Open-access Capacitación de espectadores para prevenir la violencia de género contra estudiantes universitarias: una revisión del alcance*

RESUMEN

Objetivo:  Mapear las características de la capacitación para espectadores con el fin de prevenir la violencia de género contra las estudiantes en un contexto universitario.

Método:  Revisión del alcance utilizando el método JBI. La búsqueda se realizó en marzo de 2025 en MEDLINE/PubMed, WoS, BVS, EBSCO, EMBASE, Scopus, PsycInfo/APA y SciELO, independientemente del idioma, con un período de referencia que abarcó desde 2016. La selección y extracción fueron doblemente independientes, con un análisis descriptivo de la caracterización y un enfoque inductivo del contenido de la formación.

Resultados:  En 46 estudios incluidos, se identificaron 9 tipos de capacitación que tenían como objetivo prevenir la violencia sexual mediante un enfoque mixto. El contenido de la capacitación se clasificó en: definiciones, conceptos y epidemiología de la violencia; mitos sobre la violación y estereotipos de género; consentimiento y comunicación saludable; actitudes, comportamientos e intervenciones de los espectadores; recursos y servicios disponibles; valores, concienciación y ética personal; riesgos, barreras y obstáculos para la intervención.

Conclusión:  La deficiencia radica en la concentración temática de los estudios, centrados en la violencia sexual, con una exploración limitada de los riesgos, las barreras para la intervención y los recursos institucionales en el contenido de las estrategias.

DESCRIPTORES
Prevención; Universidades; Violencia de Género; Revisión de Alcance; Mujeres

ABSTRACT

Objective:  To map the characteristics of bystander training to prevent gender-based violence against female students in a university context.

Method:  Scoping review using the JBI method. The search was conducted in March 2025 in MEDLINE/PubMed, WoS, BVS, EBSCO, EMBASE, Scopus, PsycInfo/APA, and SciELO, regardless of language, with a time frame of 2016. The selection and extraction were double-independent, with descriptive analysis of the characterization and inductive approach to the content of the training.

Results:  Nine types of training were identified in 46 included studies that aimed to prevent sexual violence using a mixed-gender approach. The training content was categorized into: definitions, concepts, and epidemiology of violence; rape myths and gender stereotypes; consent and healthy communication; attitudes, behaviors, and interventions of bystanders; available resources and services; values, awareness, and personal ethics; risks, barriers, and obstacles to intervention.

Conclusion:  The gap lies in the thematic concentration of studies, focused on sexual violence, with limited exploration of risks, barriers to intervention, and institutional resources in the content of the strategies.

DESCRIPTORS
Prevention; Universities; Gender-Based Violence; Scoping Review; Women.

RESUMO

Objetivo:  Mapear as características dos treinamentos de espectadores para prevenir a violência de gênero em mulheres estudantes no contexto universitário.

Método:  Revisão de escopo pelo método do JBI. A busca foi realizada em março/2025 no MEDLINE/PubMed, WoS, BVS, EBSCO, EMBASE, Scopus, PsycInfo/APA e SciELO, independentemente do idioma, com o recorte temporal de 2016. A seleção e extração foram duplo-independentes, com análise descritiva da caracterização e abordagem indutiva do conteúdo dos treinamentos.

Resultados:  Foram identificados 9 tipos de treinamentos em 46 estudos incluídos que visavam prevenir a violência sexual usando abordagem mista de gênero. O conteúdo dos treinamentos foi categorizado em: definições, conceitos e epidemiologia da violência; mitos do estupro e estereótipos de gênero; consentimento e comunicação saudável; atitudes, comportamentos e intervenções de espectadores; recursos disponíveis e serviços; valores, consciência e ética pessoal; riscos, barreiras e obstáculos à intervenção.

Conclusão:  A lacuna reside na concentração temática dos estudos, focados na violência sexual, com limitada exploração de riscos, barreiras à intervenção e recursos institucionais nos conteúdos das estratégias.

DESCRITORES
Prevenção; Universidades; Violência de Gênero; Revisão de Escopo; Mulheres

INTRODUCCIÓN

La violencia de género es un problema global observado en contextos sociales y económicos arraigados en relaciones de poder desiguales, con una estructura patriarcal, que afecta principalmente a las mujeres(1). Ellas son las más perjudicadas en el contexto universitario y la prevalencia de la violencia sexual entre los estudiantes puede ser mayor que en la población general(2). Un estudio de revisión con estudiantes universitarios encontró tasas de prevalencia que oscilaban entre el 1,3 % y el 88 %, con una amplia variación según el tipo de violencia, la herramienta de Recolección de datos y la muestra de los estudios(3).

La violencia de género entre las estudiantes universitarias se manifiesta de diversas formas; entre los agresores se encuentran sus parejas y exparejas, compañeros y otros estudiantes, profesores y personal de las universidades(4). La violencia que sufren está presente en su vida cotidiana y ocurre en entornos domésticos (como sus hogares y los de los agresores), lugares de la universidad (como aulas y espacios comunes del campus) y fiestas(5).

