Subercaseux, 2004), consolidada en modelos habitacionales deficitarios como conventillos y cités (Torres, 1986; Hidalgo, 2002).
2. El intento de modernización de Santiago: unos y otros en un mismo espacio urbano.
El auge económico de 1900, impulsado por la industria salitrera, intensificó la segregación en Santiago entre una oligarquía adinerada y una clase trabajadora con pésimas condiciones de vida (Orrego, 1884). Este crecimiento desmesurado llevó a la expansión de la ciudad en catorce suburbios (Valdés, 1917). Para combatir la marginalidad urbana, Karl Brunner propuso una renovación urbana que modernizara el polo informal de la ciudad, diluyendo las diferencias entre el área central y los suburbios mediante la incorporación de escuelas, espacios verdes y alejamiento de zonas industriales (Brunner, 1932). Sin embargo, la ciudad se dividió en tres sectores: un sector central, representativo y funcional; un sector residencial, denso e interior; y, por último, un sector residencial exterior disperso.
A mediados del siglo XX, la ciudad continuó creciendo desmesuradamente. La población se ubicó inicialmente en conventillos y cités, pero la incapacidad de estos para albergar a toda la masa poblacional llevó a la aparición de asentamientos informales en la periferia. En 1952, estos ocupaban el 6% de Santiago, y en 1973 crecieron hasta el 18% (De Ramón, 1978).
Para abordar la pobreza y la vivienda de autoconstrucción, el gobierno implementó diversas soluciones habitacionales, como la Junta Central de la Habitación Popular (1931) y la Caja de Habitación Popular (1936), que aumentaron la construcción de poblaciones legales en la periferia. Paralelamente, la periferia más pudiente se desarrolló gracias a la Ley Pereira (1949), incentivando la construcción de viviendas económicas y consolidando una periferia de clase media alta hacia el oriente. Este crecimiento suburbano transformó los antiguos caminos agrícolas en vías principales y configuró una nueva tipología arquitectónica más consciente de la incorporación natural (Palmer, 1987; Recabarren, 2008). Todo esto, constituye la estructura urbana santiaguina actual, caracterizada por la centralidad, el crecimiento periférico de baja densidad y la segregación social (Sabatini, 1982).
Numerosos autores (Navarrete, 1922; Parraguez, 1935; Gebhard, 1937; San Martín, 1992; Bonomo, 2009; Forray, Márquez, Sepúlveda, 2011) han investigado la modernización de Santiago y cómo esta provocó la convivencia de los dos polos de la ciudad en el mismo espacio urbano. La ciudad tradicional fue reemplazada por la ciudad moderna, con la manzana histórica sustituida por la agrupación de bloques, la plaza por áreas verdes abiertas, la calle por el automóvil y el barrio por la ‘unidad vecinal’, privilegiando la vida en comunidad por encima de los aspectos formales de su arquitectura (Bonomo, 2009), lo que transformó por completo la imagen urbana de la ciudad (Raposo, 1999). La expropiación de terrenos en zonas estratégicas para disponer de suelo barato y bien ubicado benefició las acciones llevadas a cabo por la Corporación de Vivienda (CORVI) y la Corporación del Mejoramiento Urbano (CORMU) que jugaron un papel crucial en la transformación de la imagen urbana de Santiago, renovando áreas degradadas y luchando contra la segregación urbana. Asimismo, la Ley de Reforma Urbana, no culminada debido al golpe de 1973, buscaba planificar el crecimiento metropolitano impidiendo la expansión descontrolada y regulando el suelo urbano como recurso público.
A pesar de estos esfuerzos, las tomas de terreno continuaron de forma más violenta y organizada. La ‘Operación Sitio’ surgió como una solución representativa, proporcionando terrenos trazados con tiza y acceso a equipamientos, redes y servicios urbanos a los estratos pobres. Esta medida entregó 71,000 sitios a más de 380,000 personas (Quintana, 2014), ofreciendo una solución inmediata al problema habitacional, pero sin planificación, lo que contribuyó a la fragmentación urbana de Santiago (Castells, 2004).
La Reina es uno de los primeros ejemplos de dualidad urbana, originada a partir de una ‘Operación Sitio’ en la comuna de Ñuñoa, que había crecido como barrio periférico de clase acomodada. La iniciativa atrajo pobladores ilegales y de escasos recursos, provocando una fuerte tensión entre dos polos diferenciados que compartían el mismo espacio urbano. En 1963, se decidió constituir una nueva municipalidad, La Reina, separándola del resto de la comuna.