La violencia contra las universitarias afecta gravemente su salud física y mental, así como surendimiento académico. La violencia por parte de parejas íntimas puede desencadenar episodios de depresión y estrés postraumático, cuya gravedad está significativamente correlacionada con la intensidad de la violencia(6). Además de los síntomas de ansiedad y comportamiento suicida debido a la violencia sufrida, los resultados de una revisión sistemática mostraron que la violencia sexual se asoció con promedios de calificaciones más bajos, ausentismo y deserción escolar(7).

La normalización y trivialización de la violencia en los espacios educativos es un agravante para las mujeres que enfrentan esta situación. Con frecuencia, las experiencias de violencia de género son silenciadas y los discursos de las víctimas son invalidados para preservar la imagen institucional(8). El proceso de «traición institucional» está relacionado con las estructuras sociales de poder y opresión, lo que contribuye a perpetuar la violencia. Esto se manifiesta en varios niveles institucionales en forma de políticas que dificultan las denuncias de violencia, burocratizan los procesos, se niegan a apartar o destituir a los agresores de alto estatus y en la falta de compromiso para promover cambios sistémicos y duraderos en las universidades(9).

Para comprender mejor las posibilidades de enfrentar la violencia de género en el ámbito universitario, es relevante identificar estrategias preventivas que promuevan la participación social para la rendición de cuentas y la transformación cultural de los roles de género. En este sentido, la literatura apunta a intervenciones con capacitación de espectadores; estas parten del supuesto de que los líderes pueden fomentar cambios sociales en las comunidades para responder a un problema de salud pública, por ejemplo, la violencia de género. El término «espectadores» se refiere a personas que presenciaron el antes, durante o después de un evento violento. Así, el entrenamiento de espectadores tiene como objetivo capacitar a las personas para que puedan intervenir en actos violentos o normas sociales que perpetúan la violencia, buscando prevenir su ocurrencia(10).

Algunos factores pueden promover comportamientos adecuados en los espectadores para que sus acciones sean eficaces, lo que resulta en la prevención de la violencia. Algunos ejemplos son los siguientes: contenidos y mensajes que ayudan a los espectadores a identificar situaciones de violencia; desarrollo de habilidades y práctica de los espectadores para aumentar su sentido de eficacia utilizando modelos que muestran intervenciones que ellos pueden reproducir; y un enfoque de intervención que respeta y considera la propia seguridad del espectador para que los beneficios de intervenir superen las barreras(11).

Así, la capacitación de los espectadores fortalece las habilidades para reducir el riesgo de violencia, reconociendo situaciones que pueden volverse violentas, interviniendo con seguridad y eficacia, y manifestándose en contra de actitudes que estimulan o toleran comportamientos violentos. La capacitación tiene como objetivo reducir la violencia modificando las normas sociales y promoviendo cambios en las actitudes y comportamientos de los espectadores, incluyendo sus creencias e intenciones sobre cómo actuar. De este modo, la pasividad frente a la violencia puede desincentivarse como estrategia para remodelar y estimular la responsabilidad social, previniendo la violencia de género(12).

La literatura muestra que existen varios estudios sobre el entrenamiento de espectadores, que indican distintos formatos de intervención(13,14,15). Sin embargo, el esfuerzo por comprender y sistematizar estas estrategias de prevención sigue siendo fragmentado. Los datos son dispersos en cuanto a los métodos y sus características, tales como la duración, el contenido, el formato y el contexto de aplicación de las intervenciones. Tras identificar esta laguna, surgió la necesidad de mapear la evidencia sobre los entrenamientos para prevenir la violencia de género, lo que señaló la necesidad de una revisión.

Además, se realizó una búsqueda preliminar de estudios sobre el tema y no se identificaron revisiones de alcance ni protocolos en curso en el International Prospective Register of Systematic Reviews (PROSPERO), Open Science Framework (OSF), Medical Literature Analysis and Retrieval System Online (MEDLINE), la Base de Datos Cochrane de Revisiones Sistemáticas y JBI Evidence Synthesis. Esta situación confirma la laguna de conocimiento sobre el tema y la necesidad de desarrollar una revisión de alcance. Por lo tanto, el objetivo de esta revisión fue mapear las características de los entrenamientos de espectadores para prevenir la violencia de género en mujeres estudiantes en el contexto universitario.

MÉTODO

Diseño del Estudio

Esta revisión de alcance se llevó a cabo según el método del JBI(16) y se informó de acuerdo con los Preferred Reporting Items for Systematic reviews and Meta-Analyses extension or Scoping Reviews (PRISMA-ScR)(17). El protocolo se registró en el Open Science Framework (https://doi.org/10.17605/OSF.IO/4NK9U).

Identificación de la Pregunta de la Revisión

La pregunta de la revisión («¿Cuáles son las características de los entrenamientos de espectadores para prevenir la violencia de género en mujeres estudiantes en el contexto universitario?») se estructuró a partir del acrónimo PCC; que indica población (P: estudiantes universitarios), concepto (C: prevención de la violencia de género entre las estudiantes universitarias, mediante la formación de espectadores) y contexto (C: campus universitarios).

A partir de esta pregunta, se elaboraron las preguntas secundarias: ¿Cuáles son los tipos de intervención descritos en la literatura? ¿Cuál es la forma de implementación de las intervenciones? ¿Las intervenciones cuentan o no con la presencia de un mediador? ¿Cuál es la duración de las intervenciones? ¿Cuántas sesiones o etapas tienen las intervenciones? ¿Cuál es el contenido de las intervenciones?