3. Santiago neoliberal: la ciudad heredada
A partir de 1960, Santiago experimentó un crecimiento explosivo de la población, lo que llevó a la redacción del Plan Intercomunal de Santiago (PRIS). Este plan tenía dos objetivos principales: establecer los límites de la ciudad y descentralizarla mediante la consolidación de subcentros. En 1965, se creó el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) para recuperar el centro de la ciudad como espacio urbano y habitacional de la clase media, densificar la ciudad y evitar la segregación urbana (Aylwyn, 1985). Sin embargo, las políticas redistributivas no lograron reducir la desigualdad, que continuó incrementándose (Larrañaga, 2001).
El malestar de la clase media y alta ante la redistribución de la riqueza durante el gobierno de Allende llevó al respaldo de la dictadura militar de Augusto Pinochet, que instauró el modelo neoliberal americano, ampliando la brecha entre ricos y pobres (Valdés, 1995). Las operaciones urbanas durante la dictadura, como la erradicación de campamentos y el nuevo modelo habitacional basado en subsidios, contribuyeron a la segregación de clases y la fragmentación urbana. La Política Nacional de Desarrollo Urbano (PNDU, 1979) y el Plan Regulador Intercomunal Metropolitano (PRIM, 1994) establecieron límites urbanos que afectaron el paisaje urbano de la ciudad.
La gestión urbana heredada del neoliberalismo y la desregulación fomentaron la suburbanización (De Mattos, 2007), donde la expansión metropolitana hacia la periferia y la centralidad de las áreas de trabajo provocaron desplazamientos congestionados. La implantación del neoliberalismo y la globalización se convirtieron en factores clave para la segregación de Santiago (Cáceres et.al., 2006).
La globalización consolidó el sector privado como herramienta de planeamiento urbano, transformando el modelo de crecimiento urbano de baja densidad y extensivo a la edificación masiva en altura. Esto generó mayor rentabilidad del suelo y suprimió proyectos de viviendas sociales, resultando en condominios cerrados y torres de departamentos que emergen como fortalezas en altura en el perfil de la ciudad.
Fundamentos metodológicos para el establecimiento de límites
Abordar la segregación desde el planteamiento de soluciones que desdibujen los límites en los que se produce esta dualidad, resulta indispensable para resolver los problemas que de ella se derivan. Así, mediante este estudio, se busca identificar los límites físicos y sociales que constituyen la fragmentación urbana en La Reina, y proponer acciones que desdibujen dichos límites a partir de propuestas que integren y conecten sus diferentes fragmentos, promoviendo una condición urbana más inclusiva y equitativa. Para ello se propone una metodología de intervención dividida en 5 fases que consideran: en primer lugar, la localización de los límites mediante la localización del desarrollo y su potencial de funcionamiento, el análisis de los factores de segregación y su potencial de integración, la determinación de la segregación arquitectónica y su potencial de visibilización, el potencial de identidad a través del reconocimiento de sus límites y la relevancia de éstos para la ciudad de Santiago; por otro lado, se plantea la elaboración de un mapa de localización de los límites de la dualidad para la elección del caso; en tercer lugar, el análisis del caso mediante la realización de una memoria que recoja la aproximación al mismo, la identificación de su problemática y el planteamiento de los objetivos; por último, la aplicación de estrategias en situaciones relevantes.
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a) Localización de límites geográficos, socioeconómicos, arquitectónicos, viales, del miedo, de movilidad y comerciales.
A partir del estudio de las situaciones de borde en el ámbito de estudio, se establecen condiciones delimitadoras en relación con los procesos económicos, sociales, arquitectónicos, territoriales y de comunicación; todos ellos, susceptibles de provocar límites físicos o virtuales en el espacio urbano de Santiago. De este modo, se produce un primer acercamiento con la determinación de los bordes físicos para, en segundo lugar, observar la distribución socioeconómica de la ciudad. Posteriormente, se consideran las tipologías arquitectónicas de la metrópolis que hacen visiblemente la segregación en el espacio urbano y el trazado viario que articula la fragmentación rotunda de la mancha urbana santiaguina. Finalmente, se atiende a los elementos del miedo - cámaras de seguridad, vallas electrificadas y muros de gran altura - junto a la movilidad espacial de los ciudadanos y la actividad comercial.
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b) Establecimiento de la dualidad urbana a partir de límites superpuestos para establecer casos de estudio.
La combinación de diferentes límites identificados permite determinar situaciones en las que estos actúan como herramientas de fragmentación urbana. Así, al considerar la ciudad como un hojaldre, el análisis de sus distintas capas de manera individual permite identificar las condiciones delimitadoras de cada una de ellas de forma autónoma, las cuales se intensifican o disminuyen al compararlas con las demás. Así, en ciertos casos, límites que parecen significativos y difíciles de borrar se desvanecen ante la presencia de otros más fuertes, y en otros casos, ambos límites se refuerzan mutuamente y amplifican el fenómeno.
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c) Aproximación al caso de estudio.
Mediante el análisis en profundidad de las variables que provocan la segregación urbana en un caso de estudio concreto, se consigue una comprensión detallada y contextualizada del tema, valorando sus propias singularidades y las relaciones únicas que en un contexto urbano determinado se producen.
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d) Reconocimiento de los límites: problemática y objetivos.
Se plantea una fase de reconocimiento de los límites problemáticos, productos de la segregación, como muros, carreteras, topografía, parques, entre otros, para establecer objetivos particulares que contribuyan a paliar los efectos negativos de la segregación urbana.
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e) Aplicación de estrategias para desdibujar los límites.
La identificación de la dualidad urbana santiaguina y la definición de sus límites
La definición de los límites (ver Figura 2) urbanos de Santiago se basa en la combinación de diversas situaciones de borde analizadas en diferentes contextos. Considerando la ciudad como un hojaldre, el estudio independiente de sus capas permite identificar las condiciones que delimitan cada una de ellas. Los mapas reflejan el análisis de los procesos de segregación urbana, mostrando cómo estos definen los límites de la metrópolis. Se han examinado procesos económicos, sociales, arquitectónicos, territoriales y de comunicación que generan límites físicos o virtuales. La superposición de estos procesos establece límites bien definidos, clasificados según su intensidad y relevancia como elementos de fragmentación urbana.
Santiago está delimitada geográficamente por tres elementos principales: la cordillera de los Andes, el río Mapocho y el canal San Carlos. La cordillera actúa como un límite físico y mental, influyendo en la segregación urbana y el desarrollo hacia el oriente. El río Mapocho también divide la ciudad, separando sectores pobres y ricos. El canal San Carlos ha sido utilizado como barrera de segregación, especialmente con la aparición de condominios cerrados.
Aunque la clasificación ABC1 no es oficial en Chile, es importante analizar sus límites socioeconómicos, ya que es un instrumento clave de estratificación social. El mapa de la ciudad muestra claramente un límite norte-sur, con la avenida Vicuña Mackenna dividiendo la ciudad en dos: al oeste, los sectores más populares y al este, las clases pudientes. La segregación es gradual de este a oeste, con pocas confrontaciones directas entre los más ricos y los más pobres. Además, existen islas de riqueza en comunas pobres y viceversa, creando una dualidad urbana con límites claros tanto entre comunas como dentro de ellas, según su proximidad a la cordillera y su clasificación socioeconómica.
Los límites arquitectónicos definidos a través de las tipologías arquitectónicas permiten visualizar físicamente la segregación en el espacio urbano. El modelo de ciudad jardín, predominante en el siglo XX, ha desaparecido en gran parte de la ciudad, excepto en el sector oriente. El crecimiento reciente incluye bloques residenciales en zonas acomodadas y torres de clase media en el centro. Existen contrastes claros entre barrios populares y nuevos condominios cerrados, creando una dualidad urbana con límites evidentes tanto entre comunas como dentro de ellas.
El límite establecido por el trazado vial constituye uno de los límites con mayor capacidad de fragmentación y uno de los más difíciles de eliminar. En Santiago, la mayoría de las vías no actúan como barreras, sino como elementos de comunicación. Sin embargo, algunas vías, como la autopista Américo Vespucio y la avenida Tobalaba, sí fragmentan el espacio urbano, separando sectores populares de áreas más acomodadas, especialmente cuando se combinan con factores topográficos. La movilidad en Santiago contribuye a la fragmentación urbana. La red de metro muestra un desplazamiento de oeste a este, con tiempos de viaje más cortos para las clases acomodadas, creando un límite invisible que aísla áreas del desarrollo. Esta segregación por tiempo de viaje divide la ciudad entre quienes participan del desarrollo y quienes pasan mucho tiempo viajando.