Criterios de Elegibilidad

Participantes: fueron elegibles los estudios realizados con estudiantes universitarios (de ambos sexos y géneros, sin restricción de edad) matriculados en cursos de pregrado o posgrado. La revisión incluyó muestras (tanto generales como específicas) de estudiantes universitarios, como estudios solo con mujeres, estudiantes de pregrado, de posgrado o miembros de hermandades y/o fraternidades.

Concepto: se consideraron elegibles los estudios que describían la capacitación de espectadores orientada a prevenir la violencia de género contra las universitarias (cisgénero y transgénero), abarcando la violencia de pareja, física, sexual, psicológica, moral o patrimonial. Las intervenciones podían presentarse en diversos formatos (programas educativos, videos, capacitaciones en línea, campañas, clases o charlas), sin limitación en cuanto a la duración o el número de sesiones, y podían incluir o no facilitadores. Se excluyeron los estudios centrados en estrategias profesionales de prevención de la violencia, autodefensa, y aquellos que combinaban la prevención de la violencia con la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS) o el consumo abusivo de alcohol, debido a la complejidad de sintetizar estos temas.

Contexto: fueron elegibles los estudios realizados en el campus de universidades públicas o privadas de cualquier país, y a través de plataformas digitales. Se excluyeron los estudios sobre intervenciones realizadas fuera de las instituciones educativas, aunque estuvieran respaldadas por estas.

Tipo de estudio: se consideraron elegibles los diseños de estudios experimentales y cuasi-experimentales, incluyendo estudios controlados (antes y después) y estudios de series temporales interrumpidas. Esta revisión también consideró estudios observacionales, cualitativos y mixtos. Tras una búsqueda exploratoria, se identificó que la producción de literatura gris presentaba limitaciones en cuanto a la presentación de las capacitaciones y la descripción metodológica, lo que comprometía la consistencia en la claridad, la selección y la exhaustividad para extraer datos. Así, por ejemplo, se excluyeron editoriales, artículos de opinión o reflexión, boletines epidemiológicos, legislaciones estatales y federales, guías, folletos y notas técnicas.

En cuanto al año de publicación de los estudios, se consideró como marco temporal el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, el 11 de febrero, aprobado por la Asamblea de las Naciones Unidas el 22 de diciembre de 2015. Aunque el marco es simbólico y político, su adopción como criterio metodológico se justifica por señalar la necesidad de que el compromiso global de cambio de paradigma siga vigente para garantizar la igualdad de género en los entornos de investigación. Por lo tanto, fueron elegibles para esta revisión los estudios publicados a partir de 2016, alineando el nuevo paradigma de protección de las estudiantes en el espacio académico con el levantamiento bibliográfico de una acción práctica, como la capacitación de espectadores, con un período de movilización institucional para enfrentar la violencia en el contexto de la enseñanza y la investigación.

Estrategia de Búsqueda y Fuentes de Información

Siguiendo las recomendaciones de la JBI, la estrategia de búsqueda se llevó a cabo en tres etapas. La etapa 1 consistió en una búsqueda limitada a la base de datos Medical Literature Analysis and Retrieval System Online (MEDLINE/PubMed), donde se analizaron las palabras clave en los títulos y resúmenes de los artículos identificados.

Tras este mapeo de términos, se desarrollaron las estrategias de búsqueda en las demás fuentes de información (etapa 2).

Las fuentes de información consultadas para recuperar estudios incluyen 8 bases de datos y bibliotecas virtuales: Medical Literature Analysis and Retrieval System Online (MEDLINE/PubMed); Web of Science Core Collection (WoS); Biblioteca Virtual en Salud (BVS); EBSCO; EMBASE; SciVerse Scopus (Scopus); PsycInfo (APA) y Scientific Electronic Library Online (SciELO). Se incluyeron estudios publicados en cualquier idioma. Todas las búsquedas se realizaron en marzo de 2023 y se actualizaron en febrero-marzo de 2025. La etapa 3 consistió en una búsqueda en la lista de referencias, pero no se incluyó ninguna referencia en esta etapa. Todas las etapas se llevaron a cabo con la colaboración de una bibliotecaria especialista en estudios de revisión en el área de la salud.

Selección de los Estudios

Las referencias se agruparon y se cargaron en el software Endnote 20/2020 (Clarivate Analytics; PA, EE. UU.); tras eliminar los duplicados, se exportaron al sistema Rayyan (Qatar Computing Research Institute, QCRI)(18). Dos revisoras seleccionaron los títulos y resúmenes para su evaluación (modo doble independiente) de acuerdo con los criterios de elegibilidad. Los estudios potencialmente relevantes se recuperaron en su totalidad y fueron evaluados detalladamente por las revisoras (manteniendo la independencia del proceso) según los criterios de elegibilidad. Se registraron y comunicaron los motivos de exclusión de los estudios de texto completo. En cada etapa del proceso de selección, las discrepancias que surgieron entre las revisoras se resolvieron mediante el debate con una tercera revisora, experta en el tema de la violencia de género. Los resultados de la búsqueda y el proceso de selección de los estudios se comunicaron íntegramente y se presentaron en un diagrama de flujo(17).