El miedo es uno de los principales factores de fragmentación en la ciudad contemporánea, visible en el espacio urbano a través de arquitecturas defensivas como cámaras de seguridad, vallas electrificadas y muros altos. Aunque la percepción de violencia es mayor que la real, la mayor percepción se encuentra en el sector oriente, no por la delincuencia local, sino por la proximidad a comunas delictivas y la aparición de elementos defensivos que marcan límites claros.
La actividad comercial en Santiago fragmenta la ciudad. La densidad de comercios disminuye hacia la periferia, con los principales centros comerciales desplazándose al oriente. Esto excluye a otras áreas del desarrollo y afecta la vida cotidiana. En comunas populares, la falta de centros comerciales fomenta el comercio local, pero reduce la habitabilidad de las viviendas. En el oriente, los malls predominan, contribuyendo a la segregación por ser espacios vigilados y privados.
La superposición de distintos límites (ver Figura 3) permite identificar situaciones donde estos actúan como herramientas de fragmentación urbana. A veces, límites importantes se diluyen ante otros más fuertes, mientras que en otros casos se potencian mutuamente. La lectura de estos límites muestra su predominancia en el sector oriente, especialmente cerca de la cordillera, en comunas como Peñalolén y La Reina (6, 7, 8, 9 y 10). Estos casos no son aislados, sino que reflejan un fenómeno que afecta el desarrollo hacia el oriente. Los contrastes entre poblaciones populares y condominios cerrados acentúan la violencia subjetiva y los límites físicos, como el canal San Carlos o la avenida Tobalaba, que actúan como barreras claras.
Los casos de San Miguel y el centro urbano (1 y 2) son aislados, ya que sus límites no separan situaciones drásticas. En Huechuraba (3 y 4), aunque la autopista Américo Vespucio norte marca un límite claro con Conchalí y Recoleta, su gran tamaño solo permite ver las diferencias desde la autopista. Dentro de Huechuraba, hay segregación urbana con barrios peligrosos como La Pincoya y condominios cerrados para clase media alta, como Chicureo, una ciudad privada dentro de Santiago. Estos casos ofrecen una oportunidad para definir el desarrollo futuro de la ciudad, que ha comenzado a crecer hacia este sector.
En Lo Barnechea (5), los límites son más evidentes, con poblaciones muy pobres y peligrosas como Cerro 18, contrastando con zonas adineradas. Aunque la tendencia es expulsar estos focos de pobreza extrema, la construcción reciente de viviendas públicas sugiere que el desarrollo futuro estará condicionado por estos límites.
La Reina, la periferia resiliente
La elección del caso responde a tres criterios fundamentales: primero, es una zona de crecimiento actual por lo que es crucial establecer parámetros para evitar una mayor fragmentación; segundo, representa ejemplo de dualidad extrema; tercero, tiene un proceso urbano histórico que va desde su consolidación como barrio periférico popular a finales de los años 60, pasando por su deterioro tras el Golpe de Estado de 1973 y la llegada de nuevos modelos urbanos en la era democrática, hasta hoy, donde la historia se refleja en límites bien definidos.
Así, el caso de La Reina ejemplifica el crecimiento histórico de la ciudad hacia el oriente desde mediados del siglo XX. El límite definido separa claramente a quienes participan en el desarrollo capitalista y globalizado de aquellos que sobreviven desconectados de este progreso. Este proceso muestra cómo la ciudad ha sido ocupada por clases altas cerca de la cordillera, reemplazando gradualmente la periferia popular de los años 60. Este caso es representativo de procesos similares en La Reina y otras comunas como Peñalolén, La Florida y Puente Alto, aunque con menor intensidad.
Aproximación al caso de estudio
En 1963, para gestionar el crecimiento desordenado de Santiago debido a la proliferación de asentamientos informales, se crearon nuevas comunas hacia el oriente, incluyendo La Reina, que antes pertenecía a Peñalolén. Desde su creación, La Reina ha mostrado una dualidad urbana. Su proximidad a la cordillera la convirtió en un refugio de la ciudad central deteriorada, consolidándose como un área acomodada con habitantes desplazados de Ñuñoa. La comuna surgió con una actitud segregadora, respondiendo a la popularización del sector por programas habitacionales de mezcla social, como la separación de Peñalolén de Ñuñoa. La formalización de este sector lo convirtió en un nuevo centro urbano, atrayendo a otros pobladores que se asentaron informalmente en terrenos baldíos o márgenes de canales. Cerca de dos mil familias vivían en condiciones inaceptables.
Los pobladores, conscientes de su ocupación ilegal, buscaron ayuda del arquitecto Fernando Castillo Velasco, entonces alcalde, quien prometió no moverlos hasta encontrar una solución. Así, en 1965 comenzó la construcción de la Villa La Reina, en respuesta a las demandas de viviendas dignas, sanidad, educación y participación en el desarrollo urbano, siguiendo los principios del gobierno de Eduardo Frei Montalva. El proyecto de la villa se basó en la integración social y laboral, participación y autoconstrucción. Castillo Velasco diseñó un proyecto de 70 hectáreas para 1620 casas, con viviendas dignas pero ajustadas a las condiciones de pago, y equipamientos necesarios para la vida urbana. Los vecinos autoconstruyeron sus viviendas, organizándose para producir materiales, con el arquitecto como guía. La villa se consolidó como un barrio con identidad y comunidad.
Tras el Golpe de Estado, la villa se convirtió en un foco de resistencia, intensificando las diferencias internas y adquiriendo un carácter defensivo. A finales de los 80, el barrio se deterioró y aumentó la delincuencia. En los 90, bajo el mandato de Castillo Velasco, se intentó mejorar la villa, eliminando rejas y antejardines, y llevando a cabo programas de mejoramiento urbano. Aunque la mejora fue significativa, no alcanzó su carácter inicial. Con la globalización, los alrededores se convirtieron en barrios altos, y la villa acogió a excluidos del desarrollo, aumentando la densificación y deteriorando el espacio urbano y las relaciones domésticas.
El principal problema de la villa no solo radica en su situación interna, sino en su integración con el resto de la comuna. La conectividad es crucial, ya que la villa está aislada como una isla marginal dentro de un sector ABC1. Desde 2003, La Reina ha tenido uno de los mayores índices de victimización. Esta segregación socioeconómica es marcada y establece límites claros entre la villa, como área degradada, y los nuevos barrios con comunidades cerradas y vigiladas. La ciudad ha crecido alrededor de la villa, encerrada detrás de muros que impiden el contacto entre ambas partes. Dentro de estos muros, se ha creado una ciudad autónoma con iglesias, equipamientos privados, áreas recreativas y zonas verdes, aunque no puede definirse como una ciudad real, sino más bien como un área residencial.
La ciudad real solo aparece como lugar de trabajo y ocasionalmente como espacio de encuentro en el mall, donde las relaciones sociales se dan entre iguales y los trayectos se realizan en vehículo privado, sin interacción con la ciudad. La avenida Las Perdices separa estos condominios de la villa, y su condición de límite se agrava con la topografía que eleva la ciudad cerrada y entierra el barrio. Ni la degradación progresiva de la villa ni la configuración hermética de los condominios cerrados responden a un modelo de ciudad integradora y flexible que reduzca la segregación y desdibuje los límites. Sin embargo, este ha sido el modelo de crecimiento en la periferia oriente en los últimos años. Es necesario plantear una estrategia para recuperar los valores iniciales del barrio, con tipologías y espacios urbanos que acojan las transformaciones y eviten su deterioro futuro. Se debe proponer una integración entre ambas partes, que aporte realidad a la ciudad simulada y responda a las necesidades del barrio degradado, favoreciendo un intercambio desde el límite.
Problemáticas resueltas en la periferia oriente
Dentro de la comuna, se detectan las siguientes problemáticas (ver Figura 4):
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1. Densidad: La arquitectura de la villa ha fomentado un sentido de identidad y comunidad, pero no ha soportado la densificación. Las viviendas, originalmente con amplios patios, han sido ampliadas de manera autoconstruida, afectando su estética y funcionalidad. El crecimiento no ha sido acompañado por una ampliación del espacio público, lo que ha llevado al deterioro físico y social, cierre de pasajes e invasión de espacios colectivos.
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2. Ciudad Cerrada: Este sector es un conjunto de comunidades cerradas, independientes y separadas por muros y controles de acceso. Los muros perimetrales también actúan como barreras respecto al resto de la ciudad. El espacio público se limita a las veredas de calles privadas, evitando el encuentro vecinal. La vida cotidiana, incluso funciones públicas, se realiza en el espacio doméstico, caracterizando el área como una fortaleza donde el miedo aumenta y la vida se desarrolla en el interior.
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3. Muro: El muro perimetral no da una sensación de fortaleza debido a su altura, que permite ver las casas. En algunos tramos, tiene alambre de espino y/o electrificado. El muro se oculta detrás de árboles y no es un límite muy evidente.