Extracción de Datos y Presentación de los Resultados

La extracción de la evidencia fue multifásica. Para la fase de caracterización de los estudios se utilizó la herramienta estandarizada: país, año, revista, población, objetivo y método de los estudios(16). Para la fase de mapeo del concepto, se extrajeron los siguientes datos: tipo de intervención (presentación de pósteres, video, curso en línea, juego educativo, etc.); contenido de la intervención; características de las intervenciones (duración, presencia o no de un mediador, número de sesiones y/o etapas, tipo específico de violencia que se busca prevenir) y forma de implementación de la intervención (presencial o en línea). Cabe destacar que, en siete estudios, se identificaron dos intervenciones diferentes y una misma intervención se evidenció en estudios distintos, lo que dio lugar a que el número de estudios incluidos fuera diferente del total de estrategias mapeadas.

Análisis de los Datos

Se utilizó un análisis descriptivo para caracterizar los estudios primarios y las características de las capacitaciones, utilizando la frecuencia simple. La presentación de estos resultados (incluidas figuras y cuadros) se organizó gráficamente, acompañada de su descripción. Para analizar el contenido de las capacitaciones, se utilizó el enfoque inductivo de análisis de contenido cualitativo básico; este es un enfoque descriptivo de análisis que implica la codificación abierta para asignar características a categorías generales(19). Este análisis se llevó a cabo en tres fases: 1) preparación: familiarización con los datos mediante la lectura de las fuentes de evidencia para identificar el contenido de las estrategias de capacitación de espectadores, con el objetivo de prevenir la violencia de género en mujeres estudiantes en el contexto universitario; 2) organización: identificación de los temas de cada estrategia y codificación de los contenidos por similitud en categorías; 3) informe: presentación descriptiva y gráfica de los resultados(20).

No se llevó a cabo una evaluación de la calidad metodológica, teniendo en cuenta la distinción entre revisiones sistemáticas y de alcance, en las que las primeras deben incluir una evaluación crítica o del riesgo de sesgo para recomendar la implementación de los resultados sintetizados en políticas o prácticas. En cambio, no es obligatorio que las revisiones de alcance evalúen la calidad de la evidencia incluida, sino que ofrezcan una visión general de la frontera del conocimiento para recomendar la descripción de la evidencia mapeada con el fin de implementar investigaciones sobre las brechas de conocimiento(16).

RESULTADOS

Las referencias seleccionadas se agruparon y cargaron en el software de gestión de referencias Endnote 20/2020. Se eliminaron los duplicados; a continuación, las referencias restantes se exportaron a la plataforma en línea Rayyan, donde se llevó a cabo la lectura de títulos y resúmenes. Se seleccionaron un total de 127 estudios para su lectura completa aplicando los criterios de elegibilidad. De estos, 81 fueron excluidos por no cumplir con los criterios de elegibilidad; así, 46 estudios conformaron el cuerpo de esta revisión (Figura 1).

Figura 1
Diagrama de flujo Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-analyses extension for scoping review (PRISMA-ScR – Santa Maria, RS, Brasil, 2025).

En el Cuadro 1 se muestran el país donde se realizaron los estudios, el año de publicación, el objetivo, el tipo de estudio, el número y el género de los participantes. En los estudios primarios, no se identificó uniformidad en la forma de presentación de la información relativa al género de los participantes. Su extracción siguió la terminología empleada en cada estudio. En el Cuadro 1, esta información se sintetizó y representó mediante símbolos, utilizados específicamente con fines ilustrativos y de organización del cuadro.

Cuadro 1
Características de los estudios incluidos – Santa María, RS, Brasil, 2025.

En cuanto a los países de publicación, los estudios se realizaron principalmente en los Estados Unidos de América (n = 35), seguidos de Australia (n = 3), India (n = 2), Vietnam (n = 2), Nueva Zelanda (n = 1), China (n = 1), Canadá (n = 1) e Inglaterra (n = 1). De los 46 estudios incluidos, 34 presentaron estrategias dirigidas a grupos mixtos en cuanto al género, 7 solo para hombres y 5 solo para mujeres.

En cuanto al tipo específico de violencia, los estudios se centraron en prevenir la violencia sexual (34), la violencia doméstica en las relaciones y por parte de la pareja íntima (14), y la violencia interpersonal y de género contra las mujeres (abordadas de forma aislada o conjunta; 4).

Entre los 46 estudios incluidos, se identificaron 41 estrategias de capacitación (en algunos casos, un mismo estudio presentó evidencia sobre dos intervenciones diferentes y algunas intervenciones aparecieron más de una vez en estudios distintos). Dichas estrategias se clasificaron en nueve tipos: sesiones grupales (12)(14,22,23,25,26,29,31,33,39,41,43,48,51,56,58,61), presentaciones interactivas y videos (5)(21,24,30,35,37,42,52), campañas de marketing (6)(13,22,24,40,49,50), cursos, módulos y herramientas educativas (8)(15,34,47,53,54,55,59,60,62), talleres (4)(27,28,38,46), videojuegos (2)(44,45), aplicaciones (2)(57,63), simulación en realidad virtual (1)(36) y minirrevista (1)(32) (Figura 2).

Figura 2
Identificación de las estrategias para prevenir la violencia de género, clasificadas por tipo – Santa Maria, RS, Brasil, 2025.