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4. Accesos: Los accesos están controlados con garitas y cámaras de vigilancia, visibles desde la calle y dando la sensación de lugar prohibido. Refuerzan la privatización del espacio público y son elementos claros de segregación.
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5. Carretera: Es una avenida de dos sentidos con una mediana y carril bici. De un lado, hay una vereda arbolada y del otro, un parque lineal elevado. Solo da acceso a las comunidades cerradas, mientras que el acceso a la villa se realiza desde otras calles del perímetro, actuando como un límite claro entre ambas partes.
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6. Topografía: El sector se divide en dos niveles por la topografía. La villa está abajo y sus últimas casas son asentamientos informales en el talud. Esto presenta problemas de inestabilidad del terreno y visibilidad, impidiendo la comunicación espacial y visual entre las partes.
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7. Parque: Situado en alto, permite ver tanto la villa como los condominios. Su ubicación, alejada de los condominios, no invita a sus habitantes a usarlo. Tampoco es utilizado por los residentes de la villa, apareciendo como un lugar en ‘tierra de nadie’ que marca un límite para que la villa no crezca hacia arriba ni sea visible desde la carretera.
En el área de estudio, la segregación es completa. La carretera y la topografía actúan como límites físicos que impiden la comunicación, reforzados por un muro. Los accesos y la vigilancia aumentan la seguridad, pero también el miedo. Ambas partes funcionan de manera autónoma: en la villa, la alta densidad impide el uso óptimo de equipamientos; en las comunidades cerradas, la falta de servicios dificulta la creación de un carácter comunitario. Existen dos ciudades que ni se miran ni se tocan. Se propone eliminar el límite para integrar ambas partes, aportando carácter comunitario y calidad espacial.
Aplicación de estrategias para desdibujar los límites
En el área del caso de estudio definida como límite, y basándose en los análisis realizados de cada aspecto, se aplicarán las estrategias arquitectónicas propuestas para desdibujar dicho límite, divididas en tres fases:
Fase I (ver Figura 5)
Graduación tipológica: La primera acción debe desdibujar el límite topográfico, eliminando la principal barrera segregadora que impide la conexión física y visual entre ambas partes. Esto permitirá la conexión espacial con la calle superior y hará visible el fenómeno actualmente oculto. También se eliminarán los asentamientos informales.
Casa Flexible + Comunidad Bloque: Una vez graduada la topografía, se construirá el borde utilizando estrategias de casa flexible y comunidad bloque, manteniendo la trama original con un sistema de calles conectadas. Proponer bloques altos en el borde crearía una nueva barrera arquitectónica. Esta estrategia permite reemplazar las viviendas informales por otras de mejor calidad técnica, sin perder su capacidad de ampliación.
Carretera: La dimensión y ocupación de la carretera no permiten su elevación ni enterramiento. La estrategia será reducir su velocidad, anchura y número de carriles, ganando espacio para el barrio. Así, la avenida rápida se convertirá en una calle, facilitando el acceso a ambos lados, a viviendas y comercios, y haciendo del borde un espacio productivo conectado a los accesos de la villa.
Límite habitable: Las acciones anteriores han creado un límite habitable que ahora forma parte del espacio urbano. Para completar su condición de espacio intermedio, se eliminarán los accesos controlados desde la carretera, volviendo a hacer públicas las calles interiores de los condominios cerrados. Esto permitirá conectar espacialmente ambas partes mediante el espacio intermedio. La relevancia de los muros es menor, ya que, al constituir los cerramientos de cada casa, dan forma al trazado viario.
Fase II (ver Figura 6)
Comunidad: Para evitar el desarrollo interno de cada sector, se propone construir un nuevo barrio al oriente, siguiendo las estrategias de comunidad planteadas (calle, plaza y patio) y utilizando tipologías flexibles (casa, bloque y torre). Su estructura será especular para no crear un nuevo límite, ubicando las comunidades patio cerca del sector de comunidades cerradas. Esto ayudará a frenar el crecimiento disperso de condominios hacia la cordillera y a devaluar sus terrenos. Para los vecinos de los condominios, estar entre dos áreas heterogéneas puede ser un motivo para abandonar el sector, dejando terrenos disponibles para nuevos modelos urbanos que permitan una tercera fase.