En cuanto a la clasificación sobre la implementación de las 41 estrategias, estas fueron presenciales (25)(14,21,22,23,24,25,26,27,28,29,30,31,32,33,34,38,39,40,41,43,46,48,50,51,56,58,59,61), digitales o en línea (11)(15,42,44,45,47,53,54,55,57,60,62,63) y mixtas, que combinaban acciones presenciales y elementos digitales (5)(13,35,36,37,49,52).

La presencia de facilitadores o mediadores se identificó específicamente en estrategias impartidas de forma presencial, incluyendo estrategias de sesiones grupales (11)(14,22,23,25,26,29,31,33,39,41,43,48,51,56,58,61), talleres (4)(27,28,38,46), presentaciones interactivas y videos (2)(21,24,30) y cursos, módulos o herramientas educativas (2)(34,59). En total, 20 estrategias informaron la presencia de facilitadores o mediadores.

La duración y el número de sesiones o presentaciones variaron según el tipo de estrategia. Las sesiones grupales variaron de 1 a 8 horas en sesiones únicas(14,23,31,33,43,56,58), y de dos(25,30,48), tres(51) o cuatro sesiones(61). Dos estudios no informaron el número de sesiones(26,41). Todos los talleres fueron sesiones únicas, con una duración de 40 minutos hasta un turno(27,28,38,46). Los videos y las presentaciones interactivas fueron presentaciones únicas que variaron de 24 a 90 minutos(21,24,30,35,37,42,52). Las campañas de marketing permanecieron expuestas durante períodos variables (de una semana a cinco años), lo que permitió numerosas visualizaciones(13,22,24,40,49,50). Los cursos, módulos y herramientas educativas tuvieron una duración variable (de 45 minutos a un semestre), en una sola presentación(15,55,62) o divididos en módulos(34,47,53,54,59). En uno de los estudios no se encontró esta información(60). Los videojuegos tuvieron una duración de 45 a 60 minutos(44,45). Las minirrevistas se presentaron en cinco volúmenes (ocho páginas cada uno), entregados por correo, lo que permitió múltiples visualizaciones(32). La simulación en realidad virtual se dividió en siete simulaciones, con una duración de 2 a 4 minutos cada una(36). Las dos aplicaciones móviles tenían una duración total de 30 minutos(63) y acceso ilimitado durante un año(57).

En cuanto al contenido de las estrategias, se identificaron siete categorías: 1. Definiciones, conceptos y epidemiología de la violencia (n = 36); 2. Mitos relacionados con la violación y estereotipos de género (n = 25); 3. Consentimiento y comunicación sana (n = 26); 4. Actitudes, comportamientos e intenciones de los espectadores (n = 41); 5. Recursos disponibles y servicios (n = 5); 6. Valores, conciencia y ética personal (n = 10); y 7. Riesgos, barreras y obstáculos para la intervención (n = 4) (Figura 3).

Figura 3
Distribución cuantitativa de los estudios identificados por categoría de contenido – Santa Maria, RS, Brasil, 2025.

DISCUSIÓN

El predominio geográfico de los estudios seleccionados fue de los EE. UU. (76 % del total). Este dato concuerda con otras revisiones sistemáticas sobre la prevalencia de la agresión sexual y las intervenciones educativas sobre la violencia de género, ya que ambas contenían aproximadamente el 73 % de sus estudios primarios procedentes de los EE. UU.(64,65). Esto puede entenderse como el resultado de políticas federales, como el Título IX, que obliga a las universidades financiadas con fondos federales a desarrollar estrategias de prevención de la violencia, además de prohibir la discriminación sexual en programas y actividades educativas(66). Dada la cantidad de estudios, se puede inferir que la existencia de la legislación también estimula la producción de datos sobre la prevalencia de la violencia en las universidades, así como estrategias de prevención.

En cuanto a los participantes en los estudios, hubo un predominio de estrategias dirigidas a grupos mixtos en cuanto al género. En este sentido, una revisión sistemática con metaanálisis evaluó la eficacia de los programas para espectadores que abordan la violencia sexual en los campus universitarios y no encontró diferencias entre los efectos cuando se dirigían a grupos mixtos o del mismo sexo. Los efectos se evaluaron para dos resultados: actitudes y/o creencias y comportamientos de los espectadores(67).

Las estrategias dirigidas a grupos mixtos también se alinean con los deseos de los estudiantes universitarios, según los resultados de un estudio sobre sus preferencias en relación con las estrategias de prevención de la violencia en el campus. Los estudiantes perciben los programas dirigidos a grupos mixtos como más inclusivos en relación con el género y la diversidad sexual, además de que disipan los estereotipos sobre los roles que desempeñan hombres y mujeres en un incidente de agresión sexual(68).

En el presente estudio de revisión, seis artículos presentan estrategias de prevención dirigidas únicamente a grupos de sexo masculino. La evidencia procedente de una revisión sistemática indica que los programas de prevención dirigidos a hombres y niños presentan resultados prometedores en la modificación de actitudes, creencias y normas sociales relacionadas con la violencia(69). Una hipótesis planteada en la literatura es que los hombres se muestran más receptivos y cómodos con el contenido de los entrenamientos para espectadores y se sienten menos juzgados por sus compañeros cuando están en grupos con participantes del mismo sexo(70). Cabe destacar la construcción social de la masculinidad en las diversas instituciones sociales, que da lugar a dinámicas de poder de los hombres sobre las mujeres por influencia del patriarcado, siendo necesario abandonar los privilegios que se les atribuyen en función del género. Por ello, los hombres pueden tener la percepción de que tienen algo que perder con la reestructuración social de los sistemas de poder(71).