Conectores Cívicos: Se instalarán conectores cívicos en dos zonas: la primera, en el límite desdibujado, permitiendo que la vida de barrio se desplace hacia allí, eliminando su carácter marginal y dando al espacio intermedio una posición central; la segunda, en la conexión entre los condominios cerrados y el nuevo barrio oriente. Así, el sector de comunidades cerradas estará rodeado por espacios cívicos en ambos lados, aportándole el carácter barrial que le falta.
Fase III (ver Figura 7)
Costuras Urbanas: Se procederá a conectar las tres partes mediante un trazado viario adecuado. Si el sector de las comunidades cerradas se devalúa, será más fácil reemplazar progresivamente las viviendas unifamiliares por comunidades y espacios públicos, permitiendo así su densificación. Debido a la falta de carácter comunitario actual, no se utilizará la estrategia de torres flexibles en este sector, ya que es la más restrictiva en términos comunitarios. En la villa, las manzanas actuales serán reemplazadas por las tipologías y comunidades propuestas. Esto aumentará el número de viviendas por metro cuadrado de suelo, liberando espacio para servicios comunes y áreas públicas, sin perder la capacidad de ampliación de las viviendas. Tampoco se permitirán torres flexibles aquí, ya que el espacio urbano no podría soportar tal densificación y se deterioraría nuevamente.
Resultados prospectivos
La ciudad latinoamericana se estudia como ejemplo de dualidad urbana no por su origen o magnitud, sino por la búsqueda de una metodología intervencionista para abordar un fenómeno que afecta a muchas metrópolis y sus habitantes. El estudio concluye que Santiago de Chile no es una ciudad dual, sino fragmentada debido a la segregación. Las causas de esta fragmentación se encuentran en la globalización y el capitalismo asociados al crecimiento urbano.
En Santiago, algunos límites son situaciones puntuales y otros fenómenos que determinan una forma específica de crecimiento. La investigación ofrece estrategias abiertas para intervenir en estos límites, identificando casos relevantes que influirán en el desarrollo de la ciudad. Cada caso presenta una problemática asociada a la fragmentación y se pueden aplicar varias estrategias para solucionarla. La metodología implica analizar los problemas y aplicar las estrategias propuestas, que no son infalibles y pueden ser modificadas. Estas estrategias no son arquitecturas definitivas, sino diagramas de relaciones y posibilidades abiertos a cambios, que pueden servir como punto de partida para nuevas investigaciones.
En el caso de La Reina, se busca evidenciar la segregación para luego desdibujarla. Las dos partes, diferenciadas social, económica y arquitectónicamente, dejarán de ser vistas como opuestas, eliminando el miedo en una y el rencor en la otra. Las estrategias aplicadas parten de cada una por separado para lograr un todo unificado que aproveche las potencialidades de ambas. El tejido urbano resultante será complejo y diverso, construyendo una ciudad intermedia, alejada de la densificación deteriorada de la periferia popular y de la ciudad dispersa sin identidad ni relaciones sociales. En el proceso, se alterará el estrato socioeconómico de la periferia de Santiago, evitando la creación de límites entre ricos y pobres, y promoviendo una población heterogénea que favorezca el intercambio social y contribuya a su desarrollo.
Las estrategias planteadas en las tres fases, requieren una comprensión de la ciudad desde la escala humana permitiendo que las acciones sean contextualizadas, flexibles y pertinentes a las necesidades del territorio y sus habitantes, transformándose en un proceso orgánico y socialmente arraigado. En síntesis, hacer ciudad desde y con los actores requiere un cambio de perspectiva: en lugar de imponer soluciones desde los planes o modelos, se trata de facilitar procesos en los que las comunidades sean agentes activos en la definición, construcción y apropiación del espacio urbano, promoviendo una ciudad que emerge de sus propios actores, sus valores y sus relaciones sociales. Por ello, la resiliencia de la periferia oriente de Santiago de Chile refleja un enfoque más dinámico, flexible y propositivo, que prioriza la transformación activa de las condiciones adversas y la capacidad de adaptación constructiva, promoviendo la regeneración y el crecimiento de la ciudad y sus actores ante los desafíos contemporáneos.
Conclusiones
Este artículo analiza la dualidad urbana en América Latina y propone una estrategia para abordar este problema en el desarrollo de sus grandes ciudades. A través del estudio de autores y casos significativos, se concluye que la desigualdad social inherente al desarrollo de las metrópolis globales resulta en ciudades fragmentadas. La investigación se centra en cómo la arquitectura influye en este fenómeno y propone una estrategia arquitectónica desde el proyecto, momento en el que se empieza a definir el futuro de la ciudad. Se exploran los agentes que pueden intervenir en el proceso y cómo lograr un desarrollo social y urbano equilibrado. Además, se enfatiza la importancia de una arquitectura que no sea temporal ni efímera, sino permanente y adaptable a futuros cambios.
La arquitectura contemporánea debe responder a realidades complejas, diversas y cambiantes, evitando soluciones estandarizadas para usuarios homogéneos. En Latinoamérica no existen respuestas únicas, por lo que el usuario debe ser central en el proyecto. Diseñar soportes adaptables ayuda a enfrentar la fragmentación urbana. La diversidad familiar y la autoconstrucción sin normativa comprometen la integridad de las viviendas y el espacio público. Es crucial crear arquitecturas flexibles que acompañen estos cambios sin deteriorar el entorno. Frente a las ‘cáscaras’ indignas, se propone desarrollar construcciones terminadas con partes flexibles y estrategias adaptables a distintas realidades.
Las arquitecturas reconocidas por sus usuarios y definidas desde sus relaciones construirán una ciudad heterogénea que reducirá la segregación. La flexibilidad de la arquitectura debe surgir del proyecto y su alteración debe realizarse mediante la colaboración entre vecinos. Por ello, las estrategias de proyecto deben ser abiertas y adaptables, no infalibles ni definitivas, y deben ser sometidas a la experiencia y modificadas según sea necesario.
El caso de La Reina en Santiago evidencia cómo las metrópolis latinoamericanas incorporaron el neoliberalismo a través de dictaduras militares apoyadas por EE. UU. Pese a su aparente modernidad, siguen siendo áreas en desarrollo con pobreza y deterioro. Por otro lado, la metodología planteada permite identificar los límites geográficos, socioeconómicos y arquitectónicos que generan fragmentación, organizar el proceso en fases y proponer soluciones abiertas y adaptables que evolucionan según las necesidades. Por ello, es crucial integrar valores locales en el proceso urbano para evitar ciudades genéricas. Los límites deben asumirse como espacios de intercambio y habitabilidad, más allá de la sociología, aprovechando sus conclusiones para intervenir desde la arquitectura. Entender el límite como intermediación voluntaria permite desdibujarlo y crear espacios urbanos intermedios, construidos desde la voluntad común y la integración de sus partes.
Finalmente, la pertinencia de la arquitectura en este proceso es crucial. Identificar cómo ciertas arquitecturas han potenciado la segregación ha permitido establecer qué arquitecturas pueden combatirla. Para responder a una sociedad compleja, diversa y cambiante, la arquitectura debe permitir esta adaptabilidad, abandonando su condición de productora de objetos ajenos a sus usuarios y optando por una formalización flexible que responda a necesidades y gustos cambiantes sin alterar el espacio urbano. Por ello, la propuesta de arquitectura flexible se basa en diagramas de intenciones, no en formas arquitectónicas definitivas, y debe entenderse como un punto de partida para nuevas investigaciones. Esta investigación ha iniciado muchos caminos paralelos y alternativos, pero coherentes en su intención, dejando el final abierto a futuras investigaciones sobre temas como la domesticidad de lo público, los espacios de conflicto, las fronteras, la comunidad y los espacios intermedios, que pueden completar lo presentado o abrir nuevas vías alternativas.
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Cómo citar:
Arnet, V., & Naranjo-Escudero, E. (2026). La Reina, más allá del límite: la resiliencia de la periferia oriente. urbe. Revista Brasileira de Gestão Urbana, v. 18, e20250344, 2026. https://doi.org/10.1590/2175-3369.018.e20250344
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Los datos estadísticos han sido obtenidos de diversas fuentes: Instituto Nacional de Estadísticas, Compendio Estadístico 2015, Instituto Nacional de Estadísticas, Edificación. Informe Anual 2014. Además, se incluye la Isla de Pascua (Oceanía) y el archipiélago de Juan Fernández. No se han incluido los 1.250.257,6 km2 de la Antártida que Chile reclama. Su inclusión, en cualquier caso, estaría fuera de cualquier medición estadística por ser extremadamente distinta a los elementos baremados.
Declaración de disponibilidad de datos
El conjunto de datos que respalda los resultados de este artículo está disponible en SciELO DATA y se puede acceder a él en https://doi.org/10.48331/SCIELODATA.ZNMFSQ.
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Luis Alberto Salinas Arreortua