Es importante planificar estrategias para aumentar la participación masculina en programas destinados a prevenir la violencia de género en las universidades, ya que los hombres son los principales perpetradores de violencia contra las mujeres, incluso en las instituciones educativas. Un estudio de revisión integrativa sobre la prevalencia y los factores asociados a la violencia de género en la universidad identificó que la mayor parte de la violencia que sufren las mujeres es perpetrada por hombres, destacando las parejas íntimas, novios o compañeros(72). Además, un estudio realizado con universitarios en EE. UU. identificó que entre el 20 % y el 26 % de ellos reportaron cierta propensión a perpetrar violencia, y la aceptación de ciertos mitos sobre la violación se asoció positivamente con dicha propensión(73).

Asimismo, en los resultados se identificó el predominio de estrategias dirigidas a grupos mixtos de género, además de aquellas dirigidas a grupos exclusivamente de hombres o exclusivamente de mujeres. Por lo tanto, planificar actividades y capacitaciones complementarias diseñadas específicamente para cada grupo podría revelar el potencial de cada una de estas estrategias. Se deduce que, cuando el grupo es mixto, se puede propiciar el cultivo de relaciones colectivas y colaborativas. Además, planificar actividades exclusivas para hombres puede ser una forma de atraerlos y una oportunidad para abordar la influencia del patriarcado, buscando la responsabilidad social por el problema. Además, las actividades exclusivas para mujeres pueden ser más acogedoras e íntimas para intercambiar experiencias sobre vivencias de violencia.

En esta revisión de alcance, la capacitación de espectadores está destinada principalmente a la prevención de la violencia sexual; se han adoptado esfuerzos para prevenir la violencia sexual en la universidad en varias partes del mundo, aunque los estudios recuperados se han realizado principalmente en EE. UU. En América Latina, existe una creciente preocupación en las universidades por el desarrollo de protocolos para prevenir este tipo de violencia(74).

Además, una revisión tras una búsqueda en Google Académico relacionó las principales palabras clave con el idioma de publicación de los artículos. En los artículos publicados en español, la categoría «violencia de género» fue la más frecuente. En esta categoría se pueden incluir diferentes formas de violencia, desde categorías genéricas, como «violencia contra la mujer», hasta otras más específicas, como violencia sexual, física, acoso, abuso, etc. En los estudios publicados en inglés, destaca el predominio de la violencia sexual, siendo una de las formas de violencia más estudiadas en las instituciones de educación superior de los países anglófonos(75). Esto es compatible con los datos de la presente revisión en relación con el predominio de artículos realizados en EE. UU. sobre estrategias para prevenir la violencia sexual.

Sin embargo, el enfoque de un solo tipo de violencia puede ser una limitación, considerando especialmente la superposición de los tipos de violencia. La violencia sexual puede ocurrir tanto en el marco de una relación amorosa como en otros contextos (p. ej., cuando el agresor es un desconocido, un conocido o un amigo)(70). Además, la violencia de género se entiende como un fenómeno social derivado de las relaciones patriarcales, anclado en una estructura de poder desigual de los hombres sobre las mujeres, que opera en todos los ámbitos de la sociedad(76), incluidas las universidades.

Este entrelazamiento de la violencia de género con la subordinación social de las mujeres no puede entenderse ni repararse de manera aislada del complejo más amplio de la violencia en la sociedad capitalista. Por lo tanto, es necesario articular luchas y acciones para desmantelar las relaciones sociales y las instituciones que oprimen a las mujeres(77). Esto indica la necesidad de concebir programas de prevención que aborden la violencia de manera más integral, tratando más de un tipo de violencia en el mismo programa, teniendo en cuenta el contexto de las relaciones sociales entre los estudiantes universitarios.

Los hallazgos sobre los diversos tipos de programas de prevención concuerdan con los resultados de un metaanálisis sobre programas para prevenir la violencia en encuentros universitarios. En ese análisis, las estrategias utilizaban algún tipo de participación activa (77 %), como discusiones en grupo (55 %),presentaciones didácticas e interactivas (39 %); había otras actividades en grupo (36 %) y utilizaban algún componente en línea (29 %)(70).

Discutir en grupo puede ser una forma de conocer y acercarse a los compañeros, aumentando el sentido de responsabilidad sobre el problema y la comprensión de que la violencia de género es un problema social en las universidades. Los resultados de un estudio cualitativo sobre violencia sexual en Guatemala mostraron que los estudiantes se sienten más seguros cuando se identifican y actúan juntos como grupo. La acción colectiva les indica a las posibles víctimas que no están solas, sino que cuentan con una red de apoyo, además de mostrar a los posibles agresores que sus acciones no serán toleradas(78). Las sesiones grupales pueden estimular el diálogo y la participación de los estudiantes en las actividades. Las condiciones para desarrollar el pensamiento crítico se crean a través del diálogo, que implica el movimiento dialéctico entre el hacer y el pensar sobre el hacer, en un movimiento que amplía la conciencia(79).

Además, la presente revisión identificó dos estrategias basadas en juegos. Una revisión sistemática presentó el uso de juegos como herramienta de aprendizaje entre estudiantes de enfermería. Permitió observar que el deseo de ganar la partida incentivó la participación y le dio realismo a la actividad, promoviendo un mayor compromiso y diversión, haciendo así que el aprendizaje fuera más placentero(80).

En cuanto a la forma de implementación de los programas identificados en la presente revisión, la mayoría se llevó a cabo de manera presencial. Esto concuerda con los resultados de una revisión de alcance que analizó estrategias de prevención específicas sobre la violencia de pareja entre estudiantes universitarios; las intervenciones administradas en persona se examinaron en el 80 % de los estudios incluidos(81). El aspecto social de la actividad presencial puede ayudar a los estudiantes a involucrarse más con el contenido de los programas, además de aportar una sensación de importancia al tema abordado, ya que los estudiantes pueden percibir la programación en línea como algo abstracto e impersonal. Los estudiantes también percibieron que la independencia que facilitan los enfoques en línea perjudica la eficacia del programa(68).

En cuanto a la forma de ser impartidos, los resultados de un metaanálisis también señalaron que los métodos digitales, como los videos o los formatos exclusivamente en línea, son menos eficaces para desarrollar competencias relacionadas con el papel de espectador. Sugieren que la interacción presencial en un entorno colectivo es más eficiente para alcanzar este objetivo(70).

La presencia de facilitadores se identificó en 20 de las 41 estrategias incluidas, y se localizó únicamente en las estrategias presenciales. Este dato es ligeramente inferior al reportado en un metaanálisis sobre programas para prevenir la violencia en encuentros universitarios, en el que el 61 % de las estrategias contaban con facilitadores(70). Un metaanálisis sobre la eficacia de los programas para espectadores destinados a prevenir la violencia sexual mostró que la diferencia entre los efectos de los programas dirigidos por facilitadores y los autodirigidos, como videos o campañas de carteles, no fue significativa. Ambos formatos de programas tuvieron efectos positivos en las actitudes, creencias y comportamientos de los espectadores. Además, los efectos en los programas impartidos por un facilitador no variaron independientemente de si este era o no un compañero de la universidad(67).

En la presente revisión, la duración y el número de sesiones de las estrategias variaron según su formato, lo que dificultó la síntesis de los datos. Sin embargo, se observó un predominio de sesiones únicas, con una duración que variaba entre minutos y horas para la mayoría de las estrategias (excepto las campañas de marketing, que tenían un mayor tiempo de exposición). Esto se repitió en el metaanálisis sobre programas para prevenir la violencia en encuentros universitarios, donde el 77 % de las estrategias se impartieron en una sola sesión, y las intervenciones duraron de 18 min a 12 h (la mayoría de ellas fue <2 h)(70).

Otro estudio de revisión mostró que las intervenciones presenciales requieren más tiempo que las en línea para que los participantes las completen. Ese mismo estudio señaló la dificultad de la evaluación crítica para establecer estándares sobre el tiempo, el modo y la frecuencia de las intervenciones, ya que muchos estudios primarios no informaron datos esenciales sobre la implementación de la intervención(81). Cabe, pues, considerar la evidencia de que la duración del programa se asoció positivamente con sus efectos en las actitudes y creencias de los espectadores, es decir, cuanto más largo el programa, mayor el efecto en las actitudes y creencias de los espectadores. Sin embargo, esta asociación no se produjo en el comportamiento de los espectadores(67).

Aunque esta revisión de alcance no tiene como objetivo evaluar los efectos de las intervenciones, estos hallazgos permiten cuestionar su duración y continuidad. En este sentido, las universidades pueden beneficiarse de la implementación de programas más extensos o de acciones preventivas continuas, incluyendo enfoques multicomponentes. Además, la integración de las capacitaciones para espectadores en los planes de estudio de los cursos(82), junto con la formación continua basada en evidencia científica para la comunidad(83), son estrategias indicadas para construir un ambiente universitario seguro y justo.

Así, se destaca la importancia de los contenidos abordados en las capacitaciones. La presente revisión de alcance identificó el predominio de temas relacionados con actitudes, competencias e intervenciones de los espectadores; también se identificaron temas como los mitos relacionados con la violación y los estereotipos de género; definiciones, conceptos y epidemiología de la violencia; y el consentimiento y la comunicación saludable. Los temas relacionados con valores, conciencia, ética personal, recursos disponibles, servicios, riesgos, barreras y obstáculos fueron menos comunes.

Estos resultados concuerdan con los de otros estudios: las revisiones de los contenidos más comunes para las estrategias se centraron en el desarrollo de competencias (81 %) y la formación de espectadores (74 %), seguidas de discusiones sobre tipos de comportamientos violentos (42 %), la prevalencia de la violencia en el noviazgo y/o sexual (39 %), la definición de consentimiento (39 %), los recursos disponibles en el campus (36 %) y las consecuencias de la violencia en el noviazgo y/o sexual (32 %)(70).

Además, una revisión que investigó los programas de intervención de espectadores, centrados en prevenir la violencia sexual en las universidades, encontró los siguientes temas más destacados: comportamiento del espectador, probabilidad de intervenir, eficacia, confianza y voluntad de actuar, así como cambios en las actitudes, creencias y normas(84). El predominio de contenidos orientados a las actitudes, competencias e intervenciones de los espectadores (así como los mitos relacionados con la violación y los estereotipos de género) puede entenderse mejor a partir de los propios objetivos de las estrategias de intervención centradas en el espectador, que tienen como fin capacitar a los estudiantes para que desempeñen un papel activo en la reducción de la violencia de género.

La segunda categoría de contenidos identificada con mayor frecuencia en los estudios se relacionó con definiciones, conceptos y epidemiología de la violencia. Algunas evidencias indican que los programas que incluyen datos sobre la prevalencia local de la violencia produjeron mayores efectos en el sentimiento de eficacia y en las intenciones de los espectadores en relación con la prevención de la violencia en el relacionamiento. El estudio también sugirió que el conocimiento de las altas tasas de violencia en el campus puede generar una mayor conciencia sobre la gravedad del problema y la necesidad de reducir la prevalencia, lo que fomenta la intervención de los participantes(70). Esto indica que los programas para prevenir la violencia de género pueden beneficiarse de la inclusión de datos locales sobre la epidemiología de la violencia en su programación. Así, el enfoque de definiciones culturalmente contextualizadas contribuye a que los participantes puedan reconocer situaciones y comportamientos violentos.

La información sobre los recursos disponibles y los servicios para ayudar a los estudiantes en situaciones de violencia en la universidad solo se abordó en cinco estudios de esta revisión. Uno de los estudios se realizó con estudiantes de pregrado en tres universidades y mostró que casi la mitad de ellos desconocía los recursos disponibles en su campus(85). Esto indica una limitación en las estrategias de prevención, ya que la falta de información sobre los servicios de apoyo institucional puede restringir las respuestas de los espectadores ante situaciones de violencia.

Por otro lado, la evidencia indica que el conocimiento de los estudiantes sobre las políticas y procedimientos de la universidad relacionados con la agresión sexual se relacionó significativamente con sus intenciones de involucrarse en comportamientos y/o actitudes prosociales como espectadores(86). Las universidades deben, por lo tanto, formalizar políticas institucionales de prevención de la violencia de género, promoviendo el acceso de los miembros de la comunidad académica a recursos para la defensa de sus derechos e información sobre procedimientos de seguridad en casos de violencia(82).

Se identificaron contenidos sobre riesgos, barreras y obstáculos a la intervención solo en cuatro estudios. Sin embargo, un estudio sobre violencia doméstica y sexual identificó consecuencias adversas para los espectadores que intervinieron en incidentes, incluyendo denuncias de acoso, amenazas y agresiones físicas(87). Las estadísticas detalladas sobre la incidencia de diferentes tipos de violencia de género y la demografía de agresores y víctimas permiten adaptar los programas a las necesidades específicas de la comunidad universitaria. Además, la recolección y el análisis continuos de datos son fundamentales para evaluar la eficacia de las intervenciones, centrándose en las especificidades y los tipos de violencia, y realizando los ajustes necesarios. Esto implica analizar críticamente las estructuras sociales y económicas que sustentan la violencia, así como promover intervenciones que busquen transformar esas estructuras y crear un entorno académico más justo y seguro para todos.

Una limitación de este estudio fue la imposibilidad de acceder a todos los datos sobre la caracterización de las estrategias. No fue posible identificar la duración de las estrategias en uno de los artículos ni el número de sesiones en otros. Los objetivos específicos de cada capacitación no se sistematizaron.

CONCLUSIÓN

Las capacitaciones para espectadores destinadas a prevenir la violencia de género en estudiantes universitarias se concentran mayoritariamente en contextos norteamericanos, con un enfoque predominante en el tema de la prevención de la violencia sexual. Existe una diversidad de formatos de intervención, que incluyen sesiones grupales, campañas de marketing, cursos en línea, talleres y juegos, con énfasis en acciones presenciales y grupos mixtos en cuanto al género. La mayoría de las estrategias tienen un carácter puntual, sin integración en las políticas institucionales. En las capacitaciones, los contenidos más abordados se centran en definiciones y conceptos de violencia, mitos y estereotipos de género, consentimiento y actitudes de los espectadores. Hay una exploración limitada de las barreras a la intervención y de los recursos institucionales en los contenidos de las estrategias, lo que puede limitar el alcance de las acciones de prevención de la violencia de género, lo que representa una laguna en las estrategias identificadas.

Este estudio señala la necesidad de intervenciones más amplias, que aborden diferentes formas de violencia de género y se realicen de manera continua. Las futuras intervenciones deben ampliar el alcance de los contenidos, incluyendo riesgos, barreras y recursos institucionales, y deben incorporarse a políticas permanentes de prevención en las universidades. Estas medidas contribuyen a construir entornos académicos más seguros, equitativos y comprometidos con la prevención de la violencia de género.

DISPONIBILIDAD DE DATOS

Las estrategias de búsqueda utilizadas en cada fuente de información están disponibles en el siguiente enlace: (https://osf.io/x4pnf/files/hkvc6).

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Editado por

  • EDITORA ASOCIADA
    Nathalie Leister

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    03 Ago 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    11 Jun 2025
  • Acepto
    17 Mayo 2026
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